El autogobierno como pacto entre vascos

En la coyuntura actual hay factores que a uno le invitan a ser más pesimista que optimista

El autogobierno como pacto entre vascos
Xabier Gurrutxaga
XABIER GURRUTXAGA

Las formaciones políticas decidieron en su día depositar el debate sobre la actualización del autogobierno en una ponencia parlamentaria, a crear a tal efecto. Tanto los promotores de la idea como el resto de los partidos entendieron que era el foro más adecuado para llevar adelante una reflexión profunda sobre el pasado, presente y futuro de nuestro autogobierno como comunidad autónoma. El lehendakari y su Gobierno aceptaron la propuesta, renunciando así por respeto a los grupos parlamentarios al legítimo liderazgo institucional en una cuestión tan relevante.

La primera ponencia se creó en la legislatura pasada, el 27 de marzo de 2014. Terminó sin ningún resultado. En la presente se volvió a constituir y tras un largo periodo de descanso para permitir a Podemos registrar su documento, desde febrero conocemos los textos entregados. Esta misma semana se ha iniciado el debate en torno al contenido de lo que sería el preámbulo del nuevo Estatuto de Gernika.

Los antecedentes habidos no animan a ser optimistas en cuanto a lo que vaya a resultar de este proceso singular sobre la discusión y aprobación del futuro marco de autogobierno, que sustituya por la vía de la reforma al Estatuto de Autonomía vigente.

En la coyuntura actual hay factores políticos tanto internos como externos que a uno le hacen ser más pesimista que optimista sobre la posibilidad de alcanzar en Euskadi un consenso lo suficientemente sólido, tanto cualitativa como cuantitativamente, sobre una cuestión tan relevante para la cohesión social, la convivencia y el futuro de nuestro pueblo como comunidad política.

Con independencia del análisis pormenorizado de las iniciativas presentadas y de las posibilidades que ofrecen para alcanzar un 'suelo común mínimo', no creo que las formaciones políticas hayan situado el pacto sobre el autogobierno como un objetivo central y prioritario de su agenda para esta legislatura. Tampoco veo que hayan interiorizado la necesidad de flexibilizar posturas en orden a allanar dificultades para facilitar el consenso.

La búsqueda del consenso interno, lo que llamo 'pacto nacional entre vascos', debe ser el objetivo indiscutible en esta materia. El acuerdo no puede consistir en que los vascos unionistas se adhieran al modelo de nación de los vascos nacionalistas, ni tampoco al revés. El pacto, como expresión de un encuentro libre y voluntario, solo tiene sentido si somos capaces de definir cuál es hoy jurídica, política, social, cultural y lingüísticamente la nación vasca posible, como nación compartida y, por consiguiente, nación necesaria para vertebrar nuestra convivencia en paz y libertad. Esto requiere flexibilidad, autolimitación, aceptando que no hay consenso sin renuncias o cesiones mutuas.

A las dificultades endógenas vascas se añaden las que nos vienen del exterior. El PSE y el PP vasco están hoy fuertemente limitados en esta materia por la nueva orientación centralizadora y españolista que se vive en la política española y que tiene su máxima expresión en el respaldo que las encuestas muestran a Ciudadanos. Por otra parte, las formaciones nacionalistas están, cómo no, influenciadas por la situación catalana y el futuro del independentismo en aquella comunidad. Tampoco esto ayuda a que las posiciones más soberanistas en Euskadi terminen por moderar y flexibilizar sus posiciones.

Ojalá esté equivocado y dentro de unos meses los grupos parlamentarios me reprochen mi pesimismo y nos sorprendan con un gran acuerdo, que iguale o supere al alcanzado con el Estatuto de Gernika. Me encantaría.

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