Aire fresco, por favor

La pugna entre el PP y C’s puede marcar el fin del filibusterismo parlamentario que venían practicando estos partidos

Aire fresco, por favor
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

En alguna ocasión les he contado que el lehendakari Ardanza solía lamentarse de que casi toda su trayectoria en Ajuria Enea le había tocado gobernar en coalición al haber perdido su partido, el PNV, la mayoría absoluta tras la escisión de la que surgió EA, cuyos restos sirven hoy a EH Bildu para vender una supuesta pluralidad. «Un cocinero, para hacer una buena tortilla, necesita tener a su disposición unos huevos y la sartén. Si ingredientes y utensilio están en distintas manos el resultado final no será tan satisfactorio», sostenía convencido.

En política, efectivamente, mayoría absoluta es sinónimo de estabilidad. Pero en demasiadas ocasiones lo es también, por desgracia, de prepotencia.

No comparto para nada la opinión de quien fue nuestro segundo lehendakari tras la aprobación del Estatuto de Gernika. Y basta con echar un vistazo a nuestro alrededor para entender por qué.

El Partido Popular y el Gobierno Rajoy disfrutaron la pasada legislatura de una amplia mayoría absoluta que, en efecto, aportó estabilidad a la vida política española. Pero los conservadores terminaron cayendo en la displicencia y practicando el filibusterismo en el Congreso. Obstruccionismo parlamentario con el que han continuado en el último año, pese a su minoría, gracias al apoyo de Ciudadanos.

El actual Gobierno vasco, que preside el lehendakari Urkullu, es cosa de dos (de PNV y de PSE) porque los jeltzales no lograron la mayoría absoluta en las urnas. El pacto ha aportado una evidente estabilidad a la vida pública en Euskadi. Pero sus protagonistas no han caído en el despotismo.

Si por algo se caracteriza en este momento la política española es por la creciente soledad del PP. Quien hasta ahora era su socio presupuestario, Ciudadanos, ha optado por soltar amarras tras su brillante, aunque insuficiente, victoria en las autonómicas catalanas del 21 de diciembre y al calor de unas encuestas que le sitúan claramente al alza, con opciones de disputar la victoria a los conservadores si ahora se celebraran generales.

Veremos el grado de desencuentro que alcanza la tormenta entre los dos partidos del centroderecha español. Si los de Rivera llevan su distanciamiento al punto de no aprobar este año los presupuestos a Rajoy, obligándole a prorrogarlos. No parece. Un improbable veto que haría inservible cualquier acuerdo del Gobierno con el PNV.

De momento, la pugna ha tenido un primer efecto, claramente positivo para la política nacional. Siquiera porque ha permitido que entre un buen chorro de aire fresco del todo necesario.

Y es que las derechas se habían dedicado el último año a bloquear hasta ¡40! reformas legales. ¡40! El procedimiento tan legal, como impresentable: usar a la Mesa del Congreso, en la que tienen mayoría, para prorrogar y prorrogar semana tras semana los plazos para presentar enmiendas. Ello ha impedido al resto meter mano a ciertas leyes del PP de la mayoría absoluta, como la Lomce. Y a textos tan autoritarios, tan escorados, como la llamada ‘Ley Mordaza’.

Tras la riña política de las derechas, el Congreso va a poder debatir otra vez. Ya veremos luego el resultado. De momento, respiremos otra vez un poco de aire puro. Por si, como la alegría en la casa del pobre, no dura.

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