La firmeza de Bruselas ante la independencia catalana lleva a Puigdemont al antieuropeísmo

Imagen de archivo de Puigdemont, durante una entrevista./AFP
Imagen de archivo de Puigdemont, durante una entrevista. / AFP

El president cesado recurre al discurso de los partidos ultras europeos y acusa a la UE de ser «un club de países decadentes y obsolescentes»

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

El expresidente Carles Puigdemont ha arremetido en las últimas horas contra la política europea con una dureza que hasta ahora no se había escuchado de sus labios para referirse a la UE. En una entrevista para la cadena israelí 'Canal 1 Kan', el exdirigente huido a Bruselas aseguró: «Europa es un club de países decadentes, obsolescentes, en el que mandan unos pocos, además, muy ligados a intereses económicos muy discutibles». Unas declaraciones que iban acompañadas de una defensa de que Cataluña vote si abandona la UE, una propuesta que solo son capaces de verbalizar los elementos más extremistas de la ultraizquierda o la ultraderecha que se sientan en la Cámara europea.

Las acusaciones de Puigdemont le sitúan en la línea del discurso antieuropeísta más radical, un mensaje que mantienen, por ejemplo, los impulsores del Brexit como el Ukip de Nigel Farage, el Frente Nacional de Marine Le Pen o el movimiento italiano Cinco Estrellas, cuyo actual líder, Luigi de Maio, también defiende el abandono de la UE. Todos ellos han arremetido en algún momento contra los líderes europeos y han amenazado con abandonar el euro y la unión. Y pequeños partidos nacionalistas -con componentes xenófobos, islamófobos u homófobos- también se han abonado a este discurso.

Críticas europeas

Las palabras de Puigdemont se producen en un contexto muy específico en el que su frustración antieuropea es evidente. Tras el referéndum ilegal de 1 de octubre y la declaración de independencia del 27 de ese mismo mes, los nacionalistas catalanes apelaron a la Unión Europea para que ejerciera una mediación ante el Gobierno de Mariano Rajoy. Incluso el expresident dejó en suspenso su primera declaración de ruptura con España para intentar buscar un diálogo tutelado por Europa. Pero ni una sola de las autoridades de Bruselas cedió en su apoyo al presidente español. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, rechazó con contundencia la independencia catalana e incluso calificó de «veneno» el nacionalismo.

El actual presidente del Parlamento europeo, el italiano Antonio Tajani, también aseguró que Europa defendería la Constitución española frente a la ofensiva nacionalista. Su antecesor, el alemán Martin Schulz fue igual de contundente. En la Cámara europa, el partido de Puigdemont, el PdeCAT, está afiliado al grupo de la Alianza de Liberales y Demócratas por Europa (ALDE), una formación en la que también militan, por ejemplo, Ciudadanos y el PNV. Durante la crisis catalana, el presidente del grupo calificó la independencia de «falsa» y pidió «parar la locura» que se estaba viviendo en Cataluña.

Marine Le Pen, Nigel Farage y Geert Wilders.

La soledad de los independentistas catalanas en Europa no es total. Mientras los principales bloques en los que se agrupa el parlamento de Bruselas han rechazado las pretensiones soberanistas catalanas, los grupúsculos sí que apoyaron la independencia. Sin duda, por una cuestión instrumental, al ser conscientes de que debilitaba a Europa, su auténtica bestia negra. Por ejemplo, el exlíder del Ukip -los impulsores del Brexit- Nigel Farage, aseguró, tras las cargas policiales del 1-0, que Europa «hace la vista gorda ante la brutalidad policial». Desde Holanda, el islamófobo Partido de la Libertad, dirigido por el ultra Geert Wilders, utilizó el mismo mensaje. Y el Vlaams Belang, un partido flamenco belga -considerado racista y homófobo-exigió a la UE que actuase contra Rajoy por su actuación en Cataluña.

Pero Puigdemont también se alía con las tesis antieruropeas de Marine Le Pen, la principal representante de los partidos antisistema en el seno de la UE y que fue tremendamente crítica con la independencia. La líder ultra, en este sentido, afirmó que jamás reconocería la República catalana, sin duda, preocupada ante el efecto contagio que podría suponer en los soberanistas franceses de Bretaña o Córcega. Es significativo que algunos partidos de los que Puigdemont esperaba ayuda como los nacionalistas escoceses no se pronunciaron a favor de la declaración unilateral sino que reclamaron un diálogo entre Madrid y Barcelona.

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