Cisma en el independentismo

Puigdemont y los suyos se lanzan contra Esquerra en su objetivo por hacerse con el control de todo el independentismo

Eduard Pujol, de Junts per Catalunya./AFP
Eduard Pujol, de Junts per Catalunya. / AFP
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Parecía cuestión de horas más que de días y ayer se confirmaron los pronósticos. La unidad de acción que, a trancas y barrancas, habían logrado mantener los dos principales actores del movimiento independentista -Junts per Cataluña (JxCat), la coalición de Puigdemont, y Esquerra Republicana- empieza a ser pasado.

Suenan tambores de guerra en el soberanismo a orillas del Mediterráneo. ¿El desencadenante final? La decisión del nuevo presidente del Parlament, el republicano Roger Torrent, de aplazar, que no suspender, el pleno de investidura del último inquilino del Palau, previsto para las tres de la tarde de ayer, tras el aviso del Constitucional de que Puigdemont solo puede ser reelegido si regresa a España -lo que le costaría la detención inmediata- y acude en persona a la Cámara provisto de un permiso del juez.

Torrent se encontraba entre la espada y la pared. O desobedecía al tribunal de garantías y afrontaba las consecuencias legales, como le ocurrió a su predecesora, Carme Forcadell. O ignoraba las exigencias de neoconvergentes y anticapitalistas de ir al choque, paralizaba el pleno y alegaba contra la cautelar del TC. Optó, como se esperaba, por la segunda opción.

ERC comprueba que intentar 'aparcar' a Puigdemont puede tener un alto precio

Les explicaba ayer el triple objetivo de Puigdemont en su, de momento, nada alocada huida hacia adelante. Hacerse con el control absoluto de la antigua Convergència, aspiración ya conseguida. Desgastar a las instituciones del Estado, llevándoles a entrar en contradicciones y a forzar las costuras de la ley, y es evidente que algo está consiguiendo gracias a la deficiente estrategia del Gobierno Rajoy, diseñada por la vicepresidenta Saénz de Santamaría y su equipo de abogados del Estado. Y tercero, ir quemando políticamente a ERC para intentar unificar bajo su liderazgo al secesionismo.

El republicano Torrent ganó ayer tiempo. Pero, a cambio, facilitó el argumento que esperaban Puigdemont y los suyos para abrir las hostilidades abiertamente contra ERC, con la inestimable ayuda de la CUP.

Tanto JxCat como los cuperos rechazaron la decisión «unilateral» de Torrent, le exigieron que la reconsidere y que autorice de inmediato la investidura del expresident bien por el procedimiento telemático o permitiéndole que otro diputado lea su discurso y vote. Sin éxito.

La protesta en la calle de cientos de soberanistas, movilizados por la ANC, que rompieron el cordón policial y se situaron ante el Parlament para exigir la investidura de Puigdemont pese a quien pese, dejó claro a ERC -cuyo líder, Oriol Junqueras, sigue en la cárcel y la 'número dos', Marta Rovira, semidesaparecida- que va a tener que hilar muy fino para lograr que el expresident se haga a un lado y que Cataluña tenga al fin un Govern estable, sin dejarse demasiados pelos en la gatera.

El aplazamiento del pleno de investidura deja la incógnita de si han comenzado o no a correr los plazos para tener un nuevo Ejecutivo o repetir elecciones. Lo único evidente es que, mientras, la autonomía seguirá intervenida y Rajoy, al mando desde su residencia del palacio de La Moncloa.

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