Flexibilidad y pragmatismo

Flexibilidad y pragmatismo
Manuel Arroyo
MANUEL ARROYO

Apenas ocho horas antes de salvar los Presupuestos de Rajoy y dar oxígeno al Gobierno del PP, el PNV anunciaba un acuerdo con EH Bildu para incluir el derecho a decidir en el preámbulo de un reformado Estatuto de Gernika con un inequívoco sesgo soberanista. Otra demostración de la inabarcable cintura política de los jeltzales que recuerda no ya sus dos almas tradicionales, sino una flexibilidad solo propia de personajes de ficción. Quizás de Elasticgirl, la heroína de 'Los Increíbles'.

El escenario al que se enfrentaba Sabin Etxea era endiablado por la temeraria terquedad de Quim Torra. Su empeño en desafiar de nuevo al Estado de Derecho con la inclusión de dos presos preventivos y dos huidos de la Justicia como consejeros de la Generalitat ha prolongado la vigencia del 155 en Cataluña. Y ha puesto contra las cuerdas al PNV, que prometió primero no sentarse siquiera a negociar las Cuentas mientras ese artículo estuviese vigente; y luego, aparcado ese compromiso y cerrado un acuerdo con el PP, confiaba en que el autogobierno catalán ya hubiese sido restituido cuando sus cinco diputados votasen 'sí'. Pues no.

Al final, el nacionalismo vasco apoyó los Presupuestos del PP con el 155 plenamente operativo. Es decir, nada que ver con los mensajes que escucharon los simpatizantes jeltzales que asistieron al Aberri Eguna hace menos de dos meses. Un trago para un sector de la dirección del partido. Pero una decisión acertada y cargada de lógica, en la que han primado el sentido común y la responsabilidad.

El PNV no podía condicionar un pacto beneficioso para millones de pensionistas y para Euskadi -con unas inversiones récord de 540 millones- a la suicida estrategia de Torra y de Carles Puigdemont. No podía perder la oportunidad de exprimir al máximo su privilegiada y quizás irrepetible situación en el Congreso. Ni arriesgarse a que esta desaparezca por tumbar las Cuentas y colocar a Rajoy al borde de un adelanto de las elecciones cuando Ciudadanos -la nueva bestia negra del nacionalismo- está disparado en las encuestas.

El comunicado en el que el EBB anuncia su decisión la justifica por la necesidad de «evitar el abismo» tanto en la política española como en la catalana; y está repleto de alusiones a una «inminente e inevitable» desactivación del 155, y al compromiso del partido para propiciar esa medida.

Pese a sus esfuerzos por disfrazar su visible desmarque del independentismo catalán, el PNV ha asumido en el fondo, aunque no lo diga así, que si ese artículo sigue en vigor es porque Torra, Puigdemont y los suyos se lo han buscado. Por su irresponsable apuesta por la confrontación y el violento choque de trenes, pese al mayúsculo desastre en todos los órdenes que ha supuesto el 'procés'. Y ha demostrado con hechos que no está dispuesto a pagar una abultadísima factura en términos políticos y económicos para solidarizarse con un secesionismo suicida.

El pragmatismo ha vuelto a imponerse en las filas jeltzales. Una buena noticia. De paso, Sabin Etxea ha exhibido músculo por su capacidad de influencia en Madrid, aunque sea a costa de aparecer en la foto de la votación presupuestaria con socios tan poco de su agrado como el PP -aunque ahora le parezca un mal menor-, Ciudadanos o Unión del Pueblo Navarro.

Estuviese programado o no así con toda intención -más vale no descartarlo-, el posible desgaste por el flanco abertzale que pueda sufrir el PNV por su decisión de salvar los Presupuestos de Rajoy tuvo su contrapunto en el Parlamento vasco. Los jeltzales, aliados del PP en el Congreso, mostraron su alma más soberanista y menos pragmática al acordar con EH Bildu un preámbulo del nuevo Estatuto que desborda la legalidad al incorporar el derecho a decidir y configurar un modelo de relación bilateral, de igual a igual, con España. Además, define al pueblo vasco como «nación» y, en un guiño al fracasado 'plan Ibarretxe', distingue entre «ciudadanía» y «nacionalidad».

El PNV no ignora que con esos mimbres será imposible alcanzar un acuerdo transversal y mayoritario con visos de prosperar. Que un Estatuto de ese tenor está condenado al fracaso. Que es inviable. Si ha aprendido algo de Cataluña, ¿por qué lo hace?

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