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Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

En la huelga de hoy, convocada por y para mujeres, se han cruzado reivindicaciones, exigencias sectoriales, declaraciones ideológicas y tentaciones partidistas y sindicales de instrumentalizar la causa feminista. Porque este año el 8 de marzo trasciende de la tradicional reivindicación laboral a la denuncia de la discriminación que sigue sufriendo la mujer, en general, a pesar de las diferencias según el lugar del planeta en donde nos ha tocado nacer. Aquí hemos avanzado mucho en los últimos cincuenta años. Las mujeres de las democracias occidentales somos unas privilegiadas en igualdad de derechos y libertades en comparación con otros países de África y Oriente Medio, por ejemplo. Pero queda mucho por hacer.

La jornada no está planteada como una batalla contra los hombres sino contra los privilegios masculinos. Por eso esta huelga debería orientarse como una jornada de conciencia. Para llamar la atención sobre la diferencia que existe entre lo que marcan las leyes y la realidad. Entre la teoría y la práctica. En las desigualdades laborales, en la promoción profesional, en la conciliación familiar, en la lacra de la violencia. Pero sin hacer de la causa feminista un ‘ totum revolutum’.

De todas las declaraciones previas cabe resaltar dos manifiestos . Uno que protesta contra el neoliberalismo salvaje, el cambio climático y la violencia de género a la vez que reclama la soberanía alimentaria de los pueblos y la educación pública y laica. La exigencia de la acogida de todas las personas migrantes y un alegato contra la corrupción. Todo un programa electoral. El otro parte de la base de que las mujeres no son víctimas por definición, se declaran en contra de la guerra de sexos y celebran que en España la gran mayoría de mujeres seamos libres para elegir trabajo (las que lo consigan). El primero, con tintes de cierta imposición y el segundo, con un perfil más autocomplaciente, sintetizan la lista de razones del 8 de marzo.

La agitación previa ha sido de tal intensidad que hasta Rajoy ha tenido que ‘surfear’ entre su actitud inicial -«no nos metamos en eso», respondió a un periodista que le preguntó por la brecha salarial- y la de algunas ministras que se mostraron dispuestas a doblar su jornada, diciendo que no se identifica con la mal llamada ‘huelga a la japonesa’. Está el ambiente vindicativo tan caldeado que el PSOE aprovecha para presentar en el Congreso una proposición de ley de igualdad de trato entre hombres y mujeres. Su iniciativa prevé sanciones a las empresas privadas que no cumplan con los criterios de igualdad y deja en evidencia que la ley de parecido nombre aprobada por el Gobierno de Zapatero les ha parecido tan insuficiente que, once años después, presentan una segunda parte.

Las que somos autónomas, más por obligación que por vocación de emprendedoras, no somos trabajadoras sino empresarias. Lo ha recordado UGT. Si parásemos no estaríamos haciendo una huelga sino un «cierre patronal». Como suena. Eso sí, podemos participar en las manifestaciones. Se agradece, aunque muchas se pensarán hoy cómo visualizar la protesta. Se trata de un toque de atención con fundamento. Pero no formamos un bloque en el que se nos pueda etiquetar. Tenemos una causa común contra la discriminación. Pero lo que debería caracterizar la jornada de hoy es el respeto hacia las que no secunden la protesta . No son ni mejores ni peores que las huelguistas.

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