Contundencia y sentido del humor en el primer día de Celaá en Moncloa

La ministra da la palabra a uno de los periodistas que ayer asistió a su primera rueda de prensa tras el Consejo de Ministros./EFE
La ministra da la palabra a uno de los periodistas que ayer asistió a su primera rueda de prensa tras el Consejo de Ministros. / EFE

La portavoz vasca del Gobierno de Pedro Sánchez se estrena ante los medios: «Sean bondadosos»

IVÁN ORIO

Cuando Isabel Celaá accedió a la sala de prensa de La Moncloa al filo de las dos de la tarde se encontró una nube de fotógrafos y cámaras junto a la mesa desde la que debía dirigirse a los periodistas, que atiborraban la 'platea' del recinto para escuchar y preguntar por primera vez a la nueva portavoz del Gobierno. Pero la ministra vasca de Educación, acompañada por los responsables de comunicación del Gobierno socialista de Pedro Sánchez, no titubeó a pesar de la gran expectación. Avanzó hacia el que será a partir de ahora su hábitat natural, ordenó sus papeles, colocó cuidadosamente el bolígrafo y lanzó una primera mirada panorámica hacia los asientos a modo de reconocimiento. Después, inspiró de manera imperceptible y comenzó. «Buenos días a todas y a todos, estoy aquí con mucha ilusión. Les pido que sean comprensivos y bondadosos y apelo a su diligencia. Me estreno y si no fueran ustedes así me podrían asar», proclamó.

Atrás quedaban horas frenéticas en las que el teléfono de la también titular de FP estuvo cerca de quedarse sin batería varias veces. Y es que, una vez finalizado el jueves el protocolario intercambio de carteras entre los ministros salientes y entrantes, el presidente y su Gabinete se pusieron manos a la obra para establecer a contrarreloj el orden del día del Consejo de ayer y la estrategia a seguir ante la Prensa. Los temas a tratar se decidieron con cierta celeridad habida cuenta de que sólo había transcurrido una semana desde la moción de censura, pero el segundo asunto, quién o quiénes darían la cara ante los medios, resultó ser más peliagudo. Se barajaron diversas opciones: que saliera Sánchez, que hablaran Celaá y Carmen Calvo, que estuvieran los tres... La política vive de gestos e imágenes, y la bilbaína entendió que había que demostrar desde el principio que la cara y la voz del Ejecutivo se encarnan en ella.

El primer día de clase de Celaá en La Moncloa puso de relieve su pasado como profesora al prodigarse en explicaciones, sus largas jornadas como oradora en el Parlamento vasco, tanto en la oposición como cuando fue consejera, su capacidad para distender el ambiente con un fino sentido del humor y, sobre todo, que ahora mismo es necesario estudiar un máster sobre el problema catalán porque prácticamente todas las preguntas están relacionadas con él. Lo único que leyó en su intervención inicial fue la lista de nombramientos del Ejecutivo. El resto del 'prólogo' -en el que aludió a la necesidad de iniciar una regeneración democrática, expresó la «emoción» que había presidido la reunión previa entre Sánchez y su Gabinete y dio valor a la presencia de once mujeres en el consejo- lo hizo de memoria y con miradas permanentes a las tres zonas de asientos en las que se divide la sala, en un intento de hacer partícipes a todos de sus reflexiones.

Las claves

Primeras palabras
Sólo leyó la lista de nombramientos. El resto de su intervención lo hizo de memoria
Demasiada duración
El secretario de Estado de Comunicación se acercó a ella para susurrarle que no aceptara más preguntas

Consciente de que sería en el turno de preguntas donde surgirían los asuntos más comprometidos, aprovechó su potestad de conceder el turno de palabra para relajar un tanto el ambiente: «Vamos a empezar por la izquierda», dijo con una sonrisa cómplice. Se elevaron decenas de manos para intervenir y la portavoz cometió la 'novatada' de intentar satisfacer a todas. De hecho, siguió un orden exhaustivo de izquierda a derecha de la sala hasta que, transcurridos treinta minutos, el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, abandonó la primera fila, se acercó a ella y le susurró al oído que no había tiempo para atender a todos. «Me dicen mis colaboradores que si sigo así vamos a estar aquí hasta las cuatro. Prometo que el próximo día daré primero la palabra a quienes hoy no hayan podido hacer uso de ella», dijo Celaá, quien previamente había pedido a los periodistas que se identificaran al plantear sus cuestiones.

«Qué descanso»

La debutante tuvo lapsus. Varias veces le falló el subconsciente tras su paso hace algunos años por el Ejecutivo vasco y aludió al Consejo de Gobierno y no al Consejo de Ministros en sus respuestas. Tuvo otro pequeño accidente al llamar ministro al president Quim Torra, sin duda el nombre más pronunciado en la sala de prensa, aunque rectificó con rapidez. Lo que sin duda le resultó más complicado fue abordar la crisis en Cataluña, ya que mezcló dos asuntos independientes entre sí como la suspensión del artículo 155 de la Constitución y la decisión de dejar de controlar las cuentas de la Generalitat. La portavoz trató de ceñirse en todo momento al guión de lo debatido en el Consejo de Ministros y evitó hacer futurología para no meterse en jardines de los que no poder salir airosa. «Me podría ver en un aprieto si hablo de cosas que no han sido tratadas en el Consejo de Gobierno de esta mañana (por el de ayer)», reconoció.

Así que a la ministra se le relajó el semblante cuando le preguntaron por las líneas maestras de la Formación Profesional, una etapa educativa que conoce en profundidad. «Es un refresco que me hable usted de mi cartera, qué descanso», confesó poco antes de dar por finalizada su comparecencia con otro mensaje: «Han sido ustedes tremendamente comprensivos. Nos volveremos a ver pronto». En cuanto su micrófono fue desactivado, decenas de periodistas se arremolinaron junto a su mesa para que matizara o se extendiera en algunas de las explicaciones que había ofrecido antes.

Celaá, ya de pie, hizo ciertas puntualizaciones y, a instancias de sus colaboradores, enfiló lentamente hacia la salida a través del pequeño pasillo humano que logró hacerle el personal de La Moncloa. Poco antes había dicho que entendía que a este Gobierno no se le podían conceder cien días, «pero al menos sí una semana». El próximo viernes vuelve a haber clase.

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