Entre la confusión y la incertidumbre

Desde los parámetros de la unilateralidad es una incongruencia concurrir al 21-D cuando se ha proclamado ya la república

Xabier Gurrutxaga
XABIER GURRUTXAGA

Tras la aprobación por el Senado de las medidas del artículo 155, el independentismo quedó paralizado, sin capacidad de respuesta para hacer valer por la vía del control del territorio y de los centros de poder la efectividad de la declaración de independencia.

Se puso de manifiesto que el ‘procés’ solo era una hoja de ruta válida hasta el día de la proclamación, pero a partir de ahí carecía de eficacia para convertir en realidad social, política y jurídica lo que solo era un pronunciamiento formal. El soberanismo quedó grogui. Se rechazó la activación del 155, pero desde el día siguiente se dio un acatamiento de facto de esta situación especial, con la singularidad que representa la actitud ‘rebelde’ de Puigdemont, que se reivindica como president legítimo y al mismo tiempo se postula como candidato a encabezar una lista unitaria, en unas elecciones convocadas por el ‘usurpador’ de su cargo.

Desde los parámetros de la unilateralidad representa una incongruencia concurrir a estos comicios, cuando días antes se había proclamado la república catalana, expresión de la ruptura con la legalidad española.

¿No habría sido más coherente y menos lesivo favorecer y no impedir que Puigdemont convocara estas elecciones en lugar de Rajoy, investido president por obra y gracia del 155?

Parece claro que el ‘procés’ ha llegado a su fin. Hasta en el mejor de los escenarios posibles, mayoría absoluta de votos y escaños, el independentismo tendrá que revisar su estrategia basada en la ruptura unilateral y optar por otra que le permita ensanchar sus alianzas con nuevos sectores sociales y políticos en torno a un referéndum pactado que le permita obtener apoyo eficaz en el ámbito internacional.

Pero me temo que ese independentismo hoy no está en condiciones para realizar un análisis serio y responsable de por qué está suspendida de facto la DUI y en vigor el 155. Hoy el independentismo se mueve en el terreno de la confusión, la división y la incertidumbre. La pluralidad interna que hasta ahora se había proyectado como un valor añadido, hoy empieza a ser reflejo y expresión de los intereses partidarios, que se disputan mutuamente caladeros importantes de votos.

El independentismo tendrá que revisar su estrategia y buscar un referéndum pactado

Hoy por hoy, hasta que se aclaren algunas incógnitas la noche del 21 de diciembre, las formaciones soberanistas no están en condiciones de adelantar cuál va a ser su estrategia tras la proclamación de los resultados. Actualmente el elemento que más y mejor cohesiona al soberanismo es el rechazo a las medidas judiciales de orden penal acordadas contra dirigentes institucionales y sociales del independentismo, que se interiorizan por esos ciudadanos como medidas represivas contra actuaciones que tienen su causa y justificación estrictamente en el mundo de la confrontación política.

Cuando la presidenta del Parlament y otros miembros de la Mesa, al parecer, declararon ayer en el Supremo que acatan el 155 y que la DUI era un acto más simbólico que jurídico, no hacen más que adaptarse a la nueva situación, al igual que las formaciones independentistas, para una mejor defensa de sus intereses como personas investigadas. Unas declaraciones que generarán confusión y hasta rechazo, pero que a la postre tienen coherencia, aunque sea sobrevenida, con lo que los independentistas realmente hacen tras la intervención de Rajoy. Este es el poso de confusión e incertidumbre.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos