Carta de reajuste

El independentismo sopesa moderar ritmos y renunciar a la unilateralidad. ¿Y si el 21-D logra más del 50% de los votos?

Carta de reajuste
AFP
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

El escenario preelectoral catalán se aclara. Tras la decisión del exconseller neoconvergente Santi Vila de hacerse a un lado ante la absoluta polarización política, serán siete las candidaturas con posibilidades de entrar en el próximo Parlament, una más que la pasada legislatura.

En el bloque constitucionalista repetirán los mismos actores. Es decir, Ciudadanos, el PSC y el PP. Eso sí, los socialistas llevarán en sus listas a varios dirigentes democristianos de la desaparecida Unió Democrática, como el exconseller Ramón Espadaler, además de al juez progresista Jiménez Villarejo, que fue candidato de Podemos.

Donde sí hay novedades es en el bloque soberanista. No por los actores sino por cómo concurrirán a las elecciones. Esta vez habrá tres planchas ‘indepes’ en lugar de las dos que hubo en 2015. La ERC de Oriol Junqueras, Junts per Catalunya -denominación que tendrá la plancha del expresident Carles Puigdemont y los neoconvergentes del PDeCAT-, y la CUP, el socio catalán de la izquierda abertzale.

La séptima lista con opciones es la de los comunes de Colau, Podem e Iniciativa. Aún sin nombre definitivo.

Esto supone que tendremos duelo Puigdemont versus Junqueras por el voto de una franja del electorado de entre 1,5 y 2 millones de votantes. Un duelo impensable hace unas semanas porque el expresident había dicho que se retiraría una vez concluida la legislatura.

Este escenario deja sin valor las encuestas que se han publicado. Todas vaticinaban un cómodo triunfo de ERC, claro que sin Puigdemont en el terreno de juego.

President y vicepresident rompieron prácticamente relaciones el 26 de octubre, la maratoniana jornada en la que Puigdemont comunicó a Junqueras su propósito de adelantar las elecciones para evitar la intervención de la autonomía en aplicación del artículo 155 de la Constitución. Al final no hubo marcha atrás, el president Puigdemont rectificó otra vez, al día siguiente hubo DUI, él terminó en el exilio belga y quien fue su ‘número dos’, en la cárcel de Estremeras.

Los papeles podrían invertirse. Desde ERC se reconoce -ayer mismo- que el Govern cesado por Rajoy «no estaba preparado» para desarrollar la República. En privado hay voces que van más allá y añaden que tras el 21-D puede que haya que modular ritmos, renunciar a la unilateralidad y plantearse la escisión a diez, quince o veinte años vista.

Puigdemont, en cambio, se ha mantenido firme en el discurso rupturista. Al menos hasta ayer en que unas declaraciones suyas al rotativo francófono belga ‘Le Soir’, en las que aseguraba que «otra solución que no sea la independencia es posible», sembraron una cierta confusión. Quedó la duda de si Puigdemont hablaba en pasado o si abría esa puerta a futuro.

Vistos los giros, las continuas rectificaciones que ha deparado el conflicto catalán en los últimos meses, la prudencia aconseja no hacer demasiadas cábalas sobre la posible carta de reajuste del independentismo catalán. No al menos hasta que las urnas emitan su veredicto en apenas 37 días.

Todo indicaba que ERC pensaba hacerse con la presidencia de la Generalitat y gobernar con los comunes de Colau, partidarios de un referéndum pero contrarios a la escisión. ¿También si las tres planchas ‘indepes’ suman mayoría absoluta en escaños y más del 50% de los votos?

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