«ETA convirtió los pasillos de los hospitales en mi patio de juegos tras atentar contra mi padre»

Maribel, vestida de enfermera, ayuda a su padre durante uno de sus ingresos hospitalarios./
Maribel, vestida de enfermera, ayuda a su padre durante uno de sus ingresos hospitalarios.

El disparo de un terrorista dejó hace cuarenta años al policía municipal de Portugalete Jesús Lolo, padre de Maribel, postrado en una silla de ruedas

LORENA GIL

La infancia de Maribel Lolo Vázquez transcurrió entre habitaciones de hospital. Los pasillos fueron su «patio de juegos» y sus compañeros, enfermeras y celadores. Cuando tenía solo cuatro años, un etarra dejó a su padre, Jesús Lolo Jato, postrado en una silla de ruedas para el resto de su vida. «La bala que le disparó nos atravesó a mi madre y a mí», se sincera.

Jesús Lolo era policía municipal en Portugalete. Hace ahora cuarenta años -los mismos que tenía él-, la noche del 15 de abril de 1978, se encontraba de servicio en el parque del Doctor Areilza -más conocido como 'de los monos'- del municipio vizcaíno cuando vio a un chico correr portando una bolsa de deportes. «Le pareció sospechoso y le dio el alto», relata su hija. En el parque había patos y los agentes solían hacer vigilancias para evitar que los robaran. El destino quiso que aquel joven fuera un miembro de ETA que acudía a un encuentro con otros terroristas en el Puente Colgante. Sin mediar palabra, encañonó a la víctima y le pegó un tiro. Después, salió corriendo. El disparo le ocasionó heridas en el riñón izquierdo y le atravesó la médula espinal. Su compañero de patrulla resultó ileso. El terrorista portaba en la bolsa diverso armamento para cometer un atentado.

«Compañeros de mi padre vinieron a casa. Mi madre -Luisa- había estado viendo la tele, pero la apagó antes de que cortaran la programación para dar la noticia, y yo estaba en la cama», evoca. «Me envolvieron en una manta y me llevaron a casa de unos vecinos. Todavía hoy recuerdo el pijama que llevaba entonces». Luisa, que cumplía años al día siguiente, preguntó por el estado de su marido. «Pero no supieron decirle nada. Lo único que le comentaron es que no parecía grave... La acercaron en un 'patrol' hasta una parada de taxi y ella se fue sola al hospital de Cruces, donde habían llevado a mi padre, sin saber lo que se iba a encontrar», relata Maribel. Allí le operaron de urgencia para extraerle la bala, que a día de hoy la familia conserva en una caja, «entre algodones». «El médico que se la sacó se la entregó a mi madre», explica. Pero las heridas le dejaron en una silla de ruedas, sometido a fuertes dolores.

«Mi padre perdonó a la persona que le disparó desde el primer momento», afirma Maribel. Tras despertar después de la operación, Jesús aseguró a su mujer que «él pudo haber disparado, pero que no lo hizo porque no podría vivir con esa carga».

15 de abril de 1978

El atentado.
Jesús Lolo Jato patrullaba de noche por un parque de Portugalete cuando dio el alto a un joven con una bolsa de deportes. Resultó ser un etarra que no dudó en disparar. La bala le atravesó la médula espinal.
Secuelas.
25 años permaneció la víctima en una silla de ruedas. Falleció en 2003. El suyo es uno de los más de 300 casos sin resolver.

- ¿Cómo fue su primera visita al hospital?

- Existía la sospecha de que ETA pudiera mandar a alguien a matar a mi padre al hospital, así que pusieron a un policía en la puerta. Recuerdo verle primero en la cama y luego, en la silla de ruedas. Me impactó mucho. Mi padre siempre me llevaba 'a burrucuchus'... Me arrebataron esos momentos; nos los arrebataron.

Cruces se convirtió en su «primera casa». Jesús estuvo ingresado nueve meses. «Me llevaba mis muñecas... Las galerías azules del hospital eran mi parque de juegos», comparte Maribel. «Mi madre no podía llevarme al de verdad porque estaba siempre con mi padre». La operación de Cruces fue la primera de las 27 a las que Jesús se vería sometido durante los 25 años siguientes. San Juan de Dios, donde permaneció 21 meses; Basurto; Ramón y Cajal, Santiago, Vigo, A Coruña; el hospital Ruber de Madrid... la lista de centros en los que intentaron sin éxito encontrar una solución a sus dolores y su paraplejía fue interminable. «Incluso viajamos a Turín», apunta Maribel. «Íbamos donde fuera. Mi padre luchó, luchó mucho». También lo hizo su madre. «Con cuarenta años y ama de casa, pasó a ser la mejor enfermera, profesora y psicóloga del mundo. Es la mujer más valiente que he conocido en mi vida», describe.

