Un guardia civil a un vecino de Calella: «No os vamos a abandonar nunca»

Un guardia civil consuela a un vecino de Calella que acudió llorando al cuartel para ofrecer su casa al enterarse de que habían desalojado a los agentes de los hoteles

ÓSCAR B. DE OTÁLORABARCELONA

La imagen se ha convertido en viral en todo España y muestra el desgarro emocional que se está viviendo estos días en Cataluña. En el vídeo, de apenas un minuto, se puede ver a un hombre que llora sentado en una silla mientras es consolado por un mando de la Guardia Civil. La escena tiene lugar en el acuartelamiento de Calella, el pueblo en el que cinco hoteles, tras recibir amenazas de retirada de licencias del consistorio, expulsaron a los agentes de sus habitaciones y les mandaron a la calle.

El hombre ofrece su vivienda y el mando la rechaza con la frase: «No tenemos grandes problemas». El policía añade:

- «Sabes lo primero que hacemos, darte las gracias por ser como eres. Y sabemos que hay muchos más como tú. Y no os vamos a abandonar nunca», continúa entonces el mando mientras palmea el hombro del ciudadano.

- «Os puedo ofrecer lo que tengo. Os puedo dar dinero», replica el vecino entre sollozos al tiempo que le muestra las llaves de su casa y la cartera.

- «Un abrazo. Darme un abrazo. Es es lo que puedes hacer por mí, caballero», le responde entonces el oficial del instituto armado, que posteriormente invita a tomar un café al ciudadano.

Entre los agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado este vídeo corrió este martes de móvil en móvil, junto con otras grabaciones en las que se denunciaba el abandono institucional que estaban sintiendo los agentes ante los escraches organizados por los independentistas en centros policiales de Cataluña. Ante la presión social que están protagonizando los soberanistas tan solo hubo tímidos gestos de apoyo a los agentes en las calles de las ciudadades catalanas y en instancias oficiales como aeropuertos o aduanas, en las que la Guardia Civil y la Policía Nacional están presentes a diario. Algunos ciudadanos se acercaron de forma discreta para mostrar su solidaridad a los agentes, con la obsesión de no llamar la atención en un ambiente de tensión cada día más crispado.

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