Tai chi para esperar a la Guardia Civil

Los colegios y los institutos se convierten en una fiesta con la incógnita de cuándo entrará en marcha la maquinaria del 1-O

Los Mossos acceden a Escola Auró para levantar acta de las actividades que realizan los colegios./EFE
Los Mossos acceden a Escola Auró para levantar acta de las actividades que realizan los colegios. / EFE
RAMÓN GORRIARÁN / ÓSCAR BELTRÁN DE OTÁLORA

Tanto en la escuela Auró como en el instituto Maragall, en pleno centro de Barcelona, tienen la convicción de que mañana «vendrán los guardias civiles» a cerrarles las instalaciones. De momento, entre 20 y 30 padres de alumnos, profesores y vecinos han pasado la noche en sacos de dormir extendidos en los gimnasios de ambos centros, los niños se incorporaron por la mañana. Desde el viernes por la tarde hasta esta mañana, cuenta Gemma, de 43 años, los Mossos han pasado «tres o cuatro veces» por la escuela «para comprobar que no hacíamos ninguna actividad relacionada con el referéndum». También visitaron tres veces el instituto para informar de que el domingo a las seis de la mañana debe estar vacío. «Pero no nos iremos», apostilla Guille, un vecino del barrio de 37 años.

A las puertas del Maragall, en la calle Provença de Barcelona, han instalado un tenderete con café, ensaimadas y bollería traída por «gente del barrio» para que los encerrados y los que pasen por allí desayunen. Dentro, los niños (una docena) tienen actividad de juegos de mesa, y por la tarde, torneos de fútbol y baloncesto. Más organizadas están las actividades en la escuela Auró, en la calle Mallorca, donde hasta han imprimido unas hojas con el programa. Talleres de «taitxí», de confección de camisetas, de coreografía, además de los partidos de fútbol y basket, que no podían faltar, junto a cenas de «hermandad» y comidas de «fiambreras». Y antes de dormir, cinefórum.

Pero junto a las actividades lúdicas está la preocupación por el domingo. Cuentan que esta madrugada van a hacer un pasillo desde la calle para permitir la entrada del material de votación y las urnas. «A los Mossos no les tenemos miedo, son gente razonable», apuntan en el instituto Maragall. Pero Guille levanta los hombros ante la pregunta de si van a obedecer la orden de despejar el centro a las seis de la mañana del domingo. No parece que vaya a ser así. «No nos vamos», dice en voz baja.

Actividades en la escuela Auró y en en el instituto Ernst Lluch. Abajo a la derecha posa Renán Alonso, de 93 años.

Gemma señala que «de ninguna manera» van a irse de la escuela Auró, aunque «tenemos el dato de que al mediodía vendrá la Guardia Civil». ¿La fuente informante? Las redes sociales y los chats de WhatsApp. «Vamos a votar», insiste esta madre de un alumno.

El ambiente es muy distinto en el instituto Ernst Lluch, junto a los jardines de Joan Miró. En ese centro de estudios 50 adolescentes y media docena de padres han pasado la noche de guardia. «Pero muy cívicamente y sin ruido, no queríamos que ningún vecino facha nos denunciase por molestarles», asegura Marga Aguilar, que ejerce de portavoz de los «ocupas». En este instituto del centro de la ciudad condal reciben con salvas de aplausos a los vecinos que traen fruta y bebida. En el patio, los adolescentes bailan canciones infantiles e intentar jugar un partido de fútbol. «¿Qué pasará mañana? Yo espero que quien tiene que defender mis derechos lo haga y votar es un derecho», afirma Marga Aguilar. Por la madrugada han recibido la visita de los Mossos para comprobar que no había material electoral pero también de miembros de la Asamblea Nacional Catalana. «Esto no es una fiesta, es una reivindicación. Lo mejor empezará el 1-O», dice.

Pero en el instituto Ernst Lluch el protagonista es Renán Alonso, de 93 años y republicano confeso. «Aquí se va a declarar la República», declara. «El mejor momento de mi vida fue cuando se declaró la Segunda República y cuando votemos el domingo creo que volveré a sentir lo mismo». Se ha atrincherado en el colegio, en el que estudian 800 niños, junto a su nieta Esther. «Todos somos republicanos en la familia y clara que votaremos», señala mientras su descendiente le abraza.

La consigna, en cualquier caso, es no rendirse ante al cita del referéndum de Cataluña. En la escuela Casas, en el barrio del Clot, Marc, uno de los responsables del comité organizador del encierro, tiene claro lo que van a hacer si se llevan la urna: «Pondremos otra para que la gente vote, y si también se la llevan, pondremos otra, y así sucesivamente».

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