Cuando ETA asesinó en plena Tamborrada

El atentado tuvo lugar en la sociedad Gaztelupe, en el ‘corazón’ de la Parte Vieja donostiarra./FRAILE
El atentado tuvo lugar en la sociedad Gaztelupe, en el ‘corazón’ de la Parte Vieja donostiarra. / FRAILE

Hoy se cumplen 25 años del atentado que acabó con la vida del industrial y exjugador de la Real ‘Tigre’ Santamaría mientras cenaba en una sociedad

A. GONZÁLEZ EGAÑA

ETA asesinó en plena Tamborrada de 1993. El 19 de enero, mientras los tambores comenzaban a sonar en las calles de San Sebastián, un terrorista ataviado con un gorro de cocinero entró, acompañado por otros dos etarras, en la sociedad gastronómica Gaztelupe y disparó un tiro en la nuca al industrial y exjugador de la Real Sociedad José Antonio Santamaría Vaqueriza. Tenía 47 años, estaba casado y era padre de tres hijos. ‘Tigre’, como se le conocía en el mundo futbolístico, celebraba la tradicional cena junto a un centenar de comensales. Esta noche, 25 años después, amigos y compañeros volverán a ocupar la misma mesa donde cayó abatido Santamaría y levantarán las copas en su memoria.

En la sociedad ubicada en la emblématica calle 31 de Agosto, la misma en la que vivía la familia, el exjugador de la Real disfrutaba de la tertulia con sus amigos después de haber cenado un menú de angulas y solomillo. Eran las 23.30 horas cuando entraron en el local tres jóvenes vestidos de blanco y azul, lo que no hizo sospechar a los presentes. Nadie podía esperar un atentado en uno de los templos del donostiarrismo y mucho menos en una fecha tan singular. «La impresión fue tan fuerte que ni siquiera hubo gritos», relató un testigo.

Nadie movió el cuerpo sin vida de Santamaría, que quedó desplomado sobre la mesa. Solo lo taparon con un mantel. Una ambulancia llegó poco después, pero los sanitarios no pudieron más que certificar su muerte. Los efectivos policiales acordonaron las inmediaciones de Gaztelupe y no se permitió salir a nadie hasta pasados 45 minutos.

En el exterior, la fiesta continuaba. El entonces alcalde, el socialista Odón Elorza, no suspendió la Tamborrada, una decisión de la que siempre se ha arrepentido. Hace dos años reconoció, con pesar, que no tuvo «el valor ni las condiciones ni los apoyos para suspenderla cuando hacía media hora habían asesinado a un hombre en la calle contigua a la plaza de la Constitución».

José Antonio Santamaría.
José Antonio Santamaría.

La familia de Santamaría agradeció «mucho» las palabras de Odón Elorza, aunque llegaran «23 años después» del asesinato. «Nunca olvidaré que mientras nuestras vidas se rompían seguían los tambores», confesó a este periódico Nagore, la hija de José Antonio Santamaría. Era la primera vez que la familia hablaba públicamente. Hasta entonces había preferido guardar silencio porque decidieron que ellos solos «debían seguir adelante pese a todo. Había que seguir viviendo pese al dolor», relató Nagore Santamaría.

«La izada más dura»

Elorza repasaba ayer los duros momentos de aquella noche. Estaba ya en el Ayuntamiento dispuesto a salir hacia la plaza de la Constitución cuando le comunicaron que se acababa de producir el atentado contra Santamaría, con quien días antes había compartido los ensayos de la Tamborrada del Atlético San Sebastián, que decidió no salir. Tras hablar con la gente de su partido pensó que había que suspender la fiesta. Lo consultó al resto de grupos municipales «pero nadie estaba por la labor», rememora.

La famila de Santamaría «nunca» olvidará que mientras sus vidas «se rompían» la fiesta seguía

«Yo defendí que no podíamos seguir como si nada pasara, cuando acababan de asesinar a una persona en la calle de al lado. Me cogí mucho cabreo y me hubiera ido a mi casa...». Al final lo único que hizo fue «no bailar» la bandera e izarla «en el último segundo, con harto dolor, porque estaba adoptando una actitud contraria a unos principios fundamentales». «Fue la peor izada de mi vida. La más dura». Elorza no fue siquiera al lugar del atentado. Creyó que se arriesgaba «a más bronca y a poner en riesgo a mis escoltas». «También me arrepentí de eso... Seguramente estando allí hubiera tomado la decisión correcta, con más claridad, y hubiera suspendido la fiesta», evoca.

Juan Antonio Olarra Guridi, autor del disparo, fue condenado en 2007 a 28 años de prisión. Valentín Lasarte fue sentenciado en 1997. El tercer terrorista, José María Igerategi, no llegó a ser condenado al morir en 1994.

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