La carta de la víctima: «Ministro, no nos falle»

JOSÉ MIGUEL CEDILLO GARCÍA

Apreciado juez, esperanzador ministro de Interior: forma parte de las incorporaciones en un nuevo Gobierno que trae viento fresco a España. Tendrá muy poco tiempo antes de que empiecen a pedirle logros como si llevara toda la vida en el cargo. No se arrugue. Quienes lo hagan sólo pretenden tapar con gritos el murmullo creciente de la gente que les recuerda lo mucho que pudieron hacer y no hicieron. Mi voz forma parte de ese murmullo. Como huérfano de ETA desde que a los tres años asesinaron a tiros a mi padre, el policía nacional Antonio Cedillo Toscano en la localidad de Rentería, no le voy a pedir lo imposible.

No le pido la venganza que durante tantos años vi como única salida porque he entendido que mi padre no querría eso para sus nietos, a los que nunca conocerá.

No le pido que persiga a los malos porque ha demostrado que sabe hacerlo con valentía a riesgo de su vida.

No le pido justicia porque la trae en el ADN. El caso de mi padre se dejó prescribir como tantos de los 360 crímenes que están sin esclarecer.

No le pido que tenga más sensibilidad con las víctimas que los anteriores ministros porque, a poco que le guíe su corazón y no el oportunismo, lo hará realmente mejor.

No le puedo pedir que no se acomode al espacio de confort de ver a las víctimas sólo por los ojos de quienes se han burocratizado hasta hacer de esto su modus vivendi, de homenaje en homenaje. Ya lo hicieron otros. Pero al menos sepa que escuchar personalmente a cuantas víctimas de ETA pueda es una opción más para conocer lo que realmente el Estado puede (y debe) hacer por nosotros.

No le voy a pedir que se esfuerce en que la Oficina de Víctimas sea de verdad útil para algo más que para repartir subvenciones, porque estoy convencido de que esto puede conseguirlo sin mucho esfuerzo.

No le puedo pedir que no negocie con los terroristas metidos a parlamentarios ni que no entre al barro del acercamiento de presos porque hacerlo o no es su responsabilidad por el bien de España, el mismo por el que murió mi padre.

Simple y llanamente le pido que no nos falle. Los huérfanos de ETA necesitamos al Estado. Somos el cabo que no puede quedar suelto para que España cierre heridas en paz.

Algunos de los niños a los que ETA le mató a sus padres hoy somos personas con secuelas físicas y psicológicas acreditadas. Sé de lo que hablo porque venciendo al terror me hice psicólogo para entenderme mejor. Merecemos vivir como cualquier joven.

Le prometo que lo intentamos cada día pese a los temores y las dificultades. Lo intentamos pese a que no nos lo ponen fácil cuando perdemos un trabajo o no superamos una entrevista porque no entienden nuestras crisis o ven que podemos ser problemáticos en rendimiento. Esta falta de sensibilidad existe, la sufrimos y es el resultado de todos los que antes de usted lo hicieron fatal.

Cuarenta años después y con ETA disuelta, la lectura miope de la ley no nos reconoce como víctimas de pleno derecho, por lo que sin atender a la realidad de los casos nos dejan fuera de las coberturas que separan una vida digna de otra en la que 'justicia' y 'reparación' son palabras vacías que se pierden en un tuit.

Ministro, no nos falle.

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