La faena de Torra al PNV

La faena de Torra al PNV
Manuel Arroyo
MANUEL ARROYO

El PNV ya ha probado en sus propias carnes los efectos de la estrategia de abierta confrontación y desafío al Estado en la que sigue envuelto el independentismo catalán, agudizada si cabe tras la proclamación de Quim Torra como el primer presidente de la Generalitat sujeto a los caprichos de un huido de la Justicia como Carles Puigdemont. Sabin Etxea daba por sentado que hoy, cuando se proceda en el Congreso a la votación de los Presupuestos del Estado, Cataluña contaría con un Gobierno efectivo y el 155 habría sido levantado, lo que le dejaba las manos libres para materializar su pacto con Mariano Rajoy. Si no se da ninguna de ambas circunstancias es por el empecinamiento del nuevo president, que parece más interesado en jugar a la desestabilización y a la provocación permanente que en restituir el autogobierno de su comunidad. Solo así se entiende la designación de dos consejeros en prisión preventiva y de otros dos fugados en el extranjero que no están en condiciones de tomar posesión de sus cargos ni de ejercerlos.

Aunque guarde las formas en público, al PNV no le gustó, como es manifiesto, la declaración unilateral de independencia de Puigdemont, que activó el 155 y que el lehendakari intentó impedir hasta última hora. Tampoco le hace la menor gracia ahora el radicalismo botarate de Torra. Calla. Incluso, por muy incomprensible que parezca, ante las rescatadas expresiones xenófobas del president que escandalizan a cualquier demócrata. Pero la procesión va por dentro.

La política de tierra quemada del secesionismo, aplicada por Torra con entusiasmo al dictado de las órdenes que le llegan desde Berlín, ha colocado a los jeltzales en una diabólica encrucijada: aprobar hoy los Presupuestos de Rajoy, aunque el 155 siga en vigor, o dejarlos caer. La primera opción significa incumplir de forma manifiesta una promesa y poner tierra de por medio con el independentismo catalán, cuyo maximalismo excita a los sectores más abertzales. La segunda, echar abajo la subida de las pensiones y las inversiones arrancadas para Euskadi; y, de paso, allanar el camino a Ciudadanos para llegar a La Moncloa al debilitar aún más al Gobierno del PP. Ninguna de las dos alternativas es plato de gusto para el partido de Andoni Ortuzar.

El calendario le ha jugado una mala pasada al PNV, que solo puede culpar a Torra -y a su padrino Puigdemont- de verse en una situación tan desagradable. Forzado a elegir entre poner por delante sus propios intereses y unas Cuentas que juzga beneficiosas para el País Vasco, o la solidaridad con el nacionalismo catalán y los cabecillas del 'procés' encarcelados por seguir el camino que Iñigo Urkullu les desaconsejó allá a finales de octubre. Dicho de otra forma: pragmatismo a ultranza o ideología por encima de todo.

No hace falta ser un observador demasiado perspicaz para intuir que Sabin Etxea ve con mejores ojos la primera opción. Echar un cable al PP con los Presupuestos y olvidarse del 155. A fin de cuentas, si ese artículo de la Constitución aún se aplica en Cataluña es por Torra: no estaría en vigor si hubiese formado un Gobierno con cualquiera de los 7,5 millones de habitantes de su comunidad, salvo los procesados tras el órdago independentista.

Pero el PNV necesita un relato -como se dice ahora- que justifique esa decisión ante sus bases. No se lo pone fácil el cierre de filas entre Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera para ejecutar un 155 más duro en cuanto la Generalitat desborde la legalidad. Ni la detención del exministro Eduardo Zaplana por presuntos delitos vinculados con la corrupción horas antes de la votación de hoy. Ni la imputación del 'número dos' de Cristóbal Montoro por su gestión cuando era alcalde de Jaén.

Lo ideal para el PNV sería que el 'president' se apeara del burro hoy mismo y formara un Govern viable, sin presos ni huidos, que actúe conforme a la ley -incluido el Estatuto catalán- para desactivar así el 155. No parece mucho pedir. Aunque quizás lo sea para un incendiario que a nadie engaña ya con sus apelaciones al diálogo y cuyo supremacismo ha hecho perder a su causa los escasos apoyos que conservaba en Europa. Haga lo que haga, Torra -él y solo él- ha puesto en este brete a Sabin Etxea.

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