Capbreton: dos jóvenes guardias civiles y un enfermo de odio

Hoy se cumplen diez años desde que ETA asesinó en Francia a los agentes Raúl Centeno y Fernando Trapero, un crimen que cambió la lucha antiterrorista

Raúl Centeno (I) y Fernando Trapero, en una foto privada./DEL LIBRO 'SANGRE, SUDOR Y PAZ'
Raúl Centeno (I) y Fernando Trapero, en una foto privada. / DEL LIBRO 'SANGRE, SUDOR Y PAZ'
ÓSCAR B. DE OTÁLORA

Es imposible saber qué pasa por la mente de un asesino pero en el caso de Mikel Karrera Sarobe, 'Ata', hay indicios de cuáles fueron sus pensamientos el 1 de diciembre de 2007 cuando quitó la vida a sangre fría a los guardias civiles Fernando Trapero y Raúl Centeno en la localidad francesa de Capbretón. «Mató por puro odio», aseguró este verano la jueza antiterrorista francesa Laurence Le Vert. Ese odio ya había sido vislumbrado en otra ocasión. En 2006, cuando llevó a cabo el robo de armas en Vauvert, Karrera apuntó con su pistola a un recién nacido y amenazó con matarlo si su madre -a la que cogió como rehén- no dejaba de gritar.

Hoy se cumple una década del asesinato de los guardia Fernando Trapero y Raúl Centeno, uno de los crímenes que precipitó el fin de la banda y que demostró que la organización estaba ya en manos de unos asesinos sin el más mínimo freno moral. El crimen tuvo lugar en la cafetería Les Ecureils de Capbreton, un establecimiento de comidas rápidas. Los etarras Saioa Sánchez, Mikel Carrera y un etarra sin identificar -se acusó a Asier Bengoa, compañero de Saioa, de ser este activista pero resultó absuelto- entraron a las 8.40 y se sentaron en una mesa. Unos minutos más tarde hicieron lo mismo los guardias Raúl Centeno, de 24 años, y Fernando Trapero, de 23. Ambos iban desarmados.

Un crimen innecesario

Los agentes se encontraban en una misión de control de posibles terroristas en ese área en colaboración con policías galos. Su trabajo iba a empezar en unos minutos y, tras tomarse un café y dos chocolates, salieron del local y se sentaron en su coche a esperar órdenes. Los etarras, que les habían escuchado hablar español, les siguieron. Cometieron un crimen innecesario. Los guardias civiles no les habían visto así que podrían haberse marchado sin problemas. O haber tomado cualquier rumbo de acción. Pero Karrera Sarobe, 'Ata', abrió la puerta del copiloto, les encañonó y, tras comprobar que eran guardias civiles, les disparó a sangre fría. Fernando Trapero resultó herido de máxima gravedad. Raúl Centeno murió allí mismo, al ser rematado por 'Ata.

Trapero fue conducido al hospital Cote de Bayona donde peleó con la muerte durante cuatro días. Su agonía en el hospital coincidió con el fin la fuga de Saioa Sánchez. Cuando ella fue detenida los médicos certificaron la muerte de Trapero. La madre del agente diría más tarde que había esperado a morirse hasta el momento en que sus asesinos habían sido capturados. La familia permitió la donación de órganos del joven guardia y así salvó la vida de siete personas, entre ellas un niño. Los dos agentes recibieron la medalla de oro de la Guardia Civil y se organizaron unos funerales de Estado, a los que asistió el Rey Juan Carlos I.

El asesino de Capbreton, Mikel Carrera. Funeral de Estado por Trapero y Centeno. Cafetería en la que se produjo el asesinato.

La fuga de Sánchez demostró que ETA ya era una sombra decadente. Ella y Asier Bengoa huyeron en coches robados, autobús, taxi e incluso haciendo autostop. La banda carecía ya de las infraestructuras suficientes para ponerse a salvo. Fueron detenidos en Montpellier, tras una huida absurda en la que dejaron cientos de pistas a sus espaldas. Karrera, que disponía de más recursos por ser un miembro de la cúpula, consiguió burlar el cerco policial pero fue detenido en mayo de 2010, tres años después. Para entonces había intervenido también en la muerte del gendarme francés Jean Serge Nerin en París, fallecido en marzo de ese año en un tiroteo con etarras que iban a robar coches. Fue el último crimen de ETA.

«Apenas sabían repetir consignas»

Para entonces ya se sabía que 'Ata' -jefe del aparato logística de la banda- había protagonizado dos golpes de estado dentro de ETA para hacerse con el poder. Su discurso, y el de otros jefes como Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', se basaba en la crítica a los miembros de la cúpula por no matar lo suficiente y por no ser capaces de apretar más a la izquierda abertzale. Eran los duros de los duros y ya no aceptaban una negociación. Un mando de las fuerzas antiterroristas que pudo visitar en los calabozos franceses a jefes etarras cuando eran detenidos recuerda que la generación de Karrera y Txeroki era la de unos dirigentes de la banda «sin la más mínima preparación intelectual». «Apenas sabían repetir consignas», resume. '

El asesinato de Trapero y Centeno sirvió para que Francia se decidiera a luchar todavía con más ahínco contra ETA. Aunque ya existía una colaboración activa, la cooperación se aceleró y se crearon, por ejemplo, equipos conjuntos de policías franceses y españoles para perseguir activamente a los etarras en suelo francés. La implicación gala contra la banda se multiplicó en todos los órdenes. En esa atmósfera, los miembros de la banda eran detenidos en cuanto eran nombrados y la banda apenas tenía ya posibilidades de preparar comandos. ' 'Ata' fue juzgado en 2013 y condenado a cadena perpetua, la pena más alta impuesta a un etarra en Francia. El entró en la sala de vistas gritando 'Gora ETA'. Para entonces la banda había había abandonado la violencia, según había anunciado dos años antes. Ya derrotada, en abril de este año entregó las armas sin contrapartida alguna. Sacrificios como el de Trapero y Centeno ayudaron a este final.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos