Un bluf llamado Ciudadanos

El 'mastergate' confirma que eso de la regeneración le importa a los de Rivera lo justo. Lo suyo es el poder sin riesgos

Albert Rivera, líder de Ciudadanos./
Albert Rivera, líder de Ciudadanos.
ALBERTO AYALA

Ciudadanos se ha convertido de un tiempo a esta parte para muchos votantes -parece que menos en el País Vasco y la Comunidad Foral de Navarra- en una suerte de esperanza blanca frente a la vieja política que representan PP y PSOE, y al maximalismo de Podemos. Así lo confirman todos los sondeos de intención de voto que se han difundido estos últimos meses, que sitúan a los liberales en condiciones de poder disputar la victoria a los conservadores en unas elecciones generales.

No se trata de ser un aguafiestas por serlo, pero sinceridad obliga. El 'mastergate' protagonizado por Cristina Cifuentes ha servido ya para dos cosas. Para confirmar la amplia nómina de chorizos y tramposos de nivel que acoge el PP en sus filas. Y que eso de la regeneración de la vida pública española es un objetivo prioritario para los de Rivera, sólo según y cómo.

El PP se fue el pasado fin de semana de convención a Sevilla deprimido por el varapalo judicial alemán sobre Puigdemont, con el problema de la todavía presidenta madrileña caliente y en busca de un relanzamiento de cara a futuros compromisos.

Pues bien, tras el cónclave de los aplausos y los abrazos forzados, la pesadumbre por el 'caso Puigdemont' no ha desaparecido. El 'mastergate' sigue ahí. Y lo del relanzamiento, casi mejor si lo dejamos aparcado hasta mejor ocasión ocasión.

Ciudadanos sabe que sus posibilidades de gobernar ESpaña pasan hoy por hoy por seguir desgastando al PP e ir robándole votantes. Toca, pues, hacer la goma.

Acercarse un día a los conservadores, mostrar sentido de Estado y apoyar el proyecto de Presupuestos de Rajoy. Distanciarse al siguientecuando aparecen nuevos casos de corrupción o escándalos como el de Cifuentes. Eso sí, está terminantemente prohibido cargar contra los conservadores y que el beneficiario sea la izquierda.

El 'caso Cifuentes' es la prueba más evidente de ello. Desde que estalló el escándalo, PSOE y Podemos se apresuraron a pedir la salida de la presidenta. Ante su previsible negativa, los primeros presentaron una moción de censura para aupar al cargo al socialista Gabilondo.

Los liberales evitaron al principio pronunciar la palabra dimisión y pidieron una comisión de investigación. El PP decía 'no' por entender que parte de la presunción de culpabilidad de la política madrileña. Así que ayer ya sí C's exigió la salida de Cifuentes y su sustitución por otro político del PP.

Un calco de lo sucedido en Murcia, donde el presidente regional, el popular Pedro Antonio Sánchez, terminó por dimitir acosado por un presunto escándalo de corrupción y fue sustituido por un compañero del PP, Fernando López Miras.

Nada de castigar al PP, sólo a la persona. No vaya a ser que votantes populares que tengan pensado respaldar en próximas citas a C's pudieran enfadarse y regresar a la disciplina de voto conservadora. Regeneración sí, pero hasta cierto punto y según cómo.

De momento, el PP ampara a Cifuentes. Veremos por cuánto tiempo. Y si se mantuviera firme, si Ciudadanos se decidiría a arriesgar o no.

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