El blindaje

Mario Draghi./EFE
Mario Draghi. / EFE
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Entre la alianza y la condena, que suena a título del gran panteísta que fue Claudio Rodríguez, Bruselas impulsa el rescate para evitar que el euro se ahogue en el curso de los acontecimientos. La benemérita tarea de salvar a los náufragos se ha encomendado a los que tienen el agua al cuello, pero lo primero que hay que hacer es salvar el euro. ¿Cómo podremos salir de la ruina si esa adorable moneda no se hubiera metido en ella? En principio fue un trastorno y andando al tiempo, que nunca se está quieto, se ha convertido en una obsesión. La Comisión de Bruselas, que es la patria de todos los exiliados económicos, ha decidido que hay que salvar el euro. Con él hasta la muerte y un paso más. Al principio, únicamente les vino bien a los llamados ‘gorrillas’, duchos en surcar coches ajenos, pero los mecanismos de rescate para gestionar la crisis financiera lo están haciendo imprescindible para todos. Hay que procurar, ahora que el Dios de la lluvia sigue sin hacerle caso a nuestras rogativas, que el euro no salte por los aires y nos moje. Al tenue calor de la recuperación económica, Mario Draghi, que preside el Banco Central Europeo, ha decidido proteger el euro, pase lo que pase. Al parecer, si no se le rescata a él, nos ahogamos todos.

Para que la asfixia se dilate, se ha propuesto un ministro de Economía común. Se trata de igualar a los asimétricos. Todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros, y ahí viene el conflicto. Desde el bíblico camelo de Adán y Eva, los seres humanos siempre han envidiado a sus semejantes. Hay que completar la llamada unión monetaria sin tocar a la que cada uno tiene en su bolsillo. El superministro de Economía tiene una larga labor por delante, pero no debe dar marcha atrás. Hay quienes creen que lo mejor sería que se estuviera quieto.

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