21-D | Elecciones en Cataluña

Amores a prueba del 'procés'

La alcaldesa de Calella, Montserrat Candini –en el centro sujetando el cartel–, junto al líder de Òmnium, Jordi Cuixart, en una imagen de archivo. /
La alcaldesa de Calella, Montserrat Candini –en el centro sujetando el cartel–, junto al líder de Òmnium, Jordi Cuixart, en una imagen de archivo.
La campaña desde: El Maresme barcelonés

Algunos pactos municipales entre soberanistas y constitucionalistas han sobrevivido a dos años de polarización al primar el interés local sobre la política nacional

ANDER AZPIROZ

La polarización en Cataluña ha tenido consecuencias profundas en todos los ámbitos sociales y políticos, también en los ayuntamientos. Hasta hace bien poco, CiU podía gobernar con PSC o PP indistintamente, y Esquerra Republicana prefería como socios a los socialistas o Iniciativa. Pero el 'procés' ha trazado una línea divisoria entre independentistas y constitucionalistas. Una política de bloques que alcanzó su máxima expresión tras la declaración de la república y la respuesta inmediata del Gobierno central con la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

En Girona, feudo del PDeCAT y la ciudad donde Carles Puigdemont ejerció de alcalde hasta su salto a la Presidencia de la Generalitat, la antigua Convergència rompió su pacto con el PSC a raíz de la intervención de la Generalitat el 27 de octubre. La última decisión la tomó la alcaldesa, Marta Madrenas. Pero sobre el fondo de la ruptura sobrevoló la presión ejercida por Esquerra y la CUP en toda Cataluña para liquidar cualquier alianza entre independentistas y constitucionalistas. El acuerdo «ha funcionado de manera excelente y se ha desarrollado siempre con una lealtad mutua que agradezco sinceramente», reconoció Madrenas a la hora de anunciar el divorcio con los socialistas. Es decir, los problemas no eran de pareja, eran de familia.

Pero las rupturas no se han producido solo entre independentistas y socialistas. En Barcelona, las bases de los comunes de Ada Colau apoyaron en consulta y con un porcentaje del 54% la expulsión de los miembros del PSC del ejecutivo municipal. Ese 54% que finiquitó la alianza con el PSC fueron 2.059 personas, una cifra ínfima en comparación a los 176.337 votos que la candidatura de Colau contabilizó en las municipales de 2015, en las que se erigió como primera fuerza de Barcelona. Y el caso es que ambas formaciones se cortejan ahora para lo que pueda ocurrir después del 21 de diciembre.

En esta espiral rupturista hay amores a prueba de 'procés'. Uno de ellos anida en Calella. En este municipio barcelonés de El Maresme, donde las fuerzas independentistas suman 13 concejales (8 CiU, 4 ERC, 1 CUP) contra 4 de los constitucionalistas (2 PSC, 1 PP y 1 Iniciativa), gobiernan todavía PDeCAT y socialistas, y lo hacen sin necesidad de «tomar ansiolíticos», explica Josep Torres, tercer teniente de alcalde y uno de los dos ediles del PSC. La alcaldesa, Monsterrat Candini, pudo formar Gobierno con ERC, pero eligió a los socialistas.

La solidez del acuerdo quedó demostrada cuando el PSC se puso del lado de la regidora tras los incidentes de la noche del 1 de octubre ante el hotel en el que se hospedaba un contingente de guardias civiles trasladado para evitar el referéndum ilegal. Pese a ello, también en Calella se ha reclamado poner fin a la coalición entre dos fuerzas a las que divide el 'procés' con la promesa de que los ediles de Esquerra y el de la CUP asegurarían la gobernanza municipal, pero Candini ha resistido con su 'partenaire' socialista. La alcaldesa mantiene que sus compañeros de alianza han condenado el encarcelamiento de 'los jordis' y parte del Govern o las cargas del 1-0.

«Era otra Esquerra»

Torres y el PSC gobernaron en el pasado junto a ERC, «pero era otra Esquerra», dice el teniente de alcalde. El secreto para que el pacto haya sobrevivido hasta ahora ha sido, como en todas las parejas, «dejar las cosas claras» desde el principio. «Se suscribió un acuerdo pensando en Calella y que lo que pudiera venir por la cuestión nacional quedara al margen», explica Torres, aunque a renglón seguido reconoce que lo acontecido estos últimos meses en Cataluña «ha obligado a dialogar», sobre todo a partir del 1 de octubre.

El edil socialista tampoco tiene ningún reparo en alabar en público a la primera edil del PDeCAT, aunque a sus partidos hoy día les separe un abismo ideológico. «Montserrat Candini –reconoce Torres– es una alcaldesa fuerte, potente. Que ha sabido cohesionar».

¿El secreto entonces de esta alianza? «No somos el PSC y el PDeCAT, somos un gobierno que hemos construido entre todos al margen de lo que pensamos cada uno. Y esto facilita que cuando llegan las crisis, el grupo humano sepa dialogar», concluye el concejal socialista de Calella. La cuestión es si la fórmula puede repetirse más allá de esta localidad de El Maresme.

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