Euskadi se inmuniza contra el contagio del 'procés'

Arnaldo Otegi y Andoni Ortuzar conversan en una manifestación en apoyo al referéndum catalán. / EFE

PNV y PSE blindan su acuerdo para garantizar la estabilidad institucional y cruzan los dedos para que una eventual intervención de Cataluña no soliviante a las bases nacionalistas

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

«Nadie en su sano juicio quiere ver en Euskadi las imágenes del domingo pasado en Cataluña». La constatación es del EBB del PNV y revela que una cosa es la «simpatía» y la identificación «sentimental» con el ‘procés’ de una parte importante del electorado vasco y otra muy distinta que el estallido catalán vaya a provocar un efecto contagio por emulación en Euskadi, apegada al actual clima de estabilidad política e institucional tras décadas de trincheras y convulsión por culpa de ETA. La situación en los cuarteles generales de los partidos vascos es de tensa espera, de prudente silencio o, incluso, de cierto nerviosismo. Son conscientes de que el desenlace del órdago del secesionismo catalán contra el orden constitucional, sea en términos pacíficos y dialogados o de traumática intervención de la autonomía, tendrá consecuencias en la vida política vasca e incluso en la economía, que indudablemente se verá afectada por las fluctuaciones en el conjunto del Estado. De ahí que el llamamiento a la calma y a preservar el ‘statu quo’ sea unánime con la excepción de EH Bildu, que alienta abiertamente un frente secesionista de inspiración catalana que aúne a partidos abertzales, sindicatos y agentes sociales bajo la batuta de plataformas ciudadanas como Gure Esku Dago. Un bloque, en realidad, antisistema sobre el que el lehendakari ya había venido alertando, en privado, desde hace meses.

No obstante, y aunque el PNV ha respaldado al más alto nivel, en la calle y de la mano de la izquierda abertzale, las convocatorias de la red ciudadana en apoyo del 1-O, ha tendido un cordón sanitario en torno al Gobierno del PP con el que cerró el histórico acuerdo sobre el Cupo hace solo cinco meses y ha elevado considerablemente el tono de su discurso público, sus máximos dirigentes insisten en que no se arrojarán por la pendiente suceda lo que suceda en Cataluña. Los jeltzales y sus socios del PSE en diputaciones, ayuntamientos y en el Gobierno vasco han blindado su pacto frente a eventuales interferencias catalanas. En el caso del PNV, la posición del lehendakari ejerce de elemento aglutinador con el aliado minoritario. En el del PSE, la apuesta de Pedro Sánchez por una solución dialogada y una reforma territorial facilita hacer pedagogía del acuerdo -que ya ha sido puesto en tela de juicio por sindicatos como LAB- entre las bases. «Es un polo de estabilidad que nos interesa a todos», apuntan los socialistas. «No hay fisuras ni las va a haber. Nada de lo que pase en Cataluña va a afectar a los pactos en Euskadi», sentencian los jeltzales.

La ‘fuga’ del Banco de Sabadell y de Caixabank ante la eventual declaración unilateral de independencia en Cataluña ha encendido aún más las alarmas y ha elevado la altura del cortafuegos. «Simpatía por las reivindicaciones catalanas, sí; envidia, ninguna. Envidia sentirán los más radicales o los románticos, pero nosotros no», zanjan en Sabin Etxea. De puertas adentro, los burukides han hecho un análisis profundamente pesimista del escenario que se abriría si las circunstancias obligan a aplicar el artículo 155 de la Constitución y creen, de hecho, que si en Cataluña se ha llegado al actual callejón sin salida es porque la antigua Convergència, tradicionalmente pactista y moderada, y el PSC catalanista e integrador han ido diluyéndose en favor de opciones más radicales: ERC, la CUP y la Asamblea Nacional Catalana.

Claramente, los peneuvistas buscan inmunizarse ante ese virus pero son conscientes, a su vez, de que los golpes de autoridad en la mesa de los poderes del Estado -por ejemplo, el discurso del Rey, las cargas policiales o la propia prohibición del referéndum- soliviantan a sus bases y estimulan la empatía con el nacionalismo catalán. De ahí, su dura reacción al discurso del Monarca llamando a preservar el orden establecido y su alineamiento sin ambages con un referéndum que, según reconoció el propio lehendakari Urkullu, no cumplía con las mínimas garantías exigibles en democracia. Ahora, en el tenso paréntesis hasta la comparecencia de Puigdemont prevista para el martes, han optado por un elocuente silencio que les ha llevado a cancelar varias entrevistas programadas de antemano por «responsabilidad».

«Nadie en su sano juicio quiere ver en Euskadi las imágenes del domingo pasado en Cataluña» Euzkadi buru batzar

La vía vasca

En realidad, el nacionalismo institucional vasco cruza los dedos para que los moderados del PDeCAT -y de ERC, donde también los hay- logren imponer sus tesis y evitar la ruptura abrupta. Ese escenario abocaría a nuevas escenas de tensión -o incluso violencia en las calles- y a la posible inhabilitación y detención del president y el resto de líderes secesionistas. Ante semejante debacle, su propio discurso podría escapárseles fuera de control y resultar francamente difícil de manejar. De momento, el mensaje es claro: la posición del PNV en la ponencia de autogobierno no se verá «condicionada» por Cataluña. «La vía vasca se mantiene. Tenemos más fe que nunca en que es la acertada», apuntan.

Los partidos vascos saben que el desenlace del órdago secesionista tendrá consecuencias en Euskadi Calma tensa

EH Bildu va a tratar de arrastrar al PNV a un espacio de colaboración soberanista Presiones

EH Bildu, desde luego, no se lo va a poner fácil. La presión para arrastrar al PNV a un espacio de colaboración soberanista y para subrayar sus contradicciones será brutal. No obstante, en la propia coalición abertzale son conscientes de que es poco probable que haya un cambio de alianzas a corto plazo aunque los jeltzales se vean forzados a «radicalizarse». Entre otras cosas, porque la «agenda» vasca ha estado marcada por el definitivo final de ETA y la normalización y, por lo tanto, no existe el necesario caldo de cultivo para una operación como la impulsada por la ANC y Omnium en Cataluña. Eso sí, creen que el «nacionalismo español», a su juicio «exacerbado» desde el 1-O, provocará episodios reactivos en Euskadi e irá creando un nuevo clima, aunque no de manera inmediata.

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