El himno vasco

La verdadera seña de identidad de la nación vasca es la superioridad de sus políticas sociales

El himno vasco
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Nunca había durado tanto tiempo activo el conflicto territorial en el primer lugar del debate público. Hasta ahora, ha sido la mayor aportación de Ciudadanos a la política. Ha conseguido que sean tomadas en serio cosas como Tabarnia o Marta Sánchez poniendo letra al himno de España. Y está consiguiendo, y esto es más grave, enfrentar al resto del Estado contra los presuntos privilegios de los que disfrutan Cataluña y Euskadi.

Se está haciendo insoportable la beligerancia contra el pluralismo político y la diversidad que debería de caracterizar la convivencia dentro del Estado español. Da miedo pensar en la campaña electoral de las próximas elecciones autonómicas. La peligrosa bandera de la unificación persigue recuperar el orgullo del nacionalismo español perdido a costa de ridiculizar y criminalizar los sentimientos nacionales catalanes, en primer lugar, y vascos, que han dejado de ser vistos como los buenos de la película.

Existen muchas formas de explicar el por qué existe una nación vasca. Pero la defensa más práctica y consensuada de su idiosincrasia y de su identidad no tiene por qué basarse en símbolos culturales, banderas, lengua o himno. Ni tampoco en derechos históricos y mucho menos en una supuesta cultura superior vasca dotada de mejores valores que la española que la haría inmune, entre otras cosas, a episodios de corrupción política. La verdadera seña de identidad tiene que ver con la superioridad de políticas sociales respecto a las que se han venido aplicando en el resto de comunidades autónomas.

Euskadi se va a convertir en el primer territorio donde los servidores públicos tendrán equiparados sus permisos de paternidad y maternidad independientemente de su sexo, respetando su remuneración al 100% e imposibilitando que los hombres los puedan transferir a las mujeres. Esta medida tendrá un fuerte impacto en la reducción de la desigualdad entre hombres y mujeres, mejorando la corresponsabilidad en los cuidados y la conciliación de la vida personal y la carrera profesional de las mujeres. La futura ley será tan pionera e innovadora como la que en 1989 puso en marcha la Renta de Garantía de Ingresos para proteger a los más desfavorecidos y que todavía es la única de estas características en territorio español.

Esta iniciativa rompe la tendencia del progresivo debilitamiento que estaba sufriendo esta marca social de la identidad nacional en los últimos tiempos con una reforma fiscal más enfocada a mimar a las empresas que a la protección social de sus ciudadanos. Además, el nuevo enfoque de la RGI poniendo el acento en el control del fraude estaba contribuyendo a difuminar la superioridad de las políticas públicas vascas. La aprobación de los últimos Presupuestos vascos con el PP, inventor del enfoque del fraude en la RGI, tampoco ha ayudado a representar esa apuesta social donde se ve reflejada la mayoría de la sociedad vasca.

Es importante defender este componente social de la identidad vasca en un momento en el que están predominando los ataques a Euskadi por su falta de solidaridad. Y sobre todo, es vital que en el debate completo que se abrirá los próximos meses sobre la RGI en el Parlamento quede claro que se vuelve al enfoque de cómo aumentar la protección a los más desfavorecidos dejando en segundo plano cómo reducir el fraude residual.

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