PNV y PP inician el cortejo

En política los pactos importantes casi nunca arrancancon halagos sino con críticas y profundas divergencias

PNV y PP inician el cortejo
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Supongo que después de cuatro décadas de democracia ya se habrán percatado de que el hecho de que dos políticos discutan con vehemencia -con especial vehemencia si hay periodistas cerca- no siempre, ni siquiera la mayoría de las ocasiones, es el preludio de un desencuentro final. Y es que en política los acuerdos casi nunca arrancan con halagos entre los adversarios y sí con críticas y profundas divergencias.

Lo anterior es aplicable a la vida pública en general y al Parlamento vasco, español o navarro, en particular. Me atrevería a decir que a casi todos. Aunque con excepciones individuales, claro. Lo que acabo de decirles no va con el diputado de ERC Gabriel Rufián y sus impresoras, sus esposas, sus casi siempre sobreactuadas y faltonas intervenciones en el Congreso. ¿Será que de pequeño le robaron la colección de cómics de Mortadelo y sus, estos sí, geniales disfraces imposibles, y que aquello le dejó algún tipo de trauma cuando sale de Cataluña que todavía perdura?

Saben ustedes que PNV y PSE acaban de pactar una ‘minireforma fiscal’. Que entre los dos tienen votos suficientes para aprobarla en Bizkaia y Gipuzkoa, pero no en Álava donde precisan del apoyo de otro grupo, el PP. Saben que ese tercero ya ha avisado que o le aceptan algunos cambios o no respaldará ni el cambio fiscal en Álava ni los Presupuestos de Urkullu para 2018 en el Parlamento de Vitoria. Y si no hay Cuentas en Euskadi, Mariano Rajoy ya puede ir despidiéndose también de sacar adelante las del Estado, para lo que precisa los votos de los diputados peneuvistas. ¿Claro hasta aquí?

El ovillo empezó a soltarse el jueves con unas declaraciones del diputado general de Álava, el peneuvista Ramiro González, avanzando que el PNV está dispuesto a aceptar algunas propuestas del PP para que así les dé su voto. Y siguió ayer mismo en el Parlamento. Por más que cualquier persona no habituada a la escenografía política hubiera podido pensar justamente lo contrario tras escuchar las lindezas que Alfonso Alonso dirigió desde la tribuna de oradores al lehendakari.

El líder del PP acusó a Urkullu de mostrarse «incapaz» de abordar «ni una sola de las reformas importantes» que precisa Euskadi. Y le instó a «implicarse y ejercer su liderazo» para, en concreto, «arreglar el desaguisado de reforma fiscal» que han pactado el PNV y el PSE, de la que dijo que «carece de ambición, perjudica la competitividad y no hace del País Vasco un lugar atractivo para la inversión».

¿Ustedes creen que el lehendakari se ofendió? ¿Que le hizo algún reproche a Alonso y/o al PP vasco? Ninguno. Sí al PP español y al Gobierno Rajoy por «seguir sin cumplir íntegramente el Estatuto». Al contrario, el político peneuvista aseguró que, aunque la fiscalidad es una competencia de los territorios, no del Gobierno ni del Parlamento vascos, está «implicado» en el asunto y «esperanzado» en que el pacto entre los socios se extienda al final a los populares.

El cortejo entre el PNV y el PP ha comenzado. Ello no implica que vaya a haber acuerdo. Ambos y el PSE deben de llegar a un pacto para rebajar la presión a las empresas, como quieren los conservadores, sin que parezca que los socialistas ceden demasiado y sin que se resienta la recaudación, que es lo que garantiza nuestro caro y envidiado -pregunten en Cataluña- Estado del Bienestar. Si no llega, Urkullu ya puede despedirse de tener presupuesto y Rajoy, otro tanto. Intereses demasiado importantes para que el saldo final sea un fracaso.

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