El horror de Euskadi en nueve imágenes

El jefe de fotografía de EL CORREO, Juan Ignacio Fernández, pronunciará mañana una conferencia sobre 'El fotoperiodismo en los años de plomo'

Una mujer atiende a un policía herido en Eibar./JAVIER FERNÁNDEZ
Una mujer atiende a un policía herido en Eibar. / JAVIER FERNÁNDEZ
ÓSCAR B. DE OTÁLORA

«Las fotografías de prensa de los años 70 y 80 en Euskadi eran la punta del iceberg de algo terrible». El jefe de fotografía de EL CORREO, Juan Ignacio Fernández, pronunciará mañana en el auditorio de la Facultad de Ciencia Sociales y de la Comunicación una conferencia sobre periodismo en Euskadi dentro de unas jornadas organizadas por el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, la UPV y el Instituto Valentín de Foronda. El título no puede ser más explícito: 'Fotoperiodismo y años de plomo'.

Para muchas generaciones, el horror que se vivió en Euskadi en aquellos años solo se puede intuir por algunas de las imágenes que se publicaron en los periódicos y que se han convertido en el ancla de la memoria de la pesadilla diaria de los años 70 y 80. Juan Ignacio Fernández ha realizado una selección personal de aquellas instantáneas que de una manera u otra -una veces por recuerdos personales y otras por su valor histórico- permiten entender la Euskadi que un fotógrafo veía a través su objetivo en aquellos días. Estas son sus imágenes y sus comentarios:

1

«Esa pistola nos amenazaba a todos»

El 18 de marzo de 1976 ETA Político Militar secuestró al industrial guipuzcoano Angel Berazadi y exigió por él 200 millones de pesetas (1.202.024 euros). La familia no pudo hacer frente al rescate y el empresario fue asesinado el 7 de abril. «He querido destacar esta imagen con la que la banda reivindicó el secuestro. En ella se aprecia la amenaza cruda de ETA, la frialdad absoluta de sus imágenes», explica el jefe de fotografía de EL CORREO.

«En aquellos tiempos teníamos que cubrir todos los días algún hecho violento. Asesinatos, bombas, atracos... El clima de violencia y el miedo se respiraban y muchos medios teníamos que trabajar con un sentimiento de prudencia». «En cierta forma», agrega, «la pistola que amenaza a Berazadi en la fotografía nos amenazaba a todos».

2

La soledad visible

La imagen muestra el funeral del Angel Berazadi en su empresa, una vez que ETA le asesinó y dejó su cadáver en una cuneta. «La soledad es visible. Son unos pocos los que rodean a la víctima. No existía una exposición pública, como sucedería más tarde, sino que se celebran las ceremonias casi en privado. Ahora algo así nos parece inimaginable».

3

El sonido de las lágrimas

EFE

La imagen se corresponde al funeral de Domingo Sánchez Muñoz, un guardia civil que murió el 14 de mayo de 1975, en un tiroteo que tuvo lugar en Gernika. «Es tremendo recordar cómo eran las cosas entonces. Al guardia civil le mataron, sus familiares le velaron en silencio y unos días después se llevaron el cadáver a su pueblo, casi en la clandestinidad», rememora Juan Ignacio Fernández.

«En aquellos días nos permitían estar presentes en la capilla ardiente, que tenía lugar en al cuartel o en el gobierno civil. Lo que más recuerdo es el silencio apenas roto por sollozos. Percibías la impotencia de los familiares, la desolación a la que se enfrentaban. Eran días en los que a las víctimas se las escondía, no se exteriorizaba ese dolor y en cambio se escuchaban frases tan terribles como 'algo habrá hecho'».

4

Dantzaris ante el féretro

J. I. FERNÁNDEZ

La fotografía recoge el funeral de Fran Aldanondo, quien fue el último etarra al que se concedió la amnistía en 1977 y dos años después, encuadrado en los Comandos Autónomos Anticapitalistas, falleció en un tiroteo con la Guardia Civil. «La imagen es el contrapunto a la soledad con la que se enterraba a las víctimas de ETA. El cadáver de Aldanondo fue recibido por dantzaris, hubo un acompañamiento público al féretro. La comparación con las fotos anteriores es obvia», resalta Juan Ignacio Fernández.

5

El clima normal de la época

J. I. FERNÁNDEZ

«Esta imagen era parte de nuestra cotidianiedad», asegura el fotógrafo de EL CORREO. La instantánea fue tomada en julio de 1978 y forma parte de las protestas que se registraron en todo Euskadi después de que en Pamplona, la Policía Armada hubiera asaltado la plaza de toros durante los San Fermines para retirar un pancarta a favor de la amnistía. En los incidentes resultaron heridas 150 personas y un joven murió de un disparo en la cabeza. La Constitución se votaría ese año.

