claridad necesaria

El PNV debiera dejar de una vez de jugar con todas las barajas en materia de autogobierno. No es serio ni responsable

Los burukides Ortuzar y Atutxa con Aburto y sus concejales en Bilbao./EFE
Los burukides Ortuzar y Atutxa con Aburto y sus concejales en Bilbao. / EFE
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

El éxito de la cadena humana por el derecho a decidir que el domingo enlazó las tres capitales de la comunidad autónoma, con final ante la sede del Parlamento de Vitoria, permitió a Gure Esku Dago (GED) -una especie de versión vasca de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) promovida en su momento desde ámbitos próximos a la izquierda abertzale- apuntarse otro evidente tanto organizativo.

Tampoco cabía esperar otra cosa. EH Bildu volvió a volcarse con la convocatoria. Podemos dio libertad de asistencia a sus bases. Y el PNV decidió esta vez respaldar la cadeneta con todo su arsenal políticopersonal, excepto el lehendakari Iñigo Urkullu. Desde el presidente del EBB a los de las territoriales, pasando por los diputados generales, los tres alcaldes y hasta la presidenta del Legislativo autónomo. Con tales mimbres como para no hacer un buen cesto. En cualquier caso un cesto muy pequeño si comparamos los asistentes con la población vasca.

Pero tras los ardores patrióticos dominicales, del todo legítimos y democráticos, llegó el lunes. El polo y las zapatillas dejaron paso al traje, la corbata y los zapatos. Y el PNV, a través del portavoz gubernamental, Josu Erkoreka, hizo lo de tantas otras veces: restar trascendencia a la cadena humana. Un acto 'simbólico', en palabras del consejero, quien a la hora de destacar algo más se quedó con el hecho, igualmente obvio, de que acabó ante la sede de la institución que acoge a los representantes de los vascos, como si le pasara 'el testigo' de la reivindicación.

No hace falta convocar movilizaciones así para poner en valor lo que es el Parlamento. Hombre, puestos a elegir, mejor hacerlo que aplaudir vías unilaterales al margen de la ley como la catalana, como esa izquierda abertzale que el domingo marchó junto al PNV.

Ya va siendo hora de que los jeltzales, como primer partido vasco que son, dejen de una vez de jugar con todas las barajas y resuelvan el dilema: ¿van a ir a una actualización del autogobierno con el derecho a decidir por bandera y EH Bildu como aliado? ¿O, por el contrario, van a buscar más competencias con socios transversales como los socialistas y Podemos?

Sabin Etxea conoce que sólo dos de cada diez vascos está por la independencia. Y que tres de cada cuatro se declaran encantados con nuestro actual nivel de autogobierno, posiblemente sin parangón en Europa. Con tal escenario, ¿van a elegir la vía uno, que conduce a la frustración de la nada, o la segunda, aunque no colme las aspiraciones de un abertzale?

Es legítimo pelear por cada voto aquí y allá. Disputárselos a independentistas, a autonomistas y a no nacionalistas. A conservadores, liberales y socialdemócratas. Pero la seriedad obliga a retratarse, a no confundir al electorado.

El PNV siempre ha tenido claro que no quiere que GED sea una ANC 2 y que se repita aquí el incendio catalán, donde los partidos se han visto desbordados por la calle. Posiblemente por esa razón no se ha volcado, por ejemplo, con los referendos que se han celebrado en diversas localidades de Euskadi y Navarra con una participación que raramente ha excedido el nivel de apoyo de la izquierda abertzale.

Si eso sigue siendo así, los peneuvistas deben dejarse de almas y otras zarandajas, y mostrar sus cartas con claridad, las que sean. El electorado dirá luego si está o no de acuerdo cuando sea llamado a las urnas.

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