Argumentos versus sentimientos

Cada día parece más evidente que el resultado de las elecciones catalanas va a depender de más cosas que la política

Miembros de Junts per Catalunya./AFP
Miembros de Junts per Catalunya. / AFP
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

Las elecciones catalanas del 21 de diciembre, primeras que se celebran en España con la autonomía intervenida, con un expresident y cuatro exconsellers huidos, con un exvicepresident, siete exmiembros del Govern y dos líderes sociales -por ahora- en prisión, van a ser un gran duelo entre argumentos y sentimientos.

Dentro de 22 días, la noche electoral, lo primero en lo que nos fijaremos los periodistas es en si el independentismo supera el plebiscito o el constitucionalismo da la sorpresa. En si el ‘bloque’ ganador -esta vez nada sólido ni en un caso ni en otro- logra la mayoría absoluta en votos y escaños, o solo en el Parlament. En si los ‘comunes’ se quedan con la llave que decanta mayorías.

Luego ya sí habrá tiempo para detenerse en si Esquerra se convierte en el tercer partido -tras la desaparecida CiU y el PSC- que gana unas elecciones catalanas. En cuánto aventaja a Junts Per Catalunya, la lista del huido Puigdemont, que ayer sugirió que regresará para tomar posesión de su acta, lo que puede suponer su arresto inmediato.

También en cuál de los partidos constitucionalistas queda primero. Si Ciutadans, como apuntan los sondeos. O el PSC posiblemente más españolista de su historia, tras la progresiva marcha de casi todos sus cuadros catalanistas. Para ello necesitará convencer ¿a 100.000? ¿a 150.000? antiguos votantes moderados de CiU, razón por la que ha incluido en sus listas a exdirigentes de la desaparecida Unió Democrática, de Durán Lleida.

De esas respuestas dependerá el primer Govern de la Cataluña de después del 155. Si el soberanismo sigue unido o toma caminos separados. Si opta o no por la legalidad. Si se abre paso un Ejecutivo transversal. O un improbable gabinete constitucionalista.

También si Puigdemont se convierte en historia. Lo mismo que Junqueras. Si una mujer ocupa por primera vez el Palau. ¿La republicana Marta Rovira? ¿La líder naranja, Inés Arrimadas? O si el gran superviviente, el socialista Miquel Iceta, logra su difícil sueño de poder.

Pero antes de todo eso los catalanes deben votar. Y esta vez, en la reflexión que les llevará a elegir una papeleta, otra o ninguna, influirán más que nunca argumentos, sí, pero también sentimientos.

Ya no son suposiciones. La aventura independentista ha provocado la huida de empresas y un evidente perjuicio económico y de imagen. Se ha demostrado que los líderes soberanistas han improvisado, mentido, o ambas cosas a la vez.

Ha resultado lamentable escuchar a Puigdemont coquetear con el euroescepticismo. Escuchar cómo un día se renunciaba a la unilateralidad y pocas horas después se amenazaba con ella.

Para muchos catalanes es lo de menos. Lo que importa es insistir en el camino hacia la independencia. Que Rajoy haya intervenido la autonomía, se haya disuelto el Govern y encarcelado al grueso de sus exmiembros. O algo menor como que se haya prohibido a los miembros de la mesas electorales portar el 21-D un lazo amarillo para reclamar la libertad de políticos y líderes sociales presos. Todo sirve para alimentar el victimismo.

De todos estos ingredientes y de otros muchos más dependerá el cóctel que se servirá el 21-D. Si resulta sorpresivo o no, agradable o menos, lo veremos a partir de esa noche.

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