«Cuando sucedía algo como los incidentes de San Fermín sabíamos que en el Arenal, el lugar en el que está tomada la fotografía, íbamos a tener imágenes de disparos, botes de humo, coches en llamas...lo habitual», explica el fotógrafo. «Existía una especia de ritmo, en el que se escuchaban disparos, luego había un silencio y entonces alguien gritaba insultos o 'ETA, mátalos'. Ahora nos produciría horror escuchar cómo se jaleaba a los asesinos».

6

El anonimato del héroe

JAVIER FERNÁNDEZ

En la imagen, de diciembre de 1988, se ve a una ciudadana anónima que trata de atender a un agente herido en Eibar al estallar un coche bomba al paso de un convoy de la Policía Nacional. «Esta foto pone muchas cuestiones sobre la mesa. La primera, sin duda, es el clima de miedo en el que vivíamos y que hacía necesario tapar la cara del héroe. Debíamos ocultar el rostro de una mujer que ayudaba a un herido para que no sufriera represalias. No hay mayor muestra del ambiente insano y atemorizado que se vivía en Euskadi», explica el fotógrafo.

Pero Juan Ignacio Fernández considera que la imagen sugiere también otra cuestión. «Los fotógrafos nos planteamos muchas veces si lo que hacemos tiene sentido. Lo normal, ante una escena así, sería dejar de sacar fotos y ayudar. Pero teníamos que contar lo que estaba pasando. Eramos quienes íbamos a reflejar la realidad. El lector que ve esa imagen no puede entender el momento emocional de un fotógrafo», continúa Juan Ignacio Fernández. «Nuestras imágenes eran la punta del iceberg de algo muy terrible. Nada de lo que vimos nos dejó indemnes. Solo desde la distancia te das cuenta del horror que hemos vivido como seres humanos mientras tomábamos estás fotografías».

7

La disolución de los 'polimilis'

J. I FERNÁNDEZ

En septiembre de 1982m ETA Político Militar anunció su disolución, momento que recoge la imagen. Juan Ignacio Fernández cubrió la noticia para EL CORREO «Asistir a esta rueda de prensa fue muy rocambolesco. Nos habían citado en secreto junto al casino de Biarritz y desde allí nos llevaron al frontón de la localidad. Al principio no había nadie pero poco a poco se fue llenando de miembros de la prensa internacional y al final llegaron los 'polimilis'. Un etarra nos pidió que nos identificáramos y nos selló con un tampón de ETA en la mano izquierda, igual que se hace ahora en las discotecas», recuerda.

«Por primera vez veíamos a unos etarras a cara descubierta. Anunciaron que la lucha armada ya no tenía sentido y en ese mismo instante vimos las caras de las personas que habían infundido terror en la sociedad. Entonces pudimos ver que eran como nosotros, quizás un compañero de colegio o alguien con quien te cruzabas por la calle. Fue una situación muy extraña».

8

Un chaval normal

IGNACIO PÉREZ

El 10 de julio en 1997 el concejal del PP en Ermua Miguel Angel Blanco era secuestrado por un comando de ETA que 48 horas después lo asesinó. La conmoción en las calles de Euskadi tras el crimen fue la mayor jamás registrada en la historia del país. «Esta imagen es tremenda. Es el rostro de un chaval normal, de un joven de 23 años y con toda la vida por delante. De repente ETA le condenó a muerte. No queríamos pensar que lo iban a matar aunque parecía una ejecución diferida. Desde el minuto uno. Esta forma de segar una vida, desafiando a toda la sociedad, a todos quienes se movilizaron, ese desprecio. La violencia y el horror alcanzó su límite», afirma el fotógrafo.

9

El fin del silencio

J.I. FERNNDEZ

La fotografía recoge la imagen de la manifestación que se llevó a cabo en Bilbao el 11 de julio para reclamar la libertad de Miguel Ángel Blanco. ETA despreció la movilización y un día después mató al edil popular. «Aquel día en EL CORREO contratamos una grúa para sacar esta fotografía. Éramos conscientes de que miles de personas iban a salir a la calle. Fueron días sobrecogedores pero, personalmente, me quedo con la idea de que la gente no se calló. Se acabaron los años del silencio y del miedo. Se le dio la vuelta a todo el sufrimiento que la sociedad había sobrellevado escondida, sin atreverse a decir lo que pensaba sobre la violencia. Esta movilización fue el comienzo de la reacción de los ciudadanos que no querían seguir callados».

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