Los efectos perversos del ‘procés’

El antiespañolismo y el anticatalanismo dificultan la vuelta al diálogo y el acuerdo

Los efectos perversos del ‘procés’
Xabier Gurrutxaga
XABIER GURRUTXAGA

La confrontación que ha enfrentado a Cataluña y al Estado ha tenido efectos negativos y perversos tanto para la sociedad catalana como para la española. Refiriéndome en este caso a los perversos, destacaría dos de gran trascendencia para la convivencia y la relación de vecindad: el anticatalanismo y el antiespañolismo. La ya fracasada vía unilateral a la independencia no solo ha generado fervor nacionalista español en una parte significativa de la sociedad catalana, sino también ha reavivado en España con intensidad la llama de un españolismo que segrega fuertes dosis de anticatalanismo.

Por su parte, la estrategia desarrollada por Rajoy, reduciendo la respuesta a la demanda política respaldada por la mitad de los catalanes al estrecho cauce de la legalidad y al poder coactivo del Estado, ha generado entre los catalanes un antiespañolismo, prácticamente inexistente en el mapa político catalán y convertido al independentismo, como último remedio, a ciudadanos que hasta hace muy pocos años eran autonomistas o federalistas.

Estos efectos perversos han cuajado en una parte significativa de la sociedad catalana y de la española y se han convertido ya en auténticos obstáculos para poder llevar la política del ‘terreno de la guerra’ al del diálogo y el acuerdo.

En el caso de España ha emergido con fuerza, como si hubiera despertado de un largo letargo de cuarenta años, un españolismo de fuerte arraigo social basado más en la uniformidad de la nación que en la diversidad y plurinacionalidad del Estado. Un nacionalismo que se sustenta en la primacía de la España unitaria articulada en torno al modelo de estado-nación del Reino de Castilla que excluiría a la ‘España foral’ y a la ‘España diversa’ que englobaría esta última entre otros territorios y comunidades a Cataluña.

Es un sentimiento que se expresa fundamentalmente mediante el respaldo a las formaciones de derecha. De ahí que una de las consecuencias más relevantes que ha tenido el ‘procés’ en España es el fortalecimiento de las expectativas de formaciones como Ciudadanos que utilizan ese sentimiento renacido con una finalidad partidista y con una vocación firme de promover una contrarreforma de hecho de la Constitución para un reforzamiento del Estado en cuanto poder central.

Esta semana hemos conocido el documento elaborado por diez catedráticos donde expresan su preocupación sobre la gravedad de la crisis constitucional, cuya manifestación más extrema es la crisis de Cataluña, y reivindican la urgencia de la reforma constitucional. Es de agradecer el esfuerzo realizado por este grupo de profesores, pero mucho me temo que vistos los efectos colaterales del problema catalán en España y la influencia de los mismos en fuerzas como el PP y Ciudadanos, la reforma constitucional seguirá siendo una asignatura pendiente para todos aquellos que piensan que es un elemento imprescindible para encauzar el problema de Cataluña y para reformular el Estado de las Autonomías.

Los posos que ha dejado hasta el momento la crisis de Cataluña nos invitan a realizar estas dos preguntas a modo de reflexión: ¿Es realista pensar que el problema político planteado en Cataluña se puede encauzar con una reforma constitucional y/o un acuerdo político que no contemple un referéndum consultivo sobre la secesión? ¿Es realista pensar que hoy en España se puede alcanzar un pacto bien por una reforma constitucional bien por acuerdo previo que contemple la celebración de un referéndum consultivo en Cataluña sobre la secesión? Aunque me gusta concebir la política como el arte que se debe ocupar de hacer posible lo necesario, no olvido que a veces lo necesario se reduce solo a lo posible.

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