La doble vida de la irlandesa que vendió a ETA los misiles para intentar matar a Aznar

La miembro del IRA Evelyn Glenholmes junto con el también terrorista norilandés James Monaghan./Imagen del libro 'Sangre, sudor y paz'.
La miembro del IRA Evelyn Glenholmes junto con el también terrorista norilandés James Monaghan. / Imagen del libro 'Sangre, sudor y paz'.

Un libro desvela que en la reunión de París en que la banda compró a los terroristas irlandeses armas antiaéreas en 1999 se encontraba una dirigente del Seinn Féin reconvertida en apóstol del diálogo

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

 El 8 de marzo de 1999, miembros de ETA celebraron una reunión en París con una mujer y un hombre del IRA para cerrar una compleja operación de tráfico de armas. En ese encuentro se acordó la venta de dos misiles antiaéreos de fabricación rusa que dos años después la banda utilizaría para intentar matar al presidente del Gobierno José María Aznar. Todos los etarras que acudieron a la cita fueron arrestados al día siguiente pero los dos terroristas irlandeses desaparecieron y su identidad ha sido siempre un misterio.

Hasta ahora. Se ha sabido que la mujer era Eibhlin Glenholmes, un enigmático personaje de la cúpula del Sinn Féin, con lazos con el IRA. En la actualidad, además, es uno de los miembros del partido republicano norirlandés que se ha convertido en un referente a la hora de difundir las bondades del diálogo e incluso ha aparecido en un documental vasco sobre la convivencia presentado el año pasado, durante la capitalidad cultural de San Sebastián. Lo que se ignoraba es su pasado como traficante de armas.

La identidad de Glenholmes como uno de los interlocutores de ETA en aquel encuentro en París se ha desvelado en el minucioso libro 'Sangre, Sudor y paz. La guardia civil contra ETA' (Península), una obra recién editada en la que el coronel del instituto armado Manuel Sánchez, junto con el escritor Lorenzo Silva y el periodista Gonzalo Araluce detallan la historia de la lucha antiterrorista desde 1958 hasta nuestros días. La obra incluye un capítulo pormenorizado de la reunión entre ETA y el IRA en la capital francesa, en el que se incluye incluso una fotografía de la propia Glenholmes obtenida durante los seguimientos que los guardias civiles realizaron en París a los participantes en la reunión. En la imagen inédita se puede ver cómo la miembro del Sinn Féin se dirige a la cita con los etarras acompañada por James Monagham, un veterano del IRA que estuvo huido en Cuba y Colombia pero que en España saltó a la actualidad cuando en 2008 prestó su vivienda al etarra Iñaki de Juana Chaos cuando éste huyó de España para no ser procesado y se refugió en Irlanda. Desde esta isla volvió a darse a la fuga hasta que desapareció en Venezuela.

Indulto británico

Glenholmes es un persona referencial de los años de violencia en Irlanda del Norte. En los 80 se encontraba en Irlanda y fue acusada por el Gobierno británico de dirigir una campaña de atentados en Inglaterra. Uno de los ataques que se le imputaba era el intento de matar a la primer ministro Margaret Tatcher en 1984 en un hotel de Brighton. Su proceso de extradición fue un proceso polémico -los jueces irlandeses la denegaron- e incluso se produjeron incidentes públicos en los que Gerry Adams y el fallecido Martin McGuinnes se enfrentaron con la Garda -la policía irlandesa-. Como puede verse en el siguiente vídeo de 1986, los líderes del Sinn Féin lideraron las protestas por Glenholmes.

Ella, ante la presión judicial, huyó y se cree que estuvo huida en Cuba. Para entonces encabezaba la lista de delincuentes más buscados de Scotland Yard. Durante el proceso de paz irlandés regresó a la isla al conseguir una especie de indulto británico que se tramitó un año después de que participara en la venta de misiles a ETA. En 2012 protagonizó un escándalo cuando el Sinn Féin hizo que se incorporase a una de las comisiones de víctimas del terrorismo. El equivalente vasco, salvando las distancias, se había producido cuando el dirigente de ETA José Antonio Urrutikoetxea, 'Josu Ternera', fue nombrado miembro de la comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco.

