Brotes verdes en la ponencia

La apuesta por un incremento del autogobierno es la posición mayoritaria en Euskadi

Brotes verdes en la ponencia
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Vuelve la ponencia de Autogobierno a la pista central del Parlamento vasco. Las expectativas políticas y ciudadanas no son altas. En el ambiente todavía pesan más las diferencias que las vías que se pueden estar abriendo para que haya un acuerdo en el que estén todas, o casi todas, las fuerzas políticas. El que las expectativas ciudadanas no sean elevadas y que el debate territorial no esté entre las principales preocupaciones de la sociedad vasca puede ayudar a desdramatizar cualquier cesión que necesariamente tendrán que hacer los partidos para llegar a un acuerdo lo suficientemente amplio para ponerle la etiqueta de trasversal.

Por ahora, la tensión territorial está desactivada en Euskadi. Tan solo el 7,1% de la ciudadanía vasca lo sitúa entre sus principales problemas (barometrosocial.deusto.es). El conflicto catalán no solo no ha contagiado la política vasca, sino que ha potenciado las virtudes de la quietud característica del Gobierno de coalición de Iñigo Urkullu. Con la polarización por los suelos, los guardianes de las esencias tienen más difícil su trabajo de vigilancia del proceso ante posibles traiciones a las posiciones iniciales.

La apuesta por un incremento del autogobierno es la posición mayoritaria en Euskadi. Dentro de los votantes de EH Bildu es unánime esta postura, y entre el electorado de PNV y Elkarrekin Podemos tan solo un 25 % seguiría a gusto con el ‘status quo’ actual. En el PSE y el PP es donde existe más división interna ante una hipotética reforma del Estatuto de Gernika. Prácticamente, hay tantos votantes socialistas que se decantan por un aumento del poder autonómico como los que se contentan con que Euskadi conserve la misma autonomía que tiene en la actualidad. Los populares se dividen entre los que defienden el ‘status quo’ y los que prefieren recentralizar parte del poder autonómico.

El derecho a decidir parece de partida el principal escollo para lograr un nuevo pacto político que incluya a la mayoría de la sociedad, independientemente de su ideología o su posicionamiento en la dimensión nacionalista de la competición política. La mayoría de la ciudadanía vasca simpatiza con la idea de que algún día se pueda celebrar, dentro del marco legal, un referéndum sobre la relación de Euskadi con el Estado español. Pero es un deseo que a día de hoy no tiene intensidad ni urgencia. De hecho, hay muchos más ciudadanos en Euskadi a los que les gustaría decidir sobre los problemas de su ciudad o sobre las políticas económicas, incluidas las reformas fiscales antes que sobre la independencia de Euskadi.

Este contexto despojado de urgencias convierte en valioso el esfuerzo que está haciendo la izquierda abertzale aportando fórmulas «provisionales» de mejora del autogobierno mientras no se den las condiciones que permitan celebrar un referéndum por la independencia. El escenario no polarizado, sin ningún partido en el menú electoral más nacionalista vasco que EH Bildu, incrementa el potencial negociador de la izquierda abertzale y su capacidad para abandonar maximalismos, acercándoles al votante medio vasco en la dimensión territorial.

Desde la campaña electoral de 2016, EH Bildu comenzó a desarrollar una estrategia en la que situó en el centro de sus prioridades las preocupaciones sociales y económicas de la ciudadanía, contando con la credibilidad y confianza que generaban sus nuevas lideresas emergentes. Esta línea le valió acercarse a la posición ideológica del ciudadano medio vasco, abandonando la posición radical que le atribuía la sociedad vasca.

Si estas señales incipientes de moderación en el eje territorial se materializan, aumentarán las probabilidades de éxito de la ponencia de Autogobierno y mejorarán las expectativas electorales de la izquierda abertzale. Porque no hay que dejarse engañar por leyendas urbanas que hablan de pactos inmaculados y desinteresados: los acuerdos tienen que ser buenos para el país y para el rendimiento electoral de los que los suscriben.

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