El caudillo Puigdemont

El expresident tiene maniatado al PNV, cautivo a Rajoy y maniobra para pasar a ser el único líder del independentismo

El caudillo Puigdemont
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

El Gobierno de Mariano Rajoy no tira la toalla. No antes de tiempo. Sabe que su única opción de sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado para 2018 es conseguir el 'sí' del PNV y se esfuerza en cortejar a los jeltzales. A su estilo, claro.

El lehendakari Urkullu dirigió el viernes una carta al presidente español para pedirle una reunión en la que abordar cómo y cuándo completar de una vez el Estatuto de Gernika. El lunes la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría telefoneaba al consejero Josu Erkoreka para asegurarle que el Gobierno central tiene el propósito de transferir a Euskadi... dos pequeñas líneas de ferrocarril que discurren íntegramente por la comunidad autónoma.

¿El enésimo cuponazo para los vascos, que diría Albert Rivera, con independencia de que sea o no cierto? Pues no. El Tribunal Constitucional determinó hace ya más de año y medio que corresponde a Euskadi gestionar esas líneas. El Ejecutivo del PP parece que había 'olvidado' el mandato y que ahora, con las urgencias presupuestarias, ha recobrado la memoria. Todo tan poco ejemplar como viene siendo usual.

Importa poco. Y es que el PNV, Rajoy y las Cuentas del Estado para este año se encuentran en manos de Carles Puigdemont. ¡Quién le iba a decir a su predecesor, al expresident Artur Mas, que aquel comodín temporal que eligió le iba a salir tan avispado y ambicioso!

Todo sigue en el aire. De momento, el PNV no ha roto su palabra de no negociar el Presupuesto con el PP -aunque arde en deseos de hacerlo a pesar de todas las corruptelas y las chapuzas que sigue acumulando el partido en el poder- mientras se mantenga la suspensión de la autonomía catalana. Y Rajoy no puede hacerlo en tanto los soberanistas no nombren un president sin problemas legales, aunque ello suponga que no habrá Cuentas y que podríamos ir a unas elecciones anticipadas cuando las encuestas sitúan a Ciudadanos -la gran 'bicha' de los jeltzales- claramente al alza.

Intentar escudriñar qué se cuece en las varias salas de máquinas del secesionismo catalán es hace tiempo una profesión de alto riesgo. Y es que lo que en este instante puede parecer una certeza se convierte en algo descartado en cuestión de minutos.

Asumiendo tamaño riesgo, los 'catalanólogos' se muestran persuadidos a día de hoy de que Puigdemont no busca que Cataluña tenga Govern y se levante el 155, sino que se repitan las elecciones el 15 de julio. Justo lo contrario que sus socios de ERC y el que aún es su partido, los neoconvergentes del PDeCAT.

El expresident, cuentan desde Barcelona, se ha percatado de que ERC está descabezada y de que los herederos de Convergència no están en condiciones de discutirle nada. ¿Por qué no arriesgarse a ir a otras elecciones al frente de una lista, que bien podría llamarse 'Movimiento 1 de octubre', que concentre casi todo el voto 'indepe', en busca de una mayoría en votos y escaños?

Con esta opción en el horizonte, el PNV debe decidir si sigue a la espera o se lanza a pactar con Rajoy. Ya sabemos que los chanchullos del PP no le importan nada.

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