La campaña desde: La Universidad Autónoma de Barcelona

«Había euforia y ahora nos sentimos cansados y desengañados»

Miles de estudiantes en el campus de la Universidad de Barcelona, durante una de las marchas a favor del ‘procés’./AFP
Miles de estudiantes en el campus de la Universidad de Barcelona, durante una de las marchas a favor del ‘procés’. / AFP

Un silencio desconcertado inunda el campus de Barcelona donde el ‘procés’ tomó impulso con el empuje estudiantil

Pascual Perea
PASCUAL PEREA

«Había euforia y ahora estamos cansados, desengañados y desilusionados». Las palabras de Guillén Gámez, un estudiante de veinte años, maridan como el vino y el queso con este paisaje otoñal de árboles desnudos y hojas secas barridas por el viento. La Plaça Cívica de la Universidad Autónoma de Barcelona fue hace apenas unas semanas el epicentro de un seísmo de entusiasmo, exaltación y ansia de cambio que se propagó por todos los campus de Cataluña apoyando el ‘procés’. A la luz del atardecer, hoy parece teñida de melancolía. Permanecen un par de pancartas movilizando a una ‘Jornada contra la repressió’, y en la pared lateral de la cafetería varias pintadas exigen la libertad para los políticos catalanes presos y la absolución de los encausados. En tono más festivo e ingenioso, unos pasquines invitan a participar en la Indepen Dance Party, con los mejores djs. Pero los estudiantes que se reparten en corrillos van a lo suyo: charlan, comparten apuntes, fuman o se besan ajenos al llamamiento que campea en uno de los edificios: ‘Fem Historia. Guanyem la República!’.

Guillén, como su amigo y compañero de clase Jordan Giménez, participó activamente en las movilizaciones previas al 1 de octubre, votó sí a la independencia e hizo huelga en los días posteriores para protestar por las cargas policiales. Pero lo que les prometieron no se ha cumplido ni lleva camino de hacerse realidad, y ambos se sienten cabreados. Y también un poco confundidos, como los boxeadores noqueados que esperan a que suene la campana para reponerse.

Los datos

207.663
alumnos están matriculados en las doce universidades de Cataluña, de los que un 73% estudian en alguno de los siete centros públicos. Las chicas representan el 54% del total.
10.000
estudiantes se manifestaron el pasado 25 de octubre para exigir a Puigdemont que activara la DUI.

«Desde hace años los independentistas llevan la voz cantante en la universidad, primero con el derecho a decidir, luego con el 1-O y después con la represión policial y la declaración de independencia. Pero desde hace un mes no se les oye. Están, no sé, como en estado de shock». El diagnóstico es de Alexandra, una espigada estudiante de cuarto de Medicina.

«Estoy harta de huelgas, ha habido semanas que hemos tenido dos días de clase, incluso menos»

«Estos debates ya no me interesan, ahora veo asuntos desatendidos más importantes», dice un joven que apoyó el ‘procés’

«Muchos compañeros estaban seguros de que la independencia era cuestión de días y ahora se sienten muy decepcionados», coincide Malena Flores, una guatemalteca de grandes ojos verdes, que ha vivido el proceso con sumo interés. «No se diferencia mucho de lo que pasa en otros países, se esperan grandes cambios pero hay mucha manipulación, la gente es muy crédula. Yo preguntaba a los ‘indepes’: si gana el sí, ¿qué va a pasar?, y ellos sólo me contestaban que seríamos libres. ¿Pero cómo?, les preguntaba, ¿si se van las empresas, nos echan de Europa...?, y no sabían decirme nada más. Se vendió muy bien la idea de que la democracia consiste en el derecho a decidir, a determinar el futuro de una sociedad. Ahora todo eso se ha desinflado».

A los independentistas no se les oye, están en estado de 'shock'», dice una alumna de medicina

Laura Arias, estudiante de segundo de Ciencias Políticas, se siente muy cansada del tema. «Desde septiembre hasta hace unas semanas hemos tenido muy pocas clases, y eso nos afecta a todos. Por favor, que se acabe la incertidumbre. Estoy harta de días de huelga. ¿Viste en la tele las peleas entre los compañeros que querían asistir a clase y los que querían imponer la huelga? Fue aquí mismo», señala. «Ha habido semanas en que tuvimos dos días de clase, y alguna ni eso. Varios profesores nos dijeron que no podríamos dar todo el temario. Al final parece que vamos a cubrirlo entero, pero con menos profundidad. La mayoría de los profes han sido bastante imparciales, aunque no todos».

Las elecciones

Laura confiesa que no mira con simpatías el independentismo. «Aquí parece que somos minoría, aunque habría que verlo», advierte. «La asamblea de estudiantes no nos representa a todos, solo se dedica a parar las clases y exámenes y a luchar por sus intereses. Pero si hablas, cuidadito con lo que dices».

Junto a la parada de autobús a Barcelona permanecen aún los restos de la helada de la noche anterior, y los jóvenes se vuelven niños tratando de amasar el hielo suficiente para lanzar una bola. Las risas rompen el gélido ambiente. María Licerán y Arnau Romero han asistido a concentraciones, «pero fuera de los horarios lectivos. La gente está indignada con el 155, con los porrazos y con el encarcelamiento de los ‘consellers’, y también está disgustada con la forma en que han ido las cosas... y sobre todo yo creo que está harta de todo esto», reflexiona Arnau.

¿Y cómo ven Guillén y Jordan, los hasta hace poco entusiastas ‘indepes’, el próximo asalto? No lo ven. «Se espera que las elecciones traigan un cambio importante, pero los resultados van a ser muy parecidos. No sé qué va a pasar, repetir no nos lleva a ninguna parte y la transversalidad es muy difícil, el que quiera pactar con el contrario tendrá que traicionar sus propios principios. Estamos predestinados a prolongar la agonía», admite Jordan. «Pero esto no puede seguir así. Hay un clima de tensión excepcional en toda la sociedad catalana, y aquí también. El tema lo empapa todo. Unos por el 155, otros por la fuga de empresas, en las fachadas unos ponen una bandera y otros cuelgan la contraria... la gente está tomando partido, es una bomba de relojería».

A su lado, Guillén zanja el tema definitivamente. «Esos debates ya no me interesan, ahora veo temas desatendidos más importantes, como la educación...».

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