Derechos y excesos

Las víctimas siempre merecerán verdad, justicia y reparación. Pero ni pueden ni deben ser un Parlamento paralelo

Derechos y excesos
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

El presidente Rajoy recibió ayer, y por primera vez, en La Moncloa a todos los colectivos y fundaciones de víctimas de España. Fue una acertada manera de testimoniarles su reconocimiento, su afecto y el de la gran mayoría de los ciudadanos de este país por el inmenso dolor sufrido. Y de hacerlo sin distingos ahora que ETA no ha tenido más remedio que disolberse derrotada por la democracia, aunque lo haya hecho de la forma miserible que cabía esperar de su currículo criminal: categorizando a sus víctimas. Distinguiendo las que merecen su petición de perdón y las que no.

Lástima que ni el lehendakari Urkullu, ni la presidenta navarra, Uxue Barkos, hayan previsto encuentros similares en Ajuria Enea y en el Palacio foral de Pamplona, respectivamente, tras los acontecimientos de la semana pasada. Aún están a tiempo de enmendar el olvido.

¿Que ambas administraciones han tenido y tendrán en cuenta a las víctimas en sus políticas? Cierto, gusten poco, algo o nada esas políticas. Pero ello no impide el acierto de una cita especial como la de ayer, aunque algunos lo consideren puro oportunismo. Al igual que Urkullu y Barkos sí vieron oportuno comparecer juntos en el Señorío navarro de Bértiz. Por más que puedan sospechar que algunos colectivos declinarían la invitación.

Las víctimas, sus familiares y allegados merecieron y merecerán el reconocimiento, respeto, cariño y la solidaridad de todos. Para siempre. En el frontispicio de cualquier partido democrático deberán figurar esos tres principios básicos para lograr una convivencia sana: verdad, justicia y reparación. También sin fecha de caducidad.

El Estado de Derecho está obligado a invertir los recursos humanos y materiales que sean necesarios para que ni se olvide ni se manipule el drama que hemos vivido durante casi seis décadas, como ayer pidieron a Rajoy algunos colectivos. El mundo radical lleva años trabajando en la desmemoria. Desgraciadamente, y en no pocas ocasiones, desde medios de comunicación de titularidad pública.

Estos son los derechos que asisten a las víctimas. Amén de que no se escatimen recursos para que no quede ningún asesinato sin esclarecer. Y de que los culpables cumplan sus penas. El resto, las opiniones, las críticas como las que ayer escuchó el presidente, son libres. Merecedoras del máximo respeto y atención, pero no de obligado cumplimiento. Las víctimas ni son ni deben ser un Parlamento bis.

Acabada ETA, la gran patata caliente se llama acercamiento de presos. La mayoría de la sociedad vasca lo quiere; la mayoría de la española, lo rechaza. Hasta ahora PP y Ciudadanos se oponen, como muchos colectivos de víctimas. Justo lo contrario que la izquierda y los nacionalistas.

Rajoy evitó ayer pronunciarse con claridad sobre este tema. A corto plazo no parece que vaya a cambiar nada. Por el marcaje tanto de esos colectivos como de la formación naranja con la que se jugará los cuartos en las próximas elecciones. Sostiene, y no sin cierta razón, que podría interpretarse como una contrapartida a los terroristas por bajar la persiana.

Pero esa excepcionalidad debe llegar su término más pronto que tarde. De forma progresiva. Como se considere más útil. Pero debe llegar. Y la última palabra corresponderá a la política y a los jueces. A nadie más.

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