Empieza la partida

El rechazo del PP a tocar ni una coma del Estatuto suena a estrategia negociadora con un PNV al que aún necesita Rajoy

Empieza la partida
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Arranca la partida definitiva. Después de cuatro años de preliminares y moratorias, entre otras cosas para ver cómo acababa el desafío del independentismo catalán al Estado, aún irresuelto, los cinco grandes partidos vascos retoman desde hoy las conversaciones en el Parlamento de Vitoria para ver si es o no posible reformar el Estatuto de Gernika, el único del Estado español que todavía no ha sido revisado.

Tan sólo el PNV no ha desvelado su carta inicial de intenciones. Lo hará hoy. Pero ya se sabe que en ese documento de partida aparece que el nuevo Estatuto contemple el reconocimiento del llamado derecho a decidir. Es decir, que admita que Euskadi pueda decidir en solitario si quiere o no escindirse del resto de España. Una petición que avala EH Bildu y con matices Elkarrekin Podemos. Pero que cuenta con el rechazo frontal del PSE y del PP.

Si los nacionalistas mantienen sí o sí esa reclamación, las posibilidades de que Euskadi disponga de un nuevo texto estatutario son nulas. Las fuerzas abertzales, que disponen de una cómoda mayoría en la Cámara de Vitoria, podrían aprobar un proyecto. Pero, al igual que ocurrió con el plan Ibarretxe, sería enviado a la basura por el Congreso de los Diputados.

Es previsible que este asunto ocupe muchas semanas de deliberaciones. Pero sobre la mesa hay más cosas. Entre ellas la estabilidad política en Euskadi y en España.

El Partido Popular avanzó ayer su posición de partida. ‘No’ a reforma alguna de la Carta de Gernika. ¿Sus argumentos? Que el 77% de los vascos está contento con el Estatuto actual, un porcentaje que ha subido 23 puntos el último cuatrienio. Y el temor a que la apuesta autodeterminista de las dos fuerzas abertzales ponga en riesgo la estabilidad política en Euskadi y conduzcan al País Vasco de vuelta a los tiempos de Ibarretxe o a la inestabilidad actual en Cataluña.

Los datos son reales y la posibilidad de que las cosas pudieran llegar a desmandarse siempre estará ahí. Pero el PNV ha reiterado hasta la saciedad su deseo de preservar la estabilidad política en la comunidad autónoma. Ha dicho que su propósito es lograr sí o sí un pacto transversal con el PSE -que en ningún caso podría contemplar la autodeterminación-. Y que ocurra lo que ocurra no se echarán al monte.

Los populares están nerviosos con el continuado ascenso de Ciudadanos al calor de la crisis catalana y de una corrupción que sigue desgastándoles semana sí semana también. Pero su objetivo a corto plazo es salvaguardar a Mariano Rajoy y ello pasa por entenderse e intercambiar cromos con el PNV.

No sería nada extraño, bien al contrario, que Alfonso Alonso hubiera lanzado ayer el veto de su grupo a cualquier reforma del Estatuto como punto de partida en la negociación. Y como aviso a navegantes si los jeltzales se empeñan en el imposible del derecho a decidir.

Carece de toda lógica que los mismos conservadores que han apoyado y hasta promovido cambios de otros estatutos para mejorarlos y adaptarlos a los nuevos tiempos, rechacen semejante opción en Euskadi. En 1979, AP pidió el ‘no’ a la Carta de Gernika, con nulo éxito.

Empieza la partida. Prepárense para órdagos y cambios de cromos. Ojalá el resultado final satisfaga a esa mayoría de vascos que no está para aventuras.

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