Hablar más de pobreza

Los programas de los partidos se olvidan de los ciudadanos con menos recursos

Comedor social de Los Franciscaos de Irala./MANU CECILIO
Comedor social de Los Franciscaos de Irala. / MANU CECILIO
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Los ciudadanos con menos recursos económicos son los que menos participan en las elecciones, los que menos se aprovechan de las políticas públicas, los que tienen más dificultades para acceder un empleo, los que menos pisan la universidad aunque algunos piensen lo contrario. Ya estaban golpeados antes de la gran crisis económica y son los que más están tardando en recuperarse. Si leemos los programas de la mayoría de los partidos, por no decir todos, son actores secundarios u olvidados directamente en el guión de propuestas elaborado casi siempre para la seducción de los incluidos. Y son los que no están en el debate público. No están todo el día en Twitter mejorando la calidad del debate público o troleando barbaridades sobre cualquier tema.

Las políticas de familia, de vivienda, de rentas mínimas garantizadas serían ‘trending topic’ si los más pobres tuvieran un altavoz lo suficientemente potente para introducir sus preferencias en un sistema del que han perdido la esperanza de obtener alguna solución a sus problemas más urgentes. La exclusión política de los más pobres está ayudando a consolidar debates en el espacio público sobre temas que contribuyen a invisibilizar el problema de la desigualdad y a cronificar agujeros negros en nuestras democracias donde están condenados a eternizarse los más desvalidos por la ruptura de la movilidad social.

Se imaginan que en vez de hacer maratones contra la pobreza en una sola jornada, los medios de comunicación y las redes sociales se volcaran durante dos meses en situar el debate de la desigualdad y la lucha contra la pobreza en el centro de la agenda pública. Si en vez del monotema de Cataluña y su debate territorial hubiéramos estado debatiendo en el espacio público una estación entera sobre las mejores medidas posibles para integrar social, económica y políticamente a los excluidos. Corregir la pobreza parece más sensato y más necesario que corregir el independentismo. ¿Se imaginan que nos hubiéramos pasado todo el otoño hablando y leyendo sobre la pobreza energética, por ejemplo?.

Lo mismo, los distintos gobiernos se tendrían que haber visto forzados a garantizar que este invierno ningún hogar pasara frío. A asegurar que ninguna compañía eléctrica cortaría la luz a nadie mientras durara el invierno. Varias comunidades aútonomas, entre ellas Euskadi, ofrecen ayudas para pagar los recibos de la luz a los que cumplan una serie de requisitos. Pero sabemos que los ciudadanos más vulnerables son los que tienen más dificultades para enterarse de este tipo de ayudas y para cumplir algunas formalidades burocráticas. Hacen falta políticas de inclusión para acercar a los pobres al debate público. Es fundamental que ese debate público recoja sus necesidades como condición necesaria para solucionar sus problemas.

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