No se creen el oasis vasco

La mayoría de la sociedad mantiene una actitud crítica con el Gobierno vasco

El lehendakari, Íñigo Urkullu./
El lehendakari, Íñigo Urkullu.
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

El pasado domingo, mis colegas de la Universidad de Deusto Íñigo Calvo y Félix Arrieta publicaban un interesante artículo donde se lamentaban de la autocomplaciencia que aquejaba a la mayoría de la sociedad vasca. Partiendo del tan manido y ficticio oasis vasco, colocaban sobre la mesa una serie de temas donde Euskadi no salía especialmente bien parado. El paro (elevado), la (rácana) inversión en I+D o la falta de una nueva estrategia adaptada a los nuevos problemas de la parte más débil de nuestra sociedad serían algunos de esos agujeros en el relato. Mi tesis es coincidente en parte. Existe un alto grado de autocomplaciencia, pero ésta afecta fundamentalmente a nuestras élites gobernantes. La mayoría de la ciudadanía no se cree el oasis que dibujan desde el Gobierno vasco y mantiene una actitud crítica y poco complaciente hacia sus representantes que no se transforma en cambio político por la falta de una alternativa creíble.

Los principales agentes sociales llevan movilizándose en los últimos años denunciando la mala calidad de las condiciones laborales. Llegando a convertirse en la peor pesadilla del Ejecutivo de Iñigo Urkullu. En el último año ha habido huelgas en la educación pública, en Osakidetza, en servicios sociales tan relevantes como las residencias de mayores, en el transporte, en la policía autonómica e incluso en la Orquesta Sínfonica de Euskadi. El 74% de la ciudadanía vasca cree que no hemos salido de la crisis y considera la mala calidad de sus condiciones laborales el segundo problema más importante de Euskadi después del paro, según datos del Deustobarometro del pasado verano.

En el mismo estudio se puede comprobar cómo más de la mitad de la ciudadanía vasca ha participado en el último año en alguna protesta o acción con incidencia política. Por otro lado, las organizaciones del tercer sector como Cáritas o Save the Children han denunciado el aumento de la pobreza y el riesgo de exclusión en Euskadi. La preocupación por la desigualdad ha entrado por primera vez en los últimos años a formar parte de los cinco principales problemas de Euskadi. Tambien las organizaciones feministas han demostrado una gran fortaleza y capacidad de movilización en la denuncia de la violencia machista y en situar en la agenda de los representantes políticos la situación vergonzante y discriminatoria que sufren las mujeres en la sociedad vasca.

Si observamos las valoraciones que hace la ciudadanía sobre variadas cuestiones sociopolíticas y económicas, hay varios indicadores que no coinciden con la descripción de una sociedad autocomplaciente. Por ejemplo, la mayoría de la sociedad vasca valora peor que hace cuatro años las dos políticas publicas más relevantes gestionadas por el Gobierno vasco, educación y sanidad. Suspenden las políticas de Lanbide, de vivienda, las pensiones y los servicios sociales. El 40% de los ciudadanos cree que existe una corrupción relacionada con el Ejecutivo autónomo y no termina de confiar en su Gobierno, otorgándole un 4,8 sobre 10.

Creo que el discurso del oasis existe. Y está monopolizado por la élite gobernante y alrededores no coincidiendo con la percepción de una ciudadanía vasca que, por ahora, sigue pensando que no hay una alternativa mejor.

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