Desviar el foco

El independentismo catalán ya sólo está de acuerdo en que no está de acuerdo. El Supremo puede inyectarle victimismo

Desviar el foco
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

El independentismo catalán logró revalidar la mayoría absoluta en escaños en el Parlament en las elecciones autonómicas del 21 de diciembre, que convocó Rajoy tras la intervención de la autonomía, en aplicación del 155 de la Constitución. Nada menos, ni tampoco nada más.

Los soberanistas volvieron a fracasar en su otro gran objetivo, clave para presentarse en las cancillerías de esos Estados que uno tras otro les han dado la espalda: hacerse con el apoyo de la mayoría absoluta de los catalanes que votaron. Consiguieron un notable 47,50% de los sufragios, un porcentaje ligeramente inferior al de los comicios anteriores (47,80%). Nada menos, pero tampoco nada más.

Desde entonces las tres siglas que se reparten el voto secesionista, Junts per Catalunya (JxCat), ERC y la CUP, si algo han evidenciado es que carecen de un proyecto estratégico de futuro compartido. Ello, las tácticas cortoplacistas y, sobre todo, la evidente animadversión entre los líderes neoconvergentes y los republicanos habían colocado al movimiento en un delicado momento. En especial ante sus simpatizantes.

La decisión del expresident Puigdemont de dar un paso a un lado, siquiera «temporalmente», para dejar paso a quien ocupó el número dos en la plancha de JxCat y exlíder de la ANC, Jordi Sànchez. El visto bueno de Esquerra a esa operación, aunque no se sepa con qué programa de gobierno. Y la decisión del presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC), de convocar para el próximo lunes el pleno de investidura, han servido para desviar el foco de la atención ciudadana.

Lo que acapara ahora la atención informativa ya no son las divergencias en las filas ‘indepes’, sino si la Justicia permitirá o no a Sànchez defender su candidatura en el Parlament. Ayer el Constitucional rechazó su excarcelación y el juez Llarena dio a las partes hasta el lunes para formular alegaciones, lo que podría retrasar la sesión.

¿La decisión? Aunque en 1986 se autorizó al etarra Juan Karlos Yoldi defender su candidatura a lehendakari por HB, todo apunta a que Llarena podría decir esta vez no. Sería, a mi juicio, un error político que retroalimentaría el victimismo que tan bien sabe exprimir el nacionalismo y que no ayudaría a Rajoy a defender la posición española en este delicado asunto en algunos foros internacionales. Amén de que impediría ratificar la división existente en las filas ‘indepes’.

Así que, sospecho, que pase el siguiente. ¿Jordi Turull?

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