La campaña desde: Un mitin de la CUP en Vilanova

«Si ganan los españolistas, nos lo van a quitar todo»

Miguel Ángel González y Marta Jofra charlan antes de un acto del candidato de la CUP, Carles Riera, en Vilanova./VICENS GIMÉNEZ
Miguel Ángel González y Marta Jofra charlan antes de un acto del candidato de la CUP, Carles Riera, en Vilanova. / VICENS GIMÉNEZ

La CUP es la guardiana de las esencias de la hoja de ruta soberanista y «la única que nos puede sacar de España»

DAVID GUADILLA

La CUP es la vanguardia del proceso soberanista. O como afirma Miguel Ángel González minutos antes de que arranque uno de los principales actos de campaña en el auditorio Eduard Toldrà de Vilanova i la Geltru, el «garante» y el «catalizador» de que se mantenga viva la llama de una estrategia que amenaza con torcerse después del 21-D. Al menos para parte de los miembros de la CUP, convencidos de que la nave soberanista empieza a sufrir vías de agua y de que algunos de los que han manejado el timón durante los últimos años preparan un cambio de rumbo. ¿Seguirán Junts per Catalunya y ERC con la misma hoja de ruta tras las elecciones? «No tengo muchas esperanzas. Ya han dicho que van a intentar pactarlo todo con el Estado y abandonar la vía unilateral, así que lo veo muy difícil», vaticina Marta Jofra.

Tanto ella como González forman parte del engranaje de una maquinaria compleja. La CUP es una entente en la que viven diferentes corrientes no siempre bien avenidas -en esto son similares al resto de partidos- y en la que la parte institucional transita de forma paralela a la que se desarrolla en los movimientos sociales. Se ha convertido en un contrapoder institucional. Obligó a Artur Mas a retirarse y ha tirado del ‘procés’ hasta el final. Y a un coste no excesivamente alto, al menos aparentemente. Como no estaba en el Govern, ninguno de sus miembros ha sido procesado ni ha pasado por prisión preventiva. Pero guardan las esencias. «Creo que es la única que nos puede sacar de España y tal como está España no nos queda otro camino», afirma María Ángeles Sánchez, que también ha acudido al recinto de Vilanova.

Los datos

1986
es el año en el que se fundó la Candidatura de Unidad Popular, aunque ha ido ganando relevancia con la aceleración del ‘procés’.
1923
afiliados tiene la CUP. Los diputados solo pueden permanecer un mandato y los concejales, dos.
Reproches a Puigdemont.
«El Govern se ha asustado con el 1-O, ahora quiere desmovilizar a la gente. Teme perder el control»

A la formación antisistema, anticapitalista y proindependentista se le podrá acusar de muchas cosas, pero no de ambigüedad. Su mensaje es claro, rotundo y deja lugar a pocas dudas. La ruptura con España guía su discurso y su escenografía. Preside la tribuna una de las urnas que fueron empleadas en el referéndum del 1 de octubre. Es un gesto habitual en sus actos, una reafirmación de que lo que sucedió aquel día permanece en el recuerdo de los simpatizantes de la CUP como el ejemplo a seguir. «A nivel personal ha sido de lo más fuerte que he vivido. Fue algo brutal y muy agotador, nunca había tenido tanta tensión ni la sensación de haber vivido un momento histórico», rememora Jofra.

Incertidumbre

En el interior del recinto, unas 300 personas. No parece una gran cifra para una formación que se ha convertido en una pieza clave de la política catalana. «Es que nosotros somos más de trabajar en otros ámbitos, en el municipalismo y eso. Esto son cosas de campaña que hay que hacer pero no nos van mucho», asegura una simpatizante a la puerta de un mitin en el que la estrella invitada es Carles Riera, el candidato que aspira a la presidencia de la Generalitat. Diputado durante la pasada legislatura, de 57 años, con todo un currículum de apoyo a las causa independentista y aspecto de entrañable profesor. Con Riera la CUP ha apostado por un perfil diferente a los de David Fernández y Anna Gabriel. Pero solo en lo estético. Porque el mensaje sigue siendo igual. Sus seguidores le definen como «muy didáctico» y «reflexivo». «Es sereno, pero contundente», explica Miguel Ángel González. En Vilanova, por ejemplo, lo fue. Habló de un Estado «fascistoide».

Riera es el encargado de dar voz a la CUP en una campaña que también para sus miembros dejará un resultado incierto. La mayoría de las encuestas indican que la formación perderá posiciones, pero a sus simpatizantes les importa más el resultado global. La victoria del independentismo. Aunque sea por un solo voto y con la mitad de la sociedad en contra. Pero ahí vuelve a surgir un cierto desencanto con la actitud de ERC y de la antigua Convergència. «En las última semanas, ha habido concentraciones para denunciar la situación de los ‘presos políticos’ -en alusión a los miembros del Govern y de las organizaciones sociales que permanecen en prisión preventiva- y de Carles Puigdemont. Y están muy bien, pero los únicos que seguimos reclamando la proclamación de la república somos nosotros», se lamenta González. Marta Jofra va más allá y tiene una sospecha. «La movilización de la ciudadanía fue tal que ahora ha habido una cierta voluntad de apostar por la desmovilización social por parte del propio Govern. Como de decir, cuidado, que la gente se está empoderando tanto que vamos a perder el control».

La desconfianza, de hecho, viene desde hace semanas. Desde el mismo momento en que Puigdemont paró la declaración de independencia. «Hemos estando dándolo todo y ahora pasan un poco de nosotros», apunta Jofra, quien tras el 21-D se espera «cualquier cosa». «Hasta la ilegalización de algún partido». Sobre todo, si gana el bloque «españolista». «Volveríamos a 1980», asegura convencido González, que vislumbra un retroceso del autogobierno y la aplicación por segunda vez del artículo 155. María Ángeles Fernández es todavía más pesimista. «Sería horroroso. Ya nos han quitado la autonomía, nos lo quitarían todo. Va a ganar el soberanismo. Pero que nadie espere cambios a corto plazo, esto va a ser un camino muy largo».

21-D: Elecciones catalanas

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