Iglesias «Deberíamos haber hecho las cosas mejor»

Pablo Iglesias.

El secretario general de Podemos reconoce tres semanas después su fracaso en las elecciones en Cataluña, pero avisa de que no tirará la toalla

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

Y 24 días después llegó la autocrítica. Y, además, se expuso sin tapujos. A lo largo de los últimos meses Podemos había lanzado balones fuera a pesar de que cada encuesta le deparaba un mayor desgaste, el mismo que Alberto Garzón ha enarbolado para exigir una revisión del pacto que rubricó con Pablo Iglesias a choque de botellines en mayo de 2016. Pero el fiasco en las elecciones catalanas ha supuesto un punto de inflexión.

De puertas afuera, durante estas semanas que han transcurrido desde el 21-D a Iglesias se le ha colgado el cartel de desaparecido. Sus fieles, en cambio, han insistido que su ausencia no fue más que una retirada a los cuarteles de invierno, donde el secretario general ha preparado un exhaustivo informe para analizar lo sucedido en 2017 y trazar la estrategia para recuperar el resuello en 2018. Sea como fuere, el líder de Podemos reapareció ayer para hablar alto y claro ante su Consejo Ciudadano -el máximo órgano del partido entre asambleas ciudadanas-.

«Toca autocrítica por nuestra parte», señaló Iglesias antes de reconocer que se han cometido errores en la campaña catalana. «Cuando llega un mal resultado -añadió-, hay que asumirlo y reconocer que deberíamos haber hecho las cosas mejor de como las hicimos». Lo sucedido el 21-D exigía un examen de conciencia del secretario general, en particular, y de Podemos, en general. Los morados obtuvieron en Cataluña su peor porcentaje de votos en unas autonómicas al recabar apenas el 7,45% de las papeletas, 1,5 puntos menos del ya de por sí decepcionante resultado que obtuvo en los comicios regionales de 2015. Pero lo cosechado es aún más sangrante si se compara con lo obtenido con las generales de junio de 2016, en las que la coalición con los comunes de Ada Colau se erigió en primera fuerza en Cataluña. Por el camino entre una y otra cita con las urnas, la alianza de izquierda, que como estrategia optó por colocarse en un punto equidistante entre el independentismo y el constitucionalismo, se dejó más de medio millón de apoyos.

El líder de Podemos recuerda a Garzón quién está al mando

Si Izquierda Unida quiere mantenerse dentro de Unidos Podemos, tendrá que aceptar que Pablo Iglesias continúe ejerciendo como la voz dominante dentro de su grupo parlamentario. El líder de la formación morada respondió con el palo y la zanahoria a la reclamación de Alberto Garzón para que IU tenga más poder interno dentro de la alianza se forjó en mayo de 2016. Iglesias, quien rechazó en un principió la coalición y solo la aceptó cuando Garzón relevó a la vieja guardia de IU y vislumbró la posibilidad de adelantar al PSOE por la izquierda, aseguró ayer que hará todo lo posible para mantener el acuerdo por el que ambas formaciones concurrieron juntas a las generales de junio de 2016. Y añadió que será generoso. Eso sí, no lo hará bajo presiones o chantajes.

Garzón , que expuso ayer ante la dirección de su partido su estrategia para 2018, exige negociar un acuerdo-marco antes de finales de marzo para reeditar Unidos Podemos a escala municipal en las elecciones autonómicas y generales de mayo de 2019. La forma y el fondo en la que el coordinador de IU ha anunciado sus intenciones no han gustado en Podemos. La buena relación personal entre Iglesias y Garzón no ha influido en la seca respuesta del secretario general de Podemos. Al fin y al cabo, Iglesias también mantuvo una estrecha relación con Iñigo Errejón, Carolina Bescansa o Luis Alegre y no dudó en apartarlos de su camino cuando consideró que la situación lo requería.

El secretario general morado se expresó ayer de manera cuidadosa al referirse al órdago del líder de IU. Pero, aun así, dejó claro que es a la «fuerza política más importante del espacio del cambio» - es decir, a Podemos- a la que corresponde marcar los tiempos y las negociaciones. En paralelo, la dirección de IU dio su visto bueno ayer al informe de Garzón en el que se resalta el desgaste de Podemos y su líder a la vez que se exige mayor poder de decisión en la coalición.

Pese a todo, Iglesias mantiene la fe en el futuro y también en sí mismo. No piensa tirar la toalla, resaltó ante la plana mayor de su partido. En los malos momentos el secretario general siempre se ha sacado de la manga el mismo comodín: el de marcharse si alguien trata de arrebatarle una pizca de su poder interno. Le funcionó en Vistalegre I cuando se midió con Pablo Echenique y los anticapitalistas y repitió con éxito la jugada en Vistalegre II cuando fulminó la rebelión de los ‘errejonistas’ gracias a un apoyo incontestable de las bases.

«El día que me digáis que mi puesto debe estar en otro sitio, no me costara nada», dijo ayer. Fue una frase que sonó más bien a modo de advertencia. En cualquier caso, añadió Iglesias, está dispuesto a continuar dejándose «la piel y la salud» para alcanzar la Moncloa en 2020. El mensaje no pudo ser más claro ante un Consejo Ciudadano en el que, al menos, un tercio de los integrantes son afines a Íñigo Errejón, una corriente interna que aguarda el momento de tomarse la revancha después de haber sido apartada tras su derrota en Vistalegre II del día a día del partido que ayudaron a fundar.

Enemigos externos

Iglesias reconoció ayer errores propios, pero tampoco renunció a sus esencias. Éstas consisten en culpar a agentes externos de sus fracasos electorales, ya sea el fallido ‘sorpasso’ al PSOE o su derrumbe en Cataluña. Ya lo apuntó Echenique el pasado lunes cuando lamentó que los medios de comunicación, «de forma legítima», hubiesen dado prioridad en sus portadas al conflicto independentista en lugar de las preocupaciones sociales de la sociedad catalana.

Uno de los principales adversarios para Podemos es la Corona. En los inicios del partido, en los que la transversalidad de Errejón era la que guiaba la estrategia política, el debate entre monarquía o república era un asunto aparcado. Pero hace meses que Felipe VI se ha convertido en objetivo predilecto de Iglesias. Según dijo ayer, el jefe del Estado ha mostrado «un espíritu autoritario» al inmiscuirse en la crisis soberanista.«¿Para qué sirve la monarquía?», cuestionó el líder podemista antes de aseverar que el monarca «es un instrumento» para evitar un cambio progresista. En su discurso el secretario general aludió a «adversarios poderosos» que han querido dar por muerto a Podemos en muchas ocasiones. Pero no lo conseguirán aunque sea cierto que se atraviesa por «momentos difíciles», apostilló.

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