La búsqueda

El lehendakari, Iñigo Urkullu, trabajando en su despacho de Lehendakaritza/Igor Aizpuru
El lehendakari, Iñigo Urkullu, trabajando en su despacho de Lehendakaritza / Igor Aizpuru
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

En alguna parte del laberinto nacional estará la salida y por eso hay que seguir indagando. Siempre hay caminos, aunque algunos no lleguen a ninguna parte. España está en una encrucijada, pero no es la primera vez. Por segunda o tercera no tiene precedentes. De todos los modelos que se exhiben en la sastrería política no hay ninguno que les caiga bien. No es justo culpar a los sastres de que a los jorobados no les caían bien los chalecos. España está desajustada, o es más ancha de hombros o le faltan tragaderas para deglutir lo que tiene que tragarse. El principal problema es la financiación territorial, porque en un país tan grande históricamente todo son cuitas más o menos catetas. ¿Cómo se reforma la financiación territorial si el suelo está tan repartido que nadie tiene donde caerse vivo? El concepto de patria depende de los llamados patriotas, que nunca se están quietos, quizás porque sepan, como Pascal, que todos los males provienen de no saber cada uno quedarse en su casa. ¿Creía aquel hospitalario buen hombre que quienes aman mucho a su patria son enemigos de los que aceptan el mundo como eventual residencia de todos?

El lehendakari, Iñigo Urkullu, ha planteado el problema fundamental. ¿Cómo se financian las autonomías cuando no hay dinero? Se habla de riesgo unilateral y de solidaridad, pero cada uno es cada uno y si no acertamos a juntarnos llegamos a no ser nadie. La Moncloa promete que será flexible con los altos cargos que colaboraron con el prófugo Puigdemont. Cree que están al límite de la raya, pero no especifica si dentro o afuera. Es el gran dilema de todas las fronteras. También se puede estar en los dos sitios, a condición de que nadie empuje. Lo arduo es tomar decisiones. Hay que seguir buscándolas, que es más cómodo.

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