Burda campaña

EDITORIAL

Los demagógicos ataques contra el Concierto y el Cupo reflejan la necesidad de hacer pedagogía en el resto de España

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera./EFE
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera. / EFE
EL CORREO

El Concierto Económico y el Cupo son objeto de una campaña de ataques sin precedentes que combina la más burda demagogia, un cúmulo de falsedades y amplias dosis de mala fe cada vez más difíciles de ocultar. Pese a estar sustentada en tan débiles cimientos, la virulenta ofensiva contra el corazón del autogobierno vasco ha empezado a calar en el resto de España, lo que justifica la preocupación que desde hace unos días recorre el cuartel general de los principales partidos e instituciones de Euskadi. El desbocado discurso electoralista de Ciudadanos, trufado del victimismo más ramplón y de simplezas sin soporte alguno, no tendría mayor recorrido si no hubiera encontrado eco en varias comunidades, algunos barones autonómicos del PSOE y del PP y en la izquierda alternativa que representa Compromis. Mariano Rajoy tuvo que salir ayer a la palestra para subrayar algo tan obvio como que el Concierto está plenamente avalado por la Constitución y que «hay que hacer honor» a lo que establecen las leyes. El presidente del Gobierno pronunció esas palabras en el mismo foro de Madrid en el que el líder del PP vasco, Alfonso Alonso, ofreció ante dirigentes de su partido una muestra de la pedagogía que tanto necesita este asunto, aunque solo sea para explicar lo que debería resultar evidente. Que el Concierto es una singularidad, no un privilegio; dos conceptos muy distintos que algunos están empeñados en confundir. Que no se trata de una reivindicación nacionalista, sino de un sistema que ancla sus raíces en la historia (1871), constituye el principal punto de encuentro entre los vascos al margen de cuál sea su ideología y, además, es el engarce fundamental de Euskadi en España. Y que no es ninguna bicoca: el País Vasco paga por los servicios que presta el Estado en su territorio (el Cupo) más de lo que le correspondería por su peso en la economía nacional y su población, y aporta lo que establece la ley en concepto de solidaridad con otras comunidades. Si existen dudas técnicas sobre cómo se calcula el Cupo, aclárense. La máxima transparencia, que siempre es una virtud, resulta una necesidad imperiosa cuando está en cuestión nada menos que la clave de bóveda de la autonomía vasca. Si de lo que se trata, en realidad, es de alentar supuestos agravios comparativos, de fomentar un rancio nacionalismo español para cazar un puñado de votos, se estará cometiendo un grave error y una enorme irresponsabilidad.

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