se admiten devoluciones

En el comercio de la política, donde como todos mienten nadie se engaña, no está mal visto ni mal oído desdecirse de lo que dijeron ayer

MArta Rovira junto a Carles Puigdemont en Bruselas./
MArta Rovira junto a Carles Puigdemont en Bruselas.
MANUEL ALCÁNTARA

En el comercio de la política, donde como todos mienten nadie se engaña, no está mal visto ni mal oído desdecirse de lo que dijeron ayer. No es que los líderes no tengan palabra: es que tienen tantas que se ven obligados a cambiarlas con frecuencia, para que no se apolillen en el guardarropas. El fiscal belga apoya extraditar a Puigdemont por rebelión, sedición, y malversación. La candidata de ERC, Marta Rovira, ha acusado al Gobierno de amenazarnos a todos con una matanza donde no se libran más que algunos de los matarifes. En Moncloa han sentado muy mal esas conjeturas y acusan a la lenguaraz señora de inventar bulos, como si no hubiera bastante con los que circulan. Los comentaristas políticos son unos chismosos que en vez de «instruir deleitando», que decía el viejo eslogan optimista, deconstruyen aburriendo siempre con la misma monserga.

¿Es cierto que la Generalitat destruyó pruebas durante el operativo policial del 20-S? Se habla de «pancatalanismo» y de otras arengas políticas. Los que estamos defendidos por nuestro egoísmo creemos que estas cosas pasan lejos, por muy cortas que sean las distancias españolas. Al éxodo catalán se ha unido el de Baleares, mientras Europa lanza medidas y más medidas para buscar un traje que nos siente bien a todos. Menos mal que nos queda Messi, que es argentino, y Cristiano Ronaldo, que es portugués. Bélgica, por su parte, que nos toca a todos, pretende frenar el ascenso del populismo, mientras Puigdemont, que ha cambiado de peluquero, pero no de manera de pensar, se reúne con sus cuatro exconsejeros que no paran de aconsejarle. Tendrá que comparecer el 4 de diciembre, que está al caer, si no ha caído en manos de la Justicia. Dará tiempo a cambiar las medidas adoptadas por las que se adoptarán. Los 500 millones de habitantes de la Unión Europea seguimos esperando, y no hay muertos en las calles.

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