La brevedad del plazo

Encuentro entre Rivera y Rajoy./EFE
Encuentro entre Rivera y Rajoy. / EFE
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

El acuerdo sobre financiación, después de muchas conversaciones, ha logrado que no se entienda nadie. Al que más le urge es a Rajoy, que quiere acelerarlo todo a condición de no moverse de su sitio. El viejo bipartidismo garantiza, en su opinión, el discutible bienestar social, cuando falta un año y tres meses para las autonómicas. Para mí equivale a la eternidad, donde no hay apresuramientos ni promesas a plazos, porque el tiempo se vuelve plano, según parece. Lo que se pregunta la buena gente de eso que llamamos pueblo, cuando oye hablar de la dualidad, es que si fuese cierto que hay dos Españas no estarían dispuestos a quedarse en la que tenemos. El lema de Rajoy, que es un patriota, es el mismo del himno nacional: despacio y sin letra. El problema es frenar el contenible avance de la formación que preside Albert Rivera, porque la lucha, hoy por hoy, está entablada en el llamado centroderecha, aunque tenga muchas derivaciones. ¿Será verdad que estamos en un cambio de ciclo? Eso sólo puede saberse cuando pasen los años, porque el tiempo «ni se para, ni tropieza».

Los presidentes de las comunidades donde gobierna el PSOE ven muy dificultoso el acuerdo, porque las posiciones son muy distintas entre los siete gobiernos autónomos, pero el legado de Rajoy resiste. Sabe que resistir no es vencer, sino perder más tarde, pero tiene su mérito. Todos los temas son candentes, pero el que echa humo es el de la reforma de RTVE. Con las cosas de jugar no se juega y lo que está en juego es el fútbol en los estadios de la tele, porque somos un país de hinchas sentados y nuestra casa es nuestro castillo. Lástima que Messi no se hubiera dedicado a la política, porque es el único al que no discuten ni siquiera los rivales, que en el fútbol no se llaman enemigos, aunque lo sean de toda la vida.

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