La difícil ruptura con el pasado

En la izquierda abertzale falta 'coraje revolucionario' para denunciar la sinrazón de la violencia

Homenaje a José Ignacio Iruretagoiena./
Homenaje a José Ignacio Iruretagoiena.
Xabier Gurrutxaga
XABIER GURRUTXAGA

Confieso que el pasado viernes, cinco de enero, me sentí contento y satisfecho cuando leí que el Ayuntamiento de Zarautz iba a celebrar el martes siguiente un homenaje con el respaldo unánime de todos los grupos a José Ignacio Iruretagoiena, concejal del PP, asesinado por ETA hace 20 años. Estaba contento porque su viuda, hijos y allegados se merecían este acto de solidaridad humana frente a la barbarie que representó su asesinato.

Estaba satisfecho porque el contenido de la declaración pactada en la comisión de paz y convivencia me parecía francamente muy interesante. Resultaba gratificante que la izquierda abertzale respaldara una declaración donde se recogen pronunciamientos tan firmes como que «nunca debió ocurrir este atentado, ni ningún otro», que «fue totalmente injusto», y que «asesinar, herir, amenazar, extorsionar o perseguir a un semejante, siempre es una crueldad», y como cierre se afirmaba que «atentaron contra él por defender sus ideales y trabajar por el interés de todos». Cuando la leí me pareció que era una gran noticia para construir sobre bases éticas y democráticas potentes, aunque elementales, nuestra memoria sobre el pasado reciente.

Pese a que la información difundida daba como hecho el acuerdo unánime, la satisfacción era contenida y prudente, pues examinado el tratamiento de la noticia en medios próximos a Bildu y contrastada la opinión de algunos militantes de la izquierda abertzale con los que pude comentarla, me entró la duda y llegué a pensar que la dirección de la izquierda abertzale aún no había madurado lo suficiente como para interiorizar la declaración de Zarautz como experiencia imprescindible para formalizar la ruptura ética, política e ideológica de un proyecto político sustentado para su materialización en la violencia. Deseaba equivocarme.

Lamentablemente el día del homenaje a Iruretagoiena supimos que el grupo de Bildu se descolgaba de la declaración institucional, si bien decidieron estar presentes en el acto de homenaje. Se desconocen las razones para esta retirada de última hora, ni tampoco se conocen los motivos del desacuerdo. Lo que sí sabemos es que el texto de la declaración había sido «contrastado» con la dirección de Bildu. Que sea el lector quien juzgue de dónde pudo venir la ‘prohibición’.

La izquierda abertzale exhibe como muestra referencial de su reconocimiento a las víctimas de ETA la experiencia del Ayuntamiento de Rentería, bajo la dirección del alcalde Julen Mendoza. Sin lugar a duda es una experiencia positiva, pero la declaración de Zarautz iba más allá tanto respecto al rechazo de la violencia practicada como del reconocimiento de las víctimas de ETA.

La izquierda abertzale ha llegado hace unos pocos años al convencimiento de que la violencia no es el camino para avanzar en su proyecto político. Pero es un posicionamiento respecto al presente y al futuro, sin que a tal posición se haya llegado por un examen autocrítico de la violencia practicada por ETA y justificada por dicho colectivo. Por eso, solo han llegado a reconocer el daño causado, pero falta ese coraje ‘revolucionario’ para denunciar la sinrazón de esa violencia y para caracterizar esos daños como injustos. Solo ese atrevimiento de profunda raíz democrática y humana les liberará de la servidumbre que representa el hecho de la violencia de intencionalidad política y les permitirá con coherencia y dignidad construir su proyecto libre de las ataduras del pasado, donde la solidaridad con las víctimas del terror será entendida y percibida como plenamente sincera y no como mero maquillaje.

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