Democracia averiada

Las notas que ofrecen los ciudadanos europeos evidencian que el sistema funciona mucho peor en España

Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

La regeneración de la democracia venía en la mochila de la llamada nueva política que ya no es tan nueva. Los escándalos de corrupción continuados en España resultaron ser más demoledores para la confianza de los ciudadanos en el sistema que el impacto de gran crisis económica. La insatisfacción con el funcionamiento de la democracia es compartida por la mayoría de los españoles coincidiendo con el diagnóstico que están haciendo desde los principales medios de comunicación extranjeros y distintos círculos de intelectuales y académicos europeos a raíz del conflicto catalán.

El problema no es que unos pocos comparen la actual democracia española con el franquismo. Este posicionamiento es residual y demuestra gran pereza intelectual buscando una caricatura de las ideas antagónicas para sentirse más seguros en la discusión. Pero que no sigamos bajo una dictadura como la franquista no tiene que impedirnos aceptar la realidad de que la democracia funciona mucho peor en España que en la mayoría de los países europeos si nos atenemos a la evaluación que realizan los propios ciudadanos.

Si algo ha faltado en la mayoría de los proyectos exitosos que comparan el funcionamiento de diferentes aspectos de la democracia en la mayoría de los países europeos ha sido el punto de vista de los ciudadanos (Freedom House, Polity V, Democracy Audit, Democracy Barometer, Democracy index). Los ciudadanos son los principales protagonistas y consumidores de la democracia y su visión no solo enriquece a la que puedan aportar los expertos o los mismos datos objetivos, sino que ofrecen una perspectiva única sobre el rol que las actitudes hacia los diferentes aspectos de la democracia puede desempeñar en el comportamiento político de los propios ciudadanos

Según un estudio comparado realizado por el Pew Research Center durante la pasada primavera en 38 países del mundo, el 74% de los españoles se sienten insatisfechos con el funcionamiento de la democracia en España. Es de los países donde existe un mayor número de ciudadanos contrariados con su sistema democrático. Estos datos coinciden con los resultados de una encuesta temática sobre la calidad de la democracia desarrollada en 2012 en las principales democracias europeas. En la Encuesta Social Europea se pedía a los ciudadanos que evaluasen de 0 a 10 el funcionamiento de diversos componentes de distintos ideales de democracia. No hay que olvidar que no todos los ciudadanos comparten el mismo ideal de democracia. A unos ciudadanos les preocupan más los procedimientos y a otros los resultados. Los ciudadanos suspendían en su nota global el funcionamiento de la democracia española. En esta encuesta solo los habitantes de Portugal, Bulgaria, Rusia y Kosovo no aprobaban su propia democracia.

Los indicadores donde los españoles puntúan más bajo a la democracia española son la rendición de cuentas, la falta de mecanismos de participación ciudadana en la toma de decisiones, el Estado de Derecho, la sensibilidad de los políticos para recoger las preferencias ciudadanas entre elecciones y la falta de políticas efectivas contra la pobreza. En todos estos indicadores la puntuación que recibe el sistema español está por debajo de 4. Por ejemplo el Estado de Derecho es mejor puntuado por sus ciudadanos en Bélgica (5,4), Irlanda (5,9), Finlandia (7,4) o Noruega, donde la nota queda por encima del 8, la máxima valoración ciudadana.

Los españoles creen que su democracia está averiada. El debate sobre su falta de calidad no se lo han inventado los hostiles e ignorantes medios de comunicación extranjeros.

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