La influencia es esto

El PNV da un golpe de efecto al arrancar al Gobierno una subida generalizada de las pensiones, a costa de traspasar la 'línea roja' que él mismo había dibujado de no negociar con el PP mientras el 155 estuviera vigente en Cataluña

La influencia es esto
Manuel Arroyo
MANUEL ARROYO

Al PNV se le podrán discutir muchas cosas. No su habilidad para manejar los tiempos, situarse en el centro del tablero, salir con éxito de situaciones comprometidas y exprimir al máximo las posibilidades al alcance de su mano.

Su acuerdo con el PP para salvar los Presupuestos de Rajoy es una exhibición de músculo político. Un golpe de efecto. La factura que, de momento, se ha cobrado por sus cinco decisivos escaños en el Congreso tiene un enorme valor. Una subida generalizada de las pensiones en línea con la inflación, y más elevada en el caso de las más bajas. Es decir, lo que parecía imposible. Una demanda razonable para la que hasta ahora no había dinero. Lo que no han conseguido el PSOE, ni Podemos ni el conjunto de la oposición. La justa reclamación por la que han salido a la calle cientos de miles de pensionistas en toda España sin que el Gobierno se inmutara a pesar de que las protestas le han costado un reguero de votos y jirones de credibilidad.

Una conjunción de intereses ha favorecido un pacto que se daba por seguro, pero cuyo contenido ha causado una mayúscula sorpresa. Rajoy se ha aferrado a Sabin Etxea como su salvavidas. Con un partido achicharrado por la corrupción y hundido en las encuestas, no tiene margen para permitirse ni un fracaso con los Presupuestos ni un adelanto electoral,que podría allanar a Ciudadanos el camino hacia La Moncloa. El PP necesita tiempo. Oxígeno. Jugar sus cartas a la espera de que pinche el globo que conduce a Albert Rivera al poder, según las encuestas. Y el partido de Ortuzar se lo da.

Por diversas razones. El PNV está encantado con la situación en Madrid, idílica para sus intereses: un Gobierno débil que depende de sus votos, al que puede extraer sabrosos réditos políticos y que, por pura supervivencia, huye como del agua hirviendo de cualquier convocatoria anticipada a las urnas. Difícilmente las matemáticas serán tan favorables a los nacionalistas tras unos nuevos comicios generales. En consecuencia, les conviene estirar al máximo el actual 'statu quo' y mantener a toda costa a Rajoy, aunque demonice su actuación en Cataluña y eche pestes de él en cuanto se le presenta la menor oportunidad (y, a veces, sin ella).

Por si todo ello fuera poco, los jeltzales y el PP comparten la misma preocupación: la ola 'naranja' que crece sin parar. La eventual llegada de Ciudadanos al poder es una pesadilla para los jeltzales, que temen una brutal regresión en el autogobierno y una cruzada contra el Concierto Económico, la piedra angular de la autonomía de Euskadi. Así no es de extrañar que estén dispuesto a poner todo de su mano para frenar a Rivera. Incluso, a atornillar a Rajoy en La Moncloa.

¿Por qué las pensiones son el eje del acuerdo? Al PP seguramente le interese más ceder ahora en ese terreno, aunque le deje muy en evidencia, que canjear los votos del PNV por transferencias o por alguna contraprestación que pudiera engordar el apoyo a Ciudadanos. A fin de cuentas, la mayoría de los jubilados vota a los populares en España. En Euskadi, donde las movilizaciones contra la ridícula subida del 0,25% son las más numerosas de todo el país, a los jeltzales. Por eso Sabin Etxea ha puesto el foco en este asunto. Se trata de presentarse ante ese amplio sector del electorado como el partido que resuelve sus problemas. Y, de paso, evitar que su ira se vuelva contra el nacionalismo vasco por blindar a Rajoy, el culpable del mísero aumento de sus prestaciones.

El PNV ya había empezado a percibir preocupantes movimientos en ese sentido. La virguería de situarse detrás de la pancarta que protestaba por el 0,25% cuando suyos fueron los decisivos votos que permitieron ese alza le ha valido durante un tiempo. Los jubilados miran desde hace semanas al Gobierno de Urkullu, al que han trasladado demandas como que garantizara, con sus propios recursos, una prestación mínima de 1.080 euros. El 'no' de Lakua ha encendido los ánimos en algunos sectores de los manifestantes.

El acuerdo es un éxito para Sabin Etxea. Sin duda. Una demostración de influencia. Pero resulta muy difícil sostener que ha sido posible sin incumplir la promesa con la que el PNV se ató las manos en solidaridad con el secesionismo catalán: no negociaría con el pérfido PP mientras estuviera en vigor el 155 en Cataluña. ¿Alguien se cree que no lo ha hecho? Va a resultar que Rajoy y Ortuzar se reunieron el martes por la tarde en La Moncloa, sí, pero solo para ver juntos el apasionante Liverpool-Roma de la Champions.

Llama la atención el enorme valor que ofrecen ahora los jeltzales a unas palabras que Rajoy pronunció ayer y que son muy similares a las que despreciaban hace apenas unos días: el 155 será levantado cuando Cataluña cuente con un Gobierno que cumpla la ley y con el que presidente está dispuesto a dialogar. Son los juegos de la política.

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