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La pequeña victoria socialista de revisar la política fiscal puede resultar efímera

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Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Si nos fiamos de la identidad ideológica que reconocen los votantes, en Euskadi están representadas tres fuerzas políticas de izquierda en el Parlamento vasco. Una está en el Gobierno, el Partido Socialista, cuyo votante medio se sitúa en el centro izquierda. Y dos en la oposición, EH Bildu y Elkarrekin Podemos, que tienen la mayoría de sus apoyos en la izquierda del electorado. Los tres partidos unidos sumarían suficientes escaños para construir un gobierno de coalición de izquierdas en Euskadi. Este escenario no está en el horizonte por múltiples razones que no están en este artículo. Si nos ceñimos al realismo político, donde no tienen sitio todas las probabilidades aritméticas, la aprobación de los Presupuestos de este año podría haber servido de laboratorio para testar la capacidad que tienen las distintas formaciones de izquierda de contribuir a la puesta en marcha de unas Cuentas que no vuelvan a girar hacia los intereses del único partido de derechas de la Cámara de Vitoria, el PP.

En el último mes, el Partido Socialista había conseguido una pequeña victoria al orientar la revisión de la política fiscal hacia sus posiciones. Y no era fácil teniendo como compañero de coalición al PNV. A la vuelta del verano se habían intensificado la presión y el debate interno dentro de la formación nacionalista para trasladar la recuperación de algunos indicadores económicos a la mejora del tratamiento fiscal a las empresas. Parte del PNV se unió a la impaciencia del sector empresarial, que ya llevaba un tiempo queriendo disfrutar por todo lo alto de la fiesta de la recuperación y centrar los objetivos en el reforzamiento de la competitividad de las empresas y no tanto en los perdedores de la crisis, que son unos aguafiestas.

Había que dejar de lamentarse ya de la cronificación de la pobreza, de la existencia de trabajadores pobres, y había que empezar a asumir sin complejos que la generación más cualificada de la historia iba a cobrar siempre menos que sus padres. El debate se situaba entre los que priorizaban no dejar a nadie atrás y los que creen que ya toca empezar a bailar y disfrutar a ritmo MTV.

Esa pequeña victoria socialista puede resultar efímera. La negociación de los Presupuestos va camino de satisfacer los deseos del Partido Popular en materia fiscal. Por un lado EH Bildu ha tomado la opción estratégica de priorizar la dimensión territorial sobre la social y económica a la hora de negociar estos Presupuestos. Renuncia a negociar con el PSE mientras el PSOE continúe apoyando la aplicación del 155 en Cataluña. Por otro lado, Elkarrekin Podemos ha elegido mirarse a sí mismo y abrir de nuevo la lucha por el poder de la organización sin tener en cuenta la necesidad acuciante que tiene el partido de demostrar su utilidad para que cambien las cosas en Euskadi. El PSE renuncia a defender su posición. Al final, los votantes de los tres partidos de izquierda que representan al 48% del electorado vasco verán que su voto no sirve para orientar la política fiscal. Todos se echarán la culpa a todos. Y el Partido Popular, con solo un 10% de apoyo popular, volverá a ganar.

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