Según el libro, la noche del 8 de marzo de 1999 Monagham y Glenholmes caminaron hasta el hotel Printannia de la capital francesa, donde se reunieron con José Javier Arizkuren Ruiz, 'Kantauri' y Mikel Zubimendi, los dos etarras que cerraron la operación. El primero de ellos era en ese momento el jefe militar de ETA y tenía un largo historial en la banda armada. Zubimendi, sin embargo había sido un polémico parlamentario de HB -él fue quien arrojó cal viva en el escaño de Ramón Jáuregui- que se incorporó a la organización terrorista en los 90. Tras ser detenido en París cumplió una condena de seis años en Francia, regresó a Euskadi y se incorporó a la mesa nacional de Batasuna. Volvió a ser detenido y el año pasado evitó una condena de cárcel junto con otros dirigentes radicales al comprometerse en la Audiencia Nacional a rechazar la violencia y reconocer que su comportamiento fue ilegal. Un año antes había protagonizado otra polémica después de que ETB-1 le contratara como tertuliano.

 

Evelyn Glenholmes en unos incidentes registrados en Dublín en 1984. En las otras dos imágenes, el dirigente de ETA 'Kantauri' -con camiseta azul- y Mikel Zubimendo. / EL CORREO

En la documentación sobre ETA que cita el libro, los miembros del IRA son llamados en clave 'Los Gorris'. También se explica que el encuentro sirvió para poner al día las cuestiones económicas entre ambas bandas terroristas. ETA ya había entregado una importante cantidad de dinero a los irlandeses -solo los misiles costaron medio millón de euros- y el armamento recibido no justificaba ese pago. En la reunión se decidió celebrar una nueva cita en la que se discutiría si el IRA devolvería parte del dinero o pagaría con más armas. El contexto es importante. ETA, en ese momento, se encontraba inmersa en la denominada 'Tregua de Lizarra', un alto el fuego pactado con los partidos nacionalistas, pero la operación revelaba que lo que estaba haciendo realmente era aprovisionarse. El IRA, por su parte, se encontraba en negociaciones con el Gobierno británico y, una vez tomada la decisión de dejar las armas, pretendía vender sus arsenales para hacer caja de cara a la paz.

La recepcionista era una policía

Tras la reunión, los dos irlandeses abandonaron el hotel, mientras que 'Kantauri' y Zubimendi se fueron de copas con otros tres etarras que también se encontraban en el Printannia. El establecimiento ya estaba tomado por las fuerzas de seguridad. La recepcionista, por ejemplo, era una policía gala encubierta. A la mañana siguiente, todos los etarras fueron detenidos. Poco después de los arrestos, la dirección de ETA recibió una carta del IRA firmada por 'Champagne', un alias que según el libro 'Sangre, Sudor y Paz' puede corresponder a la propia Glenholmes. En ella los norirlandeses aseguran «sentir un gran dolor» tras conocer las detenciones, «especialmente los que hemos tenido el honor de encontrarnos con 'Kantauri'. Os pedimos que nos comuniquéis todo lo que sabéis sobre la detención». La carta denota el temor que los terroristas sentían ante la posibilidad de que ellos también hubieran sido seguidos.

Evelyn Glenholmes en una foto actual.
Evelyn Glenholmes en una foto actual.

El coronel Manuel Sánchez, en declaraciones a este periódico, asegura que él mismo fue quien investigó la presencia de Glenholmes en la reunión. «Al principio no sabíamos quién era y ni siquiera imaginábamos que se trataba de un miembro del IRA. Más tarde, al encontrar la documentación de ETA sobre 'Los Gorris' nos dimos cuenta de que eran norirlandeses. Tuvimos que viajar a Inglaterra para que el servicio secreto británico nos identificara a Glenholmes», narra ahora el mando de la Guardia Civil

Lo cierto es que la venta ocultaba una estafa del IRA. Los misiles no funcionaban y puede que incluso hubieran sido saboteados en origen por algún servicio secreto. ETA los utilizó durante 2001 para intentar derribar el avión con el que el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, se desplazó a Euskadi durante la campaña electoral de la autonómicas de ese año. Los terroristas no lo consiguieron, puesto que era imposible activar el armamento. Los etarras enviaron numerosas misivas a 'Los Gorris' para pedir aclaraciones sobre el fiasco de este arma pero no sirvió de nada. En 2004, esta chatarra de la guerra del IRA fue incautada en la casa del entonces jefe de ETA Mikel Albisu.

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