La hija del agente en la actualidad.
La hija del agente en la actualidad.

«Aquí empezó todo»

ETA arrebató a Maribel su niñez y su adolescencia. «Me acuerdo de algo que vi hace años por televisión en la que aparecía 'Josu Ternera' en el monte paseando con su hijo. No puedo olvidar esa imagen porque eso es algo que yo nunca he podido hacer con mi padre. Los montes verdes que yo he conocido son los que he visto a través de las ventanas de los centros sanitarios», expresa Maribel.

Familiares y amigos la sacaban a ratos del ambiente de hospital. «Una niña no debería ver ciertas cosas», subraya. «Recuerdo ir a visitar los belenes de Bilbao en unas Navidades con una vecina y sus hijos, mientras mi madre se quedaba con mi padre, o ir a las piscinas de Santurtzi -ella es natural de la villa marinera- y pensar si la siguiente vez vendría mi padre a verme», se emociona. Jesús no pudo asistir a la primera comunión de su hija por los «terribles dolores que sufría». Llegó un punto en el que «la morfina no le hacía efecto». «No tengo esa foto; ni siquiera sé lo que es que tu padre te lleve al colegio o ir los tres juntos de vacaciones», lamenta.

Estuvo ingresado en media docena de hospitales y fue sometido a 27 operaciones; falleció en mayo de 2003 Consecuencias

Licenciada en Ingeniería, en la actualidad reside en Pontevedra, pero siempre que puede se escapa a Euskadi. Con 16 años se mudó con sus padres a Galicia. «A mí me pasó lo que me pasó, pero me tira la tierra», reconoce. El año pasado, se acercó hasta el parque de Portugalete en el que un etarra cambió su vida y la de su familia de un balazo. «Fue como una terapia. Pensé: 'Aquí empezó todo'», expresa.

«Primero somos personas y luego víctimas. Estos hechos te marcan, pero hay que seguir adelante. Destrozaron a mi familia, pero el odio en mi casa nunca ha existido», subraya. Maribel se convirtió en activista de la lucha pacífica contra el terrorismo. Concentraciones, recogidas de firmas... «En todo lo que pueda ayudar, ayudaré. Siempre reivindico su memoria, dignidad y justicia», se compromete.

Jesús Lolo falleció el 17 de mayo de 2003. El suyo es uno de los más de 300 casos sin resolver.

«Es muy triste ver cómo se deja a los terroristas escribir la parte final»

Maribel lamenta la falta de «apoyo social e institucional» que tuvieron tanto su madre como ella cuando su padre, Jesús Lolo, quedó postrado en una silla de ruedas por los disparos de un etarra. «¡Cuántos policías asesinados entraban a la iglesia por una puerta y salían por otra en aquella época!», reprocha. Encontraron apoyo en otras víctimas que, como ellas, tuvieron que pelear por su cuenta. Cuarenta años después, si algo tiene claro es que «no hay que olvidar lo que ha ocurrido. Tenemos que contar las cosas como son, que nadie blanquee la historia».

«No se puede educar a las nuevas generaciones en el odio ni tampoco que vean como algo normal que se homenajee a personas que han sido condenadas por asesinatos. Esto es un claro síntoma de anormalidad democrática y hay que tomar conciencia de la gravedad que entraña», advierte, en alusión a los 'ongi etorris' a ex presos de ETA, en los que suele ser habitual ver a niños y adolescentes.

Maribel es muy crítica con el papel del Ejecutivo de Mariano Rajoy ante el final de la banda terrorista. «La escenificación, el teatro... el Gobierno está dejando a ETA gestionar sus tiempos y eso es una traición al Estado de Derecho. ¿Qué Gobierno suplica a una organización terrorista que se disuelva?», expresa tajante. No entiende que hayan pasado siete años desde que la banda anunciara el cese de su actividad armada «y no se haya dado ninguna orden para detener a los etarras que quedan». «Lo que queremos es la foto de la derrota con las Fuerzas de Seguridad del Estado. Después de todo lo que hemos sufrido, de lo que nos han hecho sufrir, es muy triste ver cómo se deja a los terroristas que escriban la parte final», lamenta.

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