Euskadi atractiva

El lehendakari vuelve a darse un baño de realidad al pactar con el PP los Presupuestos

Euskadi atractiva
Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

El PP de Alfonso Alonso lo ha conseguido. Cuando empezó su travesía presupuestaria ofreciendo apoyo al lehendakari Urkullu, a cambio de la reforma fiscal, parecía un empeño imposible. En primer lugar porque los socios del PNV en el Gobierno vasco, los socialistas, habían trazado su ‘línea roja’ en la rebaja del tipo general del Impuesto de Sociedades. En segundo lugar porque la negociación, tal como la planteaba el PP, no dependía del Parlamento vasco sino de las Juntas Generales. Y en tercer lugar porque mientras el lehendakari empezaba a mostrarse dispuesto a intentar salvar todos los obstáculos para poder sellar el acuerdo con los populares, su portavoz Erkoreka hacía de equilibrista en sus comparecencias ante los medios asegurando que el Ejecutivo de Ajuria Enea no había dado por rotas las negociaciones con ningún grupo.

Las reticencias a bajar impuestos, en el caso de los socialistas, era una cuestión de principios. La izquierda en general siempre se ha mostrado partidaria de subir impuestos, cargando contra las clases medias y consiguiendo, de paso, que se dispare el gasto público. Pero los principios, en tiempos de necesidades políticas, se desvanecen en cuanto apremian las alianzas en situación de debilidad parlamentaria. El centro derecha, por ejemplo, siempre ha tenido a gala su negativa a subir impuestos y, sin embargo, Rajoy subió el IRPF, en tiempo acotado.

En el caso de la rebaja del Impuesto de Sociedades (Euskadi afrontaba la mayor carga fiscal del Estado) a los socialistas no les ha quedado más remedio que transigir. Dados los planteamientos de EH Bildu y Podemos y ante el riesgo de quedarse sin las cuentas aprobadas, Idoia Mendia, que había reconocido públicamente su oposición a rebajar el tipo general de Sociedades, levantó su veda.

Con la corrección del 28% al 24% la imagen de Euskadi da un giro copernicano pudiéndose convertir en foco de atracción de nuevos inversores.

Cuando trascendió que de las 2.800 empresas que habían abandonado Cataluña tan solo una había ido a Euskadi, se dio por hecho que si la presión fiscal estaba por encima de la media, la comunidad vasca no resultaba un destino con ‘gancho’.

Además de la inclusión de un total de 30 millones de euros y del compromiso de revisar el IRPF a las rentas medias y bajas para 2020, la bajada de impuestos de sociedades anima a la inversión y genera más creación de empleo y recaudación. No es de extrañar, pues, que el consejero Azpiazu se muestre tan satisfecho por el cambio. La medalla se la pone el PP mientras el lehendakari Urkullu vuelve a darse un baño de realidad. No había otra alternativa que pactar los Presupuestos con el PP. Que se abstendrá para facilitar su aprobación. La opción que tanto le contraría al jelkide Egibar que se estará temiendo que, una vez se restaure la legalidad con un nuevo Gobierno en Cataluña, el PNV pueda volver a ayudar a Rajoy con sus Cuentas, como el año pasado. El PP vasco vuelve a mostrarse como una fuerza clave capaz de condicionar la agenda política institucional mientras el PNV en Madrid sigue obteniendo frutos de su relación bilateral con el Gobierno central. Las piezas vuelven a encajar. Y si el Ejecutivo autónomo no tiene intención alguna de emular al desnortado Puigdemont, tan solo se puede hablar de estabilidad y certidumbre. Justo lo que necesitamos.

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