La calle, en una montaña rusa

Alrededor de 10.000 manifestantes se concentraron, primero frente a la Generalitat, y luego cerca del Parlament. /AFP
Alrededor de 10.000 manifestantes se concentraron, primero frente a la Generalitat, y luego cerca del Parlament. / AFP

Los mismos manifestantes que llamaban «traidor» a Puigdemont por la mañana, por la tarde lo elevaron a «héroe»

MELCHOR SÁIZ-PARDOENVIADO ESPECIAL. BARCELONA

Lo de ayer en las calles y plazas de Cataluña, y muy particularmente en Barcelona, fue una verdadera montaña rusa de emociones. De la celebración a la rabia. Del llanto a la risa nerviosa. De la congoja al estallido de euforia. Del cielo al infierno. Y vuelta a empezar. Todo improvisado, todo cambiante. Movilizaciones desconvocadas minutos después de ser convocadas a golpe de calentón en Twitter. Manifestaciones que variaron de recorrido mil veces, protestas espontáneas de gran virulencia que desaparecían en cuestión de segundos, amagos de escraches a partidos políticos «tibios» que horas después volvían a ser ‘indepes’ de pata negra...

La calle, tomada ayer por independentistas, latió al ritmo de los vaivenes de Carles Puigdemont. Y se quedó exhausta y sin saber, más allá de que no habrá elecciones, si tenía república o no. Casi doce horas de infarto que dejaron agotados -aunque moderadamente felices- a los cerca de 10.000 manifestantes, muchos de ellos estudiantes, que se convirtieron en la ‘guardia de corp’ de la república, con una protesta espontánea en la Plaza de Sant Jaume, sede de la Generalitat, donde Puigdemont deshojaba la margarita.

El de ayer debía ser un día casi de fiesta, o así al menos lo había programado Universitats per la República, la plataforma que había convocado la segunda jornada de huelgas estudiantiles y la única manifestación prevista en principio. Una suerte de celebración avanzada de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI). Eso sí, con muestras de apoyo a los encarcelados Jordi Sànchez y Jordi Cuixart y contra la aplicación del 155. «El pueblo ha votado. Ahora República», rezaba el lema de la marcha.

«¡Se ha rajado!»

Pero esa manifestación se tornó pronto en una unión de corrillos que no daban crédito a las noticias que llegaban: «¡El presidente se ha rajado! ¡Se lo ha dicho ya a la CUP! ¡No hay DUI y vamos a elecciones!», gritó alguien desde la cabecera de la marcha. Y desde ese momento la manifestación se transformó por completo. Los más decididos se marcharon a hacer un rápido escrache a la sede del PDeCAT, para entonces bien protegida por una decena de furgonetas de Mossos. Los primeros gritos de «¡Traidor!» tronaron.

La calle se caldeó por momentos. Y las redes más. Movilización. ¿Pero dónde? ¿Cuándo? ¿Contra quién? ¿Y es seguro que hay elecciones? Por si acaso, Arran, la organización juvenil independentista más radical, cargaba contra el president y prometía «lucha». Las juventudes de ERC también se declaraban listas para tomar las calles. Era el desconcierto absoluto para algunos, mientras que otros brindaban con cerveza en un bar cercano de Las Ramblas mientras respiraban aliviados ante la perspectiva de unas elecciones.

Pero todo cambió a las cinco de la tarde. Los mismos jóvenes que hasta las 16.55 horas gritaban «traidor» al president, a las 17.15 le tildaban de «héroe por no haber cedido al chantaje del 155 del PP». Otro ‘Día D’, histórico. Todos pendientes de los móviles que transmitían en directo la comparecencia de Carles Puigdemont a solo unos metros de allí, en el interior de la Generalitat. Cuando anunció que no convocaría elecciones, entre todos los gritos se alzó uno. «¡Independencia!».

Luego vinieron las dudas: tampoco había hablado de declarar la república. Los ánimos en la Plaza de Sant Jaume se volvieron a turbar. Cuando quedó más o menos claro que Puigdemont dejaba en manos del Parlament la declaración de la DUI, la reacción fue inmediata. «¡Pues al Parlament entonces, a defender la República catalana allí!», gritaron los estudiantes. Al Parc de la Ciutadella, lo más cerca que se podía estar ayer de la Cámara, a hacer una suerte de botellón reivindicativo con tintes de fiesta anticipada de la república. A las celebraciones-vigilia para que «Puigdemont no se vuelva a arrepentir».

Fotos

Vídeos