La épica de las ‘espantás’

Que el independentismo justifique huidas como las de Puigdemont o Gabriel ratifica lo enquistado del problema catalán

La épica de las ‘espantás’
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Anna Gabriel, la carismática exdiputada de la CUP, se ha fugado a la Confederación Helvética, también conocida como Suiza. Ayer mismo confirmó lo que cabía sospechar: que no tiene la menor intención de acudir hoy ante el juez del Supremo Pablo Llarena, que investiga el desafío del independentismo catalán al Estado, para responder de sus actos.

El fallido ‘procés’ suma así un nuevo ‘huido’ de la Justicia. Otra ‘espantá’, que dirían los castizos. Un segundo ‘exiliado’, según el libro de estilo tanto del soberanismo catalán como del nacionalismo vasco, que en esto sí que están todos de acuerdo.

El expresident Carles Puigdemont eligió en su día la funcionarial Bélgica para ‘internacionalizar el conflicto’. Gabriel se ha decantado por la más aristocrática y bastante menos escrupulosa Suiza.

El primero ya tiene chalé en la localidad de Waterloo en el que alojarse. De la política anticapitalista sólo conocemos que ha estrenado look: ha cambiado el flequillo tipo tazón que lucía, por un peinado a raya mucho menos combativo y más conservador.

Era bastante previsible que la elección del país al que ha elegido fugarse la diputada ‘cupera’ diera para unas cuantas críticas y algunas chanzas más. Y así sucedió.

Gabriel es militante de la CUP, no del PNV, así que no parece que la política catalana haya elegido Suiza para ver cómo funciona ese modelo confederal, que tanto gusta a los jeltzales. Así que no puedo asegurarles a pies juntillas por qué una revolucionaria supuesta ha ido al país al que acuden delincuentes de cuello blanco de medio mundo a depositar su dinero negro aprovechándose de la gran aportación suiza a la civilización occidental contemporánea, además del chocolate: el secreto bancario.

Puigdemont y Anna Gabriel es obvio que están donde están porque en esos países se sienten particularmente a salvo de la Justicia española. Y ambos son plenamente conscientes de que en España no se puede juzgar a nadie que esté imputado que no se encuentre a disposición del tribunal.

¿La opinión de la sociedad catalana ante este tipo de actitudes? De toda no puedo garantizárselo, del mundo ‘indepe’, sí. Y es que el resultado de las elecciones autonómicas del 21 de diciembre aclaró la incógnita: los votantes soberanistas optaron por premiar al político que prefirió huir (Puigdemont) frente al que optó por afrontar sus responsabilidades y hoy sigue en prisión preventiva (Oriol Junqueras).

Ayer se escucharon toda clase de reproches a Gabriel desde la política española. Ni uno del mundo ‘indepe’.

En el último tercio del siglo XX hubo un torero que levantó pasiones toreara bien, mal, regular o incluso si no lo hacía: Curro Romero, el ‘Faraón de Camas’. El fanatismo en torno al maestro sevillano de muchos ‘curristas’ llegaba a tal punto que le ovacionaban hasta cuando se negaba a matar a un morlaco porque le había mirado mal. Y sucedió en no pocas ocasiones. Era algo así como la épica de la ‘espantá’.

De algo parecido parecen disfrutar hoy Puigdemont y Gabriel en el mundo independentista, que no duda en respaldarles ni cuando eluden responder de sus actos. Qué mayor evidencia de lo enquistado que se halla el problema catalán y de lo complejo que va a resultar encauzarlo.

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