Isabel Coixet. Directora

«El aire en Cataluña es irrespirable»

La directora de la película "La Librería", Isabel Coixet, durante la presentación del largometraje que inaugura la 62ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci)./EFE
La directora de la película "La Librería", Isabel Coixet, durante la presentación del largometraje que inaugura la 62ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). / EFE

La directora, que inaugura la Seminci con ‘La librería’, cree que en Cataluña se asiste «al suicidio de una sociedad a cámara lenta»

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUIVALLADOLID

Isabel Coixet (Barcelona, 1960) bromea con la famosa frase de Umbral: «Yo he venido aquí a hablar de mi libro». La directora inaugura la Seminci con ‘La librería’, la historia de una mujer empeñada en inundar de cultura un pueblito inglés en los años 50, en lucha con las fuerzas vivas del lugar. Coixet ha venido a Valladolid a hablar de su película, pero inevitablemente acaba haciéndolo de Cataluña. Su discurso contrario al independentismo la ha convertido, a su pesar, en altavoz de muchos catalanes, tan hartos de Puigdemont como de Rajoy. Ahora tiene que soportar que la griten «fascista» en su barrio de Gràcia.

- ¿Cuál es su librería favorita?

- Una que había debajo de mi casa, Viuda de Roquer, que cerró. La dueña era muy mayor y no podía seguir. Me ofreció hacerme cargo de ella y me pasé una semana pensándolo. Me arrepiento tanto de no haber aceptado... En París me quedo con otra librería, Comme un Roman. Allí siempre encuentro libros que me gustan.

- ¿Los libros nos salvan?

- Los libros salvan, acompañan, son nuestro refugio y nuestro referente. Modulan nuestra manera de sentir y pensar sobre casi todo. No concibo una vida sin libros. Cuando era adolescente la gente me acusaba de refugiarme en los libros para no vivir la realidad. Y yo pensaba que mi realidad era mucho más rica que la suya. Yo he vivido mil vidas gracias a los libros. Desarrollas empatía y te pones en el lugar del otro, algo que es esencial para la convivencia. Hay que vivir incluso cuando las fuerzas vivas dicen que no hay lugar para ti.

-Sus últimas películas la ha rodado en todas las esquinas del mundo, como si esquivara hacerlo en su país.

-Me ofrecen muchas más cosas fuera que en España. ‘Aprendiendo a conducir’ fue una oferta de una productora americana; ‘La librería’ es una novela que leí hace diez años y nunca soñé que la conseguiría llevar al cine. Yo siempre he tenido espíritu aventurero. Los primeros cuentos que leí eran de ciencia-ficción. Ray Bradbury, que aparece citado en la peli, me parece un autor minusvalorado, de una modernidad impresionante. Igual es verdad que me gusta huir, no lo sé, pero no hay un deseo consciente de ello. Es más, ahora estoy escribiendo una serie que transcurre aquí y hay otro proyecto para rodarse en Galicia, que siempre me ha gustado mucho.

- Desde que usted escribió sobre su «visión naif del referendum» han pasado muchas cosas.

- Sí, pero yo sigo pensando lo mismo. Lo naif tiene muy mala fama y al final es lo más humano. La protagonista de mi película también es naif, piensa que no puede ser que la gente sea tan mala. Y resulta que sí.

- ¿Ha vivido usted un proceso parecido al de ella?

- Como decía el personaje del final de ‘Blade Runner’: «yo he visto cosas que vosotros nos creeríais...». A la gente le toca vivir un momento histórico determinado. Si hace cinco años me dices que va a pasar esto aquí... Yo ya veía que no íbamos bien, pero no pensé que todo se iba a radicalizar tanto en nombre de nada. Ya no sé de qué identidad estamos hablando, porque a mí la identidad me da igual.

- ¿Qué se siente?

- Yo me siento catalana, española, europea y de mi barrio. Veo el sitio donde mis padres celebraron su banquete de bodas y me gusta pensar que fui concebida allí. Yo quiero una sociedad que camine hacia la justicia y la equidad. Que no haya miseria y esas cosas esenciales. Hasta ahora los modelos que hemos visto han sido un asco. Hablo de mejorar la vida cotidiana, casi a nivel de barrio. Todo lo demás... En Cataluña la vida cotidiana cada vez es peor, de más mezquindad, ruindad e inquina. Veo de repente un odio furibundo que no sé de dónde viene y me gustaría saberlo. Hay una niebla espesa que no te deja pensar. En Cataluña el aire es irrespirable. La vampirización de lo que ocurre hace que te olvides de dónde estás y de que están pasando cosas realmente horribles. Paseo por la calle, una persona me insulta y en la manzana siguiente otra me abraza. Pero yo doy un paso atrás porque no sé qué va a hacer... Una señora me da las gracias y otra me llama fascista, en esa esquizofrenia vivo.

- ¿Se siente cómoda en el papel que ha asumido involuntariamente de portavoz?

- Me incomoda mucho. Soy la persona menos heróica, menos Juana de Arco del mundo. No tengo ninguna vocación de esto, yo soy la que pone los discos en la fiesta sin que le vean. ¿A quién se le pudo ocurrir que yo iba a ir a manifestaciones? Solo la idea de hablar en público me pone mala. Odio las alfombras rojas, la exposición. Pero me quiero ir a la cama con la conciencia tranquila. Ahora no hay matices, o estás con ellos o con nosotros. No es humano.

- Contó cómo al bajar la basura fue asaltada por tres personas envueltas en la estelada que la llamaron fascista.

- Te hace salir lo peor. Me venía la imagen de Uma Thurman en ‘Kill Bill’ con la katana. Si tuviera un chándal amarillo y supiera manejar la espada como ella... En serio, han matado a 500 en Somalia, se quema Galicia... Pero todo lo ocupa el dinosario del ‘procés’... Estoy tan cansada... Como nunca en mi vida. Es un cansancio moral, de dónde estamos y qué queremos.

- ¿La sociedad catalana ya está fracturada?

- Lleva mucho tiempo pasando ante la desidia total, la ceguera y los errores garrafales del Gobierno central y el huevo de serpiente que plantó el movimiento independentista.

- ¿Y hay mucha gente como usted en Cataluña, en tierra de nadie?

- Mucha. También es verdad que la gente ha hablado tarde y se ha tragado muchas cosas. Ahora se reacciona tarde y mal. Es una sociedad que se suicida y tú lo estás viendo a cámara lenta. Los que tenían que hacer algo no lo hacen. Yo soy de una familia obrera y de izquierdas. He nacido en Barcelona, como mi padre. Mi madre no nació allí pero es más catalana que cualquier catalán. Pero hay algo en la izquierda papanatas, que quiere quedar bien, que me horroriza, que me parece moralmente indigna. Mis tres referentes de izquierdas son Walter Benjamin, Antonio Gramsci y Hannah Arendt, que fueron vilipendiados en su época. Era gente autocrítica. Ahora hay un izquierda que no sé qué tiene en la cabeza. Yo soy licenciada en Historia, me he preocupado de leer y voy a encuentros de periodismo político. Y veo un papanatismo que me deja flipada.

-¿Qué va a pasar?

- No tengo ni idea. Todos estamos en una especie de limbo sin saber muy bien qué hacer, porque no tenemos energía para un plan de vida. Conozco gente con negocios, hoteles, bares... Mi peluquera del barrio me ha dicho que se va a ir a Benidorm: los jubilados, las permanentes... Imagino que si muchos nos vamos habrá gente que estará contenta. Es una satisfacción que no me gustaría darles. Me he ido muchas veces fuera de Cataluña por trabajo y por placer. Procuro centrarme en mi trabajo, porque si no me meto en la cama y no salgo. Muchas mañanas no tengo ganas de salir de casa. Pero no pienso venirme abajo. Yo tengo una brújula moral que me marca lo que debo hacer salga el sol por donde salga. Ni me van a achantar ni voy a dejar de decir lo que pienso. ¿Qué ocurrirá? No tengo ni idea. En política nadie sabe nada. Los del Govern y los de La Moncloa se podían ir a sus casas y que vinieran otros. Toca renovarlo todo, pero renovarlo para bien. ¿Sabes? Los psiquiatras se van a forrar los próximos años en este país.

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