El acercamiento no es una contrapartida

El Ministerio del Interior ha solicitado que se le remita un censo de presos de ETA que se encuentran en segundo grado y de los que padecen enfermedades graves, con informes individualizados sobre su progresión en los planes de reinserción

El acercamiento no es una contrapartida
Xabier Gurrutxaga
XABIER GURRUTXAGA

Ayer se conoció que el Ministerio del Interior ha solicitado a través de Instituciones Penitenciarias que se le remita un censo de presos de ETA que se encuentran en segundo grado y de los que padecen enfermedades graves, con informes individualizados sobre su progresión en los planes de reinserción. La mayoría de la opinión publicada coincide en que puede ser la antesala de la adopción de medidas que conlleven el acercamiento de algunos presos a centros penitenciarios ubicados en Euskadi y Navarra o en sus proximidades, siempre y cuando algunas asociaciones de víctimas y Ciudadanos no lo hagan imposible.

Hace días el lehendakari Urkullu afirmaba que en las conversaciones mantenidas le veía a Mariano Rajoy «sensible» a posibles cambios en la política sobre presos de ETA. Hace quince días, con motivo de la declaración de disolución de la organización, Urkullu y Barkos, proponían crear un grupo de trabajo con el Ejecutivo central para tratar de política penitenciaria y concretamente sobre la apertura de un proceso de acercamiento de los presos etarras.

Hace precisamente un año escribía en esta misma columna que la dispersión y el alejamiento se encontraban en sus horas finales. Hoy parece que aquella previsión poco a poco puede estar haciendo su camino, pues las razones que se le pueden oponer nada tienen que ver con la ley penitenciaria, ni con la reinserción, ni tampoco con los derechos de las víctimas.

Las razones que se ocultan tras la negativa al acercamiento son, en el caso de algunas víctimas, de orden estrictamente político que v tienen que ver con el 'disgusto' por el modelo de cierre de ETA, vía autodisolución, en lugar de ser por clausura y precinto policial. Su disgusto tiene que ver con su pensamiento político que añoraba, al estilo Mayor Oreja, otro desenlace, donde el cierre policial no se limitara a ETA sino también a la izquierda abertzale como «brazo político» de aquélla. Como el final no se ha dado como se quería, se permiten afirma, a mi juicio con gran irresponsabilidad, que «si bien ETA se ha disuelto, su proyecto político totalitario se está imponiendo tanto en Euskadi como en Cataluña». Esto me parece una barbaridad.

El alejamiento de los presos nunca ha tenido un fundamento legal sólido, localizable en el ámbito del ordenamiento penitenciario. Hace más de veinticinco años se acordó la dispersión, pero lo que realmente se aplicó fue el alejamiento. Se justificó la dispersión en aras a evitar el control de ETA sobre los presos y facilitar la reinserción. Sin embargo, nunca se tuvo el coraje de habilitar programas en serio, con viabilidad real y efectiva, que favoreciesen y acompañasen a los presos que vivían ya la «crisis de la lucha armada» en su itinerario individual de reinserción. Seamos serios y reconozcamos que, en los años difíciles, hace quince o veinte años, quienes desde la cárcel dieron el paso de desengancharse de la violencia, con su examen autocrítico, no lo hicieron porque el Estado les ofrecía una vía segura de reinserción y excarcelación. Lo hicieron pese a la inexistencia de esa «alternativa real», en lucha, primero, consigo mismos y, después, con el entorno hostil donde vivían. El mundo exterior- institucional, político y social- pudo haberles ayudado más para vencer esa lucha intensa entre 'nuevas convicciones democráticas' y 'ambientes coactivos', pero los esfuerzos fueron muy limitados. El camino de la reinserción individual con las incertidumbres que presentaba, se mostraba como alternativa débil frente a la seguridad, ficticia, que para muchos representaba la esperanza colectiva, siempre frustrada, de la negociación con el Estado. Tras el cese de la violencia hace seis años y ahora tras la disolución, se puede decir, más alto y más claro, que el alejamiento de los presos carece de toda justificación legal y a mi juicio representa una vulneración del derecho a la intimidad familiar, como regla directamente derivada del artículo 12 de la Ley Orgánica General Penitenciaria. Ya no hay ETA, ya no existe excusa para el alejamiento. El acercamiento no es un ataque a las víctimas, pues no es una contrapartida por la disolución de la organización terrorista. Así de claro